Tenía 22 años cuando ocurrió el primer siniestro, ahora tengo dos nietos.... Caray uno no se imagina que pueda pasar esto nuevamente y mucho menos 32 años después y con tan solo unas horas de diferencia.

Los brazos levantados son más fuertes que las columnas destruidas. El eco de los corazones impulsan una infatigable jornada en donde todos somos uno, rodeados de confianza.