En días pasados, el presidente Andrés Manuel López Obrador develó un documento donde presuntamente se encontraba un “plan macabro” acerca de un -golpe blando- de estado en el cual toda la “mafia del poder, desestabilizadores, fifís, conservadores” y demás apelativos que tanto recurre para denostar a la oposición, se unen para derrocarlo. Este “plan” lleva por nombre Bloque Amplio Opositor (BOA) y, como ya es costumbre, no menciona fuentes ni contexto, solo dice lo que quiere que sea escuchado en sus diarios monólogos matutinos, señala la participación de dos expresidentes, cámaras empresariales, 14 gobernadores, 212 legisladores, opinión pública, y casas encuestadoras, en fin, a todo aquél que no esté a favor de su persona.

Como ya lo he mencionado, me parece que, una vez más, es una cortina de humo para desviar la mirada de los grandes fallos que ha tenido en su administración y, particularmente, durante esta pandemia. El presidente comienza la carrera electoral para 2021 de una manera abrupta en medio de esta situación adversa para la mayoría de las y los ciudadanos del país, dejando claro que él solo tiene en mente su interminable campaña electoral, sus proyectos y su agenda, la problemática en inseguridad, en salud, en economía pasan a segundo término para este gobierno.

En lugar de montar cortinas de humo, el gobierno federal debería de estar pensando en la resolución del grave problema que tenemos con la curva de contagios que se viene dando desde hace varios días, con números preocupantes y con previsiones de cifras de contagios y decesos que han fallado en todo momento, el modelo Centinela que no termina por quedar claro, un semáforo epidemiológico que contradice las acciones para reanudar la vida social de las personas, “municipios de la esperanza”, una reactivación económica que hizo a un lado la visión de salud y toda una estrategia hecha -sobre las rodillas-.

En este sentido solo basta hacer un recuento somero de la estrategia del gobierno federal, los pronósticos de López-Gatell contrastandolo con el incremento de contagios, de fallecimientos o de ocupación hospitalaria. Veamos: Un día después de la confirmación del primer caso de contagio por Covid-19 en nuestro país, el 28 de febrero el gobierno federal inicia conferencias de prensa nocturnas, dedicadas a informar sobre la pandemia; el 23 de marzo da inicio de jornada de sana distancia; el 8 de abril se pronosticó un estimado de 26 mil casos con el Modelo Centinela; el 27 de abril se informó a la población que el uso de cubrebocas “tiene una pobre utilidad o una nula utilidad”, creando confusión generalizada; para el 6 de mayo se declaró que la curva se había logrado aplanar, mandando un mensaje de relajar las medidas de cuidados; tan solo hace unos días se modificó el pronóstico a más de 35 fallecimientos por esta causa, sin embargo el Instituto de Métricas y Evaluación de Salud (IHME) de la Universidad de Washington mantiene que en los primeros días de agosto llegarán a casi 52 mil.

Ante esta situación el presidente y la llamada 4T debería encaminar todas la capacidad institucional en atajar estas problemáticas sin precedentes, la de salud y la económica por el bien de la sociedad mexicana. Desde este espacio repito fuerte y claro que los intereses del PRD y personales están enfocados en coadyuvar en una solución y generar respuestas para el bienestar de todas las personas y no en una serie de politiquerías en las que el presidente quiere hacernos parte. Exigimos una estrategia responsable y no más cortinas de humo por parte del gobierno.

Google News