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Para comprender mejor la Ley de Redes Digitales (Digital Networks Act – DNA, por sus siglas en inglés), presentada por la Comisión Europea en enero de 2026, resulta indispensable reconocer el camino regulatorio y tecnológico que Europa ha recorrido en la última década.
1. Antecedentes
1.1 El Código Europeo de las Comunicaciones Electrónicas (2018)
Es el antecedente directo de la DNA.
Contexto: Su principal objetivo era fomentar la competencia local para bajar los precios al consumidor.
Limitación: Aunque bajaron los precios, el mercado se fragmentó. En Europa proliferaron cientos de operadores pequeños y medianos que no tenían la capacidad financiera para realizar las inversiones que requiere el desarrollo de 5G y la fibra óptica.
DNA: La DNA pretende corregir el enfoque de "competencia a toda costa" hacia uno de "escala e inversión".
1.2. La Década Digital de Europa (Meta 2030)
Contexto: En 2021, la Comisión Europea estableció la Brújula Digital, definiendo un ambicioso conjunto de objetivos para 2030, como: conectividad de gigabit para todos los hogares de la Unión Europea (UE), cobertura 5G en todas las zonas pobladas, digitalización de los servicios públicos y las PYMES.
Limitación: Los informes de progreso en 2024-2025 mostraron que, al ritmo actual, Europa no alcanzaría los objetivos trazados. Además, se detectó un déficit de inversión de más de 200.000 millones de euros.
1.3 La Consulta Pública sobre el "Fair Share" (2023)
Contexto: En 2023, la Comisión lanzó una consulta sobre si las grandes firmas tecnológicas (Big Tech) debían contribuir a la financiación de las redes.
Resultado: Se generó una división profunda. Las operadoras (Telefónica, Orange, Deutsche Telekom) solicitaban aportaciones de las grandes firmas de tecnología; por su parte, las tecnológicas alegaron que ya habían invertido en centros de datos y cables submarinos.
DNA La DNA pretende encontrar un punto medio a través de "mecanismos de cooperación" en lugar de una tasa directa.
1.4 El Libro Blanco sobre el Futuro de la Infraestructura Digital (2024)
Antecedentes: A principios de 2024, la Comisión Europea publicó un documento estratégico que sentó las bases conceptuales de la DNA, en el cual se formulaba necesidad de articular un mercado único, eliminando las 27 regulaciones.
El documento destacó la importancia de la convergencia entre la nube y la red (Cloud-Network convergence); además, fue incluido el concepto de seguridad económica, priorizando a los proveedores de confianza frente a los de "alto riesgo".
2. Abruptos cambios en el contexto internacional
Además de los mencionados documentos, dos eventos admiten ser considerados como condicionantes directos de la DNA: 1.- La crisis energética en Europa y la invasión de Ucrania, 2.- el formidable despliegue de la inteligencia artificial generativa (IAG).
2.1 La crisis energética en Europa y la invasión de Ucrania
Antecedente: La invasión de Ucrania evidenció la vulnerabilidad de Europa ante la dependencia del gas ruso. No obstante, permitió comprender que la infraestructura digital es tan crítica como la energía.
Resultado: La DNA incorpora una visión de "soberanía estratégica", buscando que las redes europeas no dependan de tecnología o capital de potencias rivales que puedan recurrir a la conectividad como un recurso de presión.
2.2 El formidable despliegue de la IA Generativa (2023-2025)
Antecedentes: El acelerado desarrollo de la IGA exige una capacidad de computación y una velocidad de red que las estructuras de 2018 no habían considerado. La necesidad de procesar datos en tiempo real (Edge Computing) exhibió las insuficiencias del marco legal vigente.
3. La DNA: un cambio de paradigma en la competitividad digital de Europa
3.1 Recuperar el tiempo perdido
La DNA es el resultado de reconocer que Europa tiene grandes problemas en materia de competitividad digital, falta de inversión y una dependencia tecnológica peligrosa.
La DNA admite ser comprendida como la respuesta de la Comisión Europea a las limitaciones de los marcos normativos anteriormente referidos, y a la creciente complejidad del nuevo orden geopolítico.
