Durante muchos años, la expansión del internet dependió casi exclusivamente de la infraestructura terrestre. La fibra óptica, considerada el estándar de oro por su velocidad y estabilidad, permitió conectar ciudades enteras, mientras que las redes móviles llevaron el servicio a millones de usuarios. Sin embargo, existe un límite que resulta difícil de superar con facilidad: la geografía.
México posee una de las orografías más complejas de América Latina. Montañas, selvas y desiertos, dificultan el despliegue de infraestructura de telecomunicaciones. Llevar fibra óptica hasta una comunidad aislada puede implicar kilómetros de excavaciones, permisos, ductos y una inversión que difícilmente se recuperará cuando el número de usuarios es reducido.
Como resultado, uno de cada cinco hogares mexicanos aún permanece sin acceso a internet o recibe un servicio deficiente, una brecha que mantiene desconectadas a millones de personas.

En este escenario, hay una tecnología que juega un papel muy importante y que la convierte en una alternativa estratégica para conectar a México: el internet satelital.
“Desplegar infraestructura física en México resulta costoso debido a la geografía del país. En muchos casos, el internet satelital representa la opción más viable para conectar aquellas zonas donde la fibra óptica simplemente no llegará en el corto plazo”, explica Ernesto Piedras, director general de The CIU (The Competitive Intelligence Unit).
Actualmente, orbitan alrededor de la tierra 12 mil 800 satélites de órbita baja, según datos de Radar Orbital, una cifra que se ha multiplicado en los últimos años.
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Empresas como Starlink, OneWeb y más recientemente, Amazon LEO, compiten por construir una red global capaz de ofrecer internet de alta velocidad desde el espacio, transformando el mercado de las telecomunicaciones y lograr conectar a zonas rurales, carreteras, barcos, aviones y regiones enteras donde la infraestructura terrestre sigue sin llegar.
Según HughesNet, el internet satelital es una tecnología que permite acceder a la red mediante señales enviadas desde satélites en órbita: la información viaja entre una terminal en tierra, generalmente una antena parabólica, y un satélite, que a su vez la retransmite hacia estaciones terrestres conectadas a la red global de internet.
A diferencia de la fibra óptica o el cable, este sistema no depende de una infraestructura terrestre extensa, por lo que puede llevar conectividad a comunidades rurales, zonas de difícil acceso o lugares donde el despliegue de redes tradicionales resulta técnica o económicamente inviable.
Durante años, este modelo estuvo dominado por satélites geoestacionarios (GEO, por sus siglas en inglés), colocados a unos 36 mil kilómetros de altura, una distancia que permite cubrir extensas regiones con un solo satélite, pero con un inconveniente importante: mayor latencia, es decir, el tiempo que tarda la información en ir y regresar entre el usuario y el satélite.
Por fortuna, la industria encontró una nueva forma de transmitir esta señal gracias a las constelaciones de satélites de órbita baja (LEO, por sus siglas en inglés). Estas redes utilizan miles de unidades más cercanas (de 160 a 2 mil km sobre la Tierra), lo que reduce de manera considerable la latencia y aumenta la velocidad del servicio. Y es en este tipo de satélites en donde comienza la competencia de mercado.
Hoy el mercado mexicano comienza a dividirse entre operadores tradicionales, como HughesNet y Viasat, que durante años ofrecieron servicios mediante satélites geoestacionarios (GEO), y una nueva generación encabezada por Starlink y el Proyecto Kuiper de Amazon, basada en constelaciones de satélites LEO que reducen la latencia y mejoran la experiencia de navegación.
Esa diferencia explica por qué el mercado del internet satelital vive hoy una de sus etapas de mayor competencia.
Aunque México ha logrado un avance en la conectividad durante la última década, el acceso a internet sigue siendo desigual. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH) 2025, el 78.3% de los hogares en México cuenta con acceso a internet, un hito histórico pues la conectividad se duplicó en el país durante la última década, al pasar de 39.1% en 2015 a 78.3% en 2025.
Además, el 86.1% de la población de seis años o más ya utiliza internet, lo que equivale a 104.9 millones de personas.
