Son, todos los actores del teatro pueblo, una lacra, materia que debe correr por los albañales, miseria que los humanos lanzan a las calles y al espacio público como si fueran diamantes

Los políticos mismos no tendrían que dedicarse de tiempo completo a la política porque nos perjudican, se transforman en monstruos alejados de las poblaciones comunes

Los vagones en sí son ataúdes, carne atada a preguntas que jamás se hicieron, obreros de la ciudad amordazada y medrosa; cadáveres que aplauden un desfile de utopías

La gente sobria regularmente es mala, pasa demasiado tiempo consigo misma, es oscura y perversa, envidia la pasajera felicidad del otro, puesto que prefiere su constante amargura y la acidez del alma

Desde el comienzo de la pandemia escribí en esta columna que la docilidad, amansamiento civil y la ausencia de afirmación individual resultaban más escandalosos que la tragedia sanitaria

Los partidos carecen de ideología, son empresas que andan a la búsqueda de clientes, denigran al árbitro electoral como estrategia para ejercer presión

Hay que decir lo que se nos dé la gana y rezar para que los juicios o acciones que provoquen nuestras expresiones no sean asunto de inquisidores primitivos, sedientos de santidad