3.2 La resistencia de las big tech
Las operadoras de telecomunicaciones europeas han señalado que los gigantes tecnológicos —las llamadas Big Tech— son responsables de más del 50 por ciento del tráfico global de datos; sin embargo, esas firmas no contribuyen al mantenimiento de las redes físicas por las que viajan sus bits.
La Ley de Redes Digitales introduce un mecanismo de cooperación que pretende asentar bases de entendimiento y cooperación entre las operadoras y los generadores de contenidos.
Las operadoras necesitan capital para invertir y, por supuesto, los defensores de la Neutralidad de la Red temen el surgimiento de una internet de distintas velocidades, donde solo aquellos que paguen tendrán prioridad en el tráfico.
Resulta indispensable armonizar entre el cuidado de la neutralidad de la red —el dogma sagrado de la internet libre—, y la sostenibilidad financiera de las operadoras de telecomunicaciones. La negociación no será sencilla.
3.3 De 27 mercados a uno
La DNA pretende acabar con la fragmentación del mercado. Es absurdo que en la Unión Europea existan 27 regulaciones distintas para telecomunicaciones.
Mientras en EE. UU. tres grandes compañías cubren un continente, en Europa cerca de cien operadores compiten entre sí, con ganancia muy limitadas.
La ley propone un Pasaporte Único de Operador, permitiendo que una empresa que cumpla los requisitos en un país pueda operar en el resto sin burocracia añadida.
3.4 Dejar atrás la edad del cobre
Mientras Corea del Sur o Estados Unidos han consolidado infraestructuras de fibra óptica y 5G de alta densidad, gran parte del Viejo Continente sigue conectado a través de redes de cobre que datan del siglo pasado.
El mantenimiento de infraestructuras duplicadas (cobre y fibra) supone un lastre económico y ecológico insostenible.
La nueva ley propone un marco de incentivos para que las operadoras aceleren esta transición, con la meta de que en 2030 no quede un solo rincón de la Unión Europea sin cobertura de gigabit.
La DNA establece un mandato claro: el apagón del cobre es indispensable.
3.5 Seguridad y Geopolítica: El factor de "alto riesgo"
En 2026, la ciberseguridad ya no es una importante opción de configuración, es un asunto de seguridad y defensa nacional.
La DNA codifica lo que hasta ahora eran sugerencias: la exclusión total de proveedores considerados de "alto riesgo" de las partes críticas de la red.
Europa ha comprendido que la dependencia de proveedores externos en sectores estratégicos es una debilidad inaceptable. Sin embargo, esta decisión tiene un costo elevado. Sustituir equipos ya instalados y optar por proveedores europeos (como Ericsson o Nokia) supone realizar una inversión considerable.
La Ley de Redes Digitales es, en esencia, la factura que Europa está dispuesta a pagar por su libertad digital.
3.6. La IA y el "Edge Computing"
La IA generativa y los sistemas de conducción autónoma requieren que el procesamiento de datos ocurra lo más cerca posible del usuario (el llamado Edge Computing). Las redes actuales no están diseñadas para este flujo masivo y constante.
La DNA promueve la creación de una infraestructura de computación en la nube integrada en la propia red. Esto significa que la red dejará de ser un "tubo tonto" para convertirse en un sistema inteligente capaz de procesar información en tiempo real.
Si Europa quiere liderar en IA ética y aplicada a la industria, necesita que esta ley funcione. De lo contrario, seguiremos alquilando potencia de cálculo a miles de kilómetros de distancia.
Conclusión: Un cambio de paradigma
La Ley de Redes Digitales no es perfecta. Se enfrenta a críticas de los consumidores que temen incrementos en los precios, de las gigantes tecnológicas renuentes a realizar inversiones, y de quienes temen por la neutralidad.
Estamos ante el fin de la era de la ingenuidad. Europa ha comprendido que la regulación por sí sola no genera prosperidad; la infraestructura sí. La DNA es el cimiento de una Europa que quiere volver a ser relevante en el mapa tecnológico global. Si logramos que estas redes sean tan abiertas como seguras, y tan potentes como accesibles, habremos asegurado el futuro económico del continente para la próxima generación.
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