Tres disparos de arma de fuego no pueden pasar desapercibidos al interior del restaurante Suntory , menos un comensal. Al interior se produce una calma, un silencio, que cualquier ruido extraño rompe con la naturalidad del negocio.

Cualquier ruido extraño, como el de un disparo, claro que rompe con algo: la privacidad que el negocio da a sus clientes.

El Suntory está dividido y los clientes frecuentes, cómo Jesús Hernández Alcocer, abogado que mató a la cantante Yrma Lydia , saben a donde dirigirse, a los privados en donde no hay cámaras.

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Ningún privado del Suntory tiene cámaras

Aventurarse a decir que la Fiscalía General de Justicia (FGJ) tiene las grabaciones del momento exacto en que se accionó el arma de fuego en contra de la cantante, sería irrisorio, porque ningún privado del Suntory tiene cámaras, según contó uno de los clientes.

En su apertura, luego de permanecer asegurado por la autoridad investigadora, la gente arribó como si nada, nadie cuchicheaba, los clientes ingresaban y estrechaban diálogo con sus meseros.

La música suena bajita, el piano es tenue y una vez el músico termina la partitura, sus compañeros de trabajo le dicen, también en voz baja, “maestro” y le aplauden.

La zona de bar, muestra un gran ventanal en donde se ve una fuente japonesa, al fondo algunos espacios con personas, ahí se paran los meseros y señal hacia un lugar vacío, sin clientes, se dicen cosas en voz baja, luego se marchan.

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visitó el restaurante para constatar si las personas ingresaban y halló que la operación no se modificó después del feminicidio, es más, nadie te revisaba a la entrada, así que si uno porta un arma de fuego, nadie lo notaría.

“Después de lo que pasó, hoy abrimos”, dijo un mesero mientras cambiaba de zona la bebida que se había pedido. En la zona de restaurante, uno puede elegir si la zona tradicional o teppanyaki, nadie te habla de los privados, es por eso que los clientes frecuentes únicamente lo saben.

En la estancia de este diario, un sujeto arribó con un arreglo y un gran globo, los meseros lo tomaron y se introdujeron a una especie de cuarto.

El silencio reina en todo el establecimiento, los precios son altos para una comidas comun, y constantemente los trabajadores te observan, detectan a quien no es asiduo al lugar, más si llevas un atuendo poco acorde, jeans, zapatos cereza, una camisa con flores, porque la mayoría entra “formal”, si es que con esa palabra se puede descubrir la vestimenta que usa una persona.

“Visa o American Exprés” , te dicen inmediato quieres pagar tu cuenta, no importa si esta consistió en dos bebidas y una entrada.

Al salir, te siguen observando, un saludo como si estuvieras en Japón te anima a salir sonriendo, ¿o no? Porque si alguien comete un crimen al interior y enfila a la salida -repleta de personas de seguridad- corriendo es perceptible ¿no?

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