Lo de vivir en la austeridad quedó solo en el discurso. Terminó siendo parte de los tratados doctrinales del predicador de Macuspana, cuyos hijos no pudieron cumplir con ese principio. Muchos morenistas no viven en la justa medianía como se les evangelizó. Gustan de los lujos y el despilfarro, en muchos casos con dinero mal habido. Se convirtieron en lo que tanto criticaron.

El discurso de austeridad lo usaron únicamente para generar simpatía entre el pueblo, para obtener su voto. Una vez lo obtuvieron, justifican su forma de vida.

Tener lujos no es un delito, la verdadera falta es que los excesivos gastos no corresponden con sus ingresos. ¿De dónde salen? Tienen acceso al poder y a los recursos públicos y, con ello, se les abrió la puerta para incurrir en actos de corrupción.

Uno de los casos más representativos fue la “Casa Gris”. José Ramón López Beltrán, hijo del entonces presidente López Obrador, vivía en una lujosa casa de Houston, Texas, junto con su esposa. El dueño de la residencia era alto directivo de Baker Hughes, contratista de Pemex. López Obrador intentó justificarlo, aduciendo que se trataba de una renta regular. Siempre negó el evidente conflicto de interés.

Tras este caso vinieron muchos más: los excesivos gastos del otro hijo, Andrés Manuel López Beltrán, en Tokio. Pagó 47 mil pesos en una exclusiva cena y 177 mil pesos en su estancia en la capital japonesa.

Se suma el caso de la gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama y el centenar de viajes que hizo a Vail, Colorado, en aviones privados, cuyas aeronaves eran del proveedor a quien su gobierno le compró un helicóptero tres veces más caro su valor comercial. La presidenta Sheinbaum salió al paso diciendo que la mandataria tendría que explicarlo, pero no instruyó alguna investigación.

Asimismo, hace unos días, la secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez, junto con su pareja, fue exhibida a bordo de un yate. Portaba un anillo de diamantes, valuado en cerca de 900 mil pesos, y un reloj Cartier y otro Rolex, de entre 140 mil y 420 mil pesos. De este caso tampoco se abrió investigación, la titular de Turismo argumentó que su patrimonio fue construido gracias a su actividad profesional previo al ejercicio público.

La lista es larga: Fernández Noroña, Sasil de León, Sergio Gutiérrez Luna y su “dato protegido, entre otros.

Contrario a lo que pregonan, integrantes de la 4T viven en la opulencia sin pudor ni discreción. Como nuevos ricos les gusta exhibir la vida de lujos. No sería cuestionable, si sus privilegios fueran producto de recursos lícitos.

Más allá de la doble moral con que se conducen tienen la obligación de rendir cuentas, pero no hay autoridad que los obligue. En lugar de eso, la presidenta falta a la verdad. Aseguró en su Segundo Informe que su gobierno actúa con honradez y austeridad republicana. Quiere aplicar el efecto de “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Con ello, la primera mandataria se torna cómplice de la corrupción.

No puede hablar de honestidad si es incapaz de exigir una investigación a los suyos.

Comentario final

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