Sin embargo, aún hay un 22% de hogares que permanecen desconectados o que cuentan con servicios de baja calidad. Ante este panorama, el Gobierno de México lanzó el Plan Nacional de Conectividad 2026-2030 el cual busca una cobertura cercana al 98% de la población hacia 2030.
Entre sus metas está ampliar la cobertura nacional y conectar todas las telesecundarias y clínicas del IMSS-Bienestar. No obstante, las diferencias territoriales siguen siendo marcadas. Mientras entidades como Ciudad de México, Nuevo León y Baja California registran que alrededor de 9 de cada 10 hogares cuentan con acceso a internet, estados como Chiapas, Oaxaca y Veracruz permanecen por debajo del promedio nacional, según el INEGI.
Es por ello, que el Plan de Conectividad reconoce que la cobertura universal no podrá alcanzarse únicamente con fibra óptica y redes móviles, por lo que plantea una estrategia híbrida que combine infraestructura terrestre y satelital para llegar a comunidades rurales y de difícil acceso.
Actualmente, el país no cuenta con posiciones satelitales LEO, aunque, está llevando a cabo un plan llamado “Programa Espacial Mexicano” que busca poner en órbita un satélite geoestacionario para antes del 2030 con la intención de dar servicios estratégicos al Estado, además de proveer internet a comunidades indígenas y ofrecer servicios críticos de telemedicina.
A esto hay que sumarle que la industria satelital ha sido un boom en México. De acuerdo con datos del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), la industria satelital reportó ventas por mil 288 millones al cierre de 2023, un incremento que fue propiciado por la subsidiaria de la CFE que ha encontrado un aliado en las compañías privadas para llevar servicio de conectividad a zonas remotas.
Actualmente en México operan diversas empresas de la industria satelital que de enero a septiembre de 2023 generaron ingresos por 708 millones 892 mil 483 pesos, de acuerdo con datos del IFT.
Starlink se ha consolidado como uno de los principales protagonistas de la carrera por el internet satelital en México.
“Cuando hablamos de internet satelital hoy, la oferta más viva es hablar de Starlink, porque tiene un modelo de negocios basado en una infraestructura de más de 10 mil 300 satélites activos de órbita baja y que pueden ofrecer el servicio bajo su sistema propietario”, afirma Hugo Simg, director de Ventas Corporativas y Desarrollo de Negocios de MediaTek para América Latina.
Tras obtener en mayo de 2021 el título de concesión para comercializar servicios satelitales en el país, Starlink aceleró su expansión.
Entre abril y junio de 2024 registró ingresos por 638 millones de pesos y cerró ese año con 160 mil 631 suscripciones activas, lo que convirtió a México en su segundo mercado más importante de América Latina, solo por detrás de Brasil.
Su crecimiento no solo ha estado impulsado por el mercado residencial. La empresa fundada por Elon Musk también se convirtió en un aliado estratégico del Gobierno mexicano gracias a su capacidad de llevar conectividad a zonas de difícil acceso.
A través de CFE Telecomunicaciones e Internet para Todos, Starlink obtuvo tres contratos para ampliar la cobertura de internet en comunidades sin acceso a infraestructura terrestre.
Uno de ellos contempla un monto que va de 778 millones 39 mil pesos hasta mil 556 millones de pesos, vigente hasta el 31 de diciembre de 2026.
Pero otras empresas no se quedan atrás en la competencia. Globalsat firmó una alianza con Starlink para ganar dos acuerdos con la estatal CFE TEIT y llevar conectividad a sitios remotos. De igual forma, Stargroup, socio estratégico de Hughesnet firmó contrato con CFE Telecomunicaciones y con el cual se han habilitado 8 mil puntos de acceso wifi en zonas remotas.
La competencia, sin embargo, apenas comienza. Amazon ya inició el despliegue de los primeros satélites de su Proyecto Kuiper y busca posicionarse como el principal rival de Starlink en el mercado de internet satelital. Aunque su llegada comercial a México aún será gradual, los expertos consideran que su entrada ejercerá presión sobre los precios y acelerará la innovación tecnológica.
“Es previsible que, conforme aumente la oferta y el número de competidores, los precios comiencen a bajar hasta cierto punto”, asegura Ernesto Piedras.
El mayor obstáculo para que el internet satelital se convierta en una alternativa masiva en México no es la tecnología, sino el costo. Aunque la cobertura ha mejorado significativamente en los últimos años, contratar este servicio sigue siendo considerablemente más caro para una persona que una conexión terrestre.
“Comercialmente todavía no es una alternativa tan viable porque sigue siendo más costosa, tiene ciertas limitaciones y, en la mayoría de los casos, requiere adquirir una antena cuyo precio continúa siendo elevado”, señala Fernando Esquivel, director Market Research de The CIU.
A junio del 2026, la compañía Starlink ofrece planes residenciales que van desde los mil 50 pesos hasta los mil 350 pesos, con velocidades que están en el rango de 200 Mb/s a 400 Mb/s. Por su parte, Hughsnet apuesta por planes que van desde los 899 pesos al mes hasta los mil 199 pesos, con velocidades de descarga de 25 Mb/s y con 60 y 100 GB, dependiendo del plan. En cuanto a Viasat, ofrece planes desde mil 199 pesos con velocidades de 10 a 50 Mb/s.
A todo esto se le suman algunos otros gastos, como el costo del equipo, la instalación y, en algunos casos, el mantenimiento. En conjunto, estos gastos hacen que el internet satelital resulte significativamente más costoso que contratar un servicio de fibra óptica o internet fijo tradicional.
En el país, el costo promedio del internet por fibra óptica en 2026 oscila entre los 389 y 600 pesos mensuales para planes residenciales básicos de 80 a 200 Megas. Según datos de The CIU, en promedio un mexicano gasta 544 pesos al mes.
Esto significa que contratar un servicio de internet satelital puede representar, al menos, el doble del gasto promedio que hoy realiza un hogar por una conexión fija.
Por ello, los especialistas coinciden en que, más que competir con la fibra óptica en las ciudades, esta tecnología encuentra su mayor valor en zonas donde no existe otra alternativa de conectividad.
"El internet satelital cobra sentido económico cuando beneficia a una comunidad, una empresa o un grupo de usuarios. Al compartir el servicio, el costo se distribuye y el modelo se vuelve mucho más viable", señala Fernando Esquivel.
En el caso de las comunidades rurales de o zonas muy alejadas de los centros urbanos, el especialista considera que el acceso a este tipo de servicios debe impulsarse mediante políticas públicas que reduzcan la carga económica para los usuarios: "Es parte de las políticas públicas que los gobiernos deben tener: permitir ofrecer el servicio, negociar el acceso y facilitar que las comunidades rurales o marginadas del país puedan tener acceso a internet".
Los expertos coinciden en que el internet satelital no está llamado a sustituir a la fibra óptica o a las redes móviles, sino a complementar la infraestructura existente.
Su mayor fortaleza radica en conectar comunidades aisladas, brindar respaldo en situaciones de emergencia, como en el caso de sismos, o mantener conectados a usuarios que se desplazan constantemente por zonas sin cobertura terrestre.
"Va a ser un complemento. Esa es la realidad. Es un complemento, porque los servicios terrestres resultan mucho más veloces y con menor latencia. La comunicación satelital tiene mayores distancias y eso hace más complicado ofrecer la misma experiencia, aunque eso sí, llega a zonas que el internet fijo no llegaría", explica en entrevista Hugo Simg.
Sin embargo, el despliegue de esta tecnología no depende únicamente de los avances espaciales. Su expansión también requiere regulación, inversión y coordinación entre gobiernos y empresas.
"No solamente es poner los satélites allá arriba. No es tan sencillo. El uso del espacio aéreo depende de los gobiernos y el regulador necesita brindar la autorización o la concesión para poder explotar el servicio. Hay una mezcla de retos políticos, tecnológicos y económicos", añade Simg.
La carrera por conectar a México ya no se libra únicamente bajo tierra, con kilómetros de fibra óptica, ni sobre torres de telefonía móvil. También se disputa desde el espacio, donde una nueva generación de satélites promete reducir la brecha digital y acercar la conectividad a los lugares donde durante décadas pareció imposible.
El reto ya no consiste únicamente en llegar más lejos, sino en lograr que esa conexión sea accesible, sostenible y capaz de integrar a millones de personas que aún permanecen fuera del mundo digital.
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