Víctor Antonio Hernández Ojeda
El director de la DEA, Terry Cole, dedicó un momento para echar modestas flores al trabajo de Omar García Harfuch en su conferencia de prensa del pasado 5 de agosto de 2026. Mientras que amigos y adversarios del secretario aprovecharon la ocasión para conmocionarse de las palabras de afecto, me permito nuevamente recordar al público mexicano un episodio de la relación bilateral clave para enmarcar y acotar este acontecimiento en su justa medida.
Un reconocimiento estadounidense puede ser una manzana envenenada. No es en ninguna medida una señal de que todo desencuentro está arreglado. Todo lo contrario, puede ser el augurio de que lo peor está por llegar. Para tal efecto, me permito contar una historia de la cual, hacia el final de la misma, fui testigo directo y puedo relatar de primera mano.
El 20 de septiembre de 2018, a pocos días de terminar su tiempo al mando del Ejército y Fuerza Aérea, el general Salvador Cienfuegos Zepeda recibió en Washington D.C., de manos del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, el ‘premio a la Excelencia en Seguridad y Defensa’. Fue la última visita de Estado del general a territorio a mexicano y cronológicamente es posible (aunque no puedo asegurarlo con certeza dado que Cienfuegos viajó en múltiples ocasiones a los Estados Unidos en su interlocución con el Comando Norte), que esa haya sido la ocasión en que la DEA haya ‘pinchado’ su teléfono y obtenido la evidencia que sugería su contubernio con Juan Francisco Patrón Sánchez, alias el H2, líder de la sucursal del cártel de los Beltrán Leyva en Nayarit.
Personalmente he visto el muro donde otrora colgaba dicho reconocimiento. Y hasta la última vez que tuve ocasión de verlo, podía aún verse la discreta silueta de donde fue retirado el cuadro. Siempre pensé que dada la gravedad del percance se pintaría de inmediato esa sombra, ese incómodo recordatorio del percance. Con años de distancia, he vuelto a ver el muro, y esa sombra sigue ahí. Podría ser un descuido o podría ser un recuerdo deliberado y autoimpuesto.
Moraleja de la historia. Ojalá me equivoque, ojalá las palabras de Terry Cole sean síntoma de la distención de la relación bilateral y la boca se me haga chicharrón. Sólo le recuerdo al pueblo de México y al señor secretario y senador por MORENA que un premio estadounidense puede ser como el caballo de Troya o el ‘beso de la muerte’ de la mafia italiana. Es enteramente posible que una secretaría en concreto lo vea con buenos ojos. Pero el ecosistema de seguridad nacional estadounidense es vasto y diverso. Al designar a los cárteles como organizaciones terroristas, ya no es sólo cancha exclusiva de la DEA la persecución de los cárteles. Se suma Homeland Security, la ATF, el FBI (que siempre han tenido divisiones antinarcóticos), pero más importante, el titán que no da conferencias de prensa y sólo nos enteramos de su opinión cuando algo grave pasa, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Esto ya no es una operación policial, es una operación de guerra.
Director del Instituto Latinoamericano de Estudios Estratégicos
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