Bajo el encanto del Pabellón de los Sonidos Agradables, el teatro más grande del palacio en la Ciudad Prohibida, Donald Trump acompañado de su esposa Melania disfrutaron de una tarde de ópera acompañados de sus anfitriones, el Presidente de China, Xi Jing Ping y su esposa. Era 2017 y el Presidente Chino no escatimó en darle al presidente de Estados Unidos trato de emperador invitándole allí donde ningún líder extranjero había sido recibido desde la fundación de la República Popular en 1949.
Para un presidente al que le gusta coleccionar halagos, los gestos de aquel frío noviembre no pasaron desapercibidos. Xi sabía, tanto como hoy lo saben otros monarcas en el mundo, el gusto del presidente estadounidense por la parafernalia imperial y con ello compró tiempo, imagen y una deuda de admiración que Pekín habría de aprovechar. De aquella cumbre Trump saldría anunciando acuerdos comerciales por hasta 250 mil millones de dólares en los sectores de agricultura, energía y tecnología.
Un gesto simbólico que entregar domésticamente pero que duraría poco pues muchos de aquellos acuerdos o bien se referían a proyectos que ya estaban andando o bien eran tentativos y nunca terminarían de materializarse.
Nueve años después, Trump regresó a Beijing. Esta vez sin Melania y con una agenda comprimida, sin cenas en palacios de la Dinastía Qing y bajo un contexto geopolítico infinitamente más complicado.
China llegó a esta cumbre con una posición más fuerte, el conflicto en Irán y especialmente, el cierre del Estrecho de Ormuz han reconfigurado las prioridades y necesidades en Washington, pero también en Pekín. Las diferencias en el protocolo, aunque sutiles, mandan un mensaje: esta vez China tiene algunos ases bajo la manga.
En el primer día, la reunión no había producido aún acuerdos formales, sin embargo, Estados Unidos ya habría obtenido los gestos simbólicos que había ido a buscar para su audiencia doméstica: compromisos de compra de soya, energía, aviones Boeing. Todos anunciados por los canales de la Casa Blanca. El tipo de anuncio que permitirá a Trump regresar a casa con triunfos que