
Durante la construcción del nuevo Teatro Nacional, hoy Palacio de Bellas Artes, se contempló una pérgola donde se pudiesen representar obras al aire libre, además de ser un espacio decorativo. A fines de los años 30, el sitio se utilizó para alojar a la desaparecida Librería de Cristal, considerada por el diario The New York Times como la más extraordinaria del planeta en 1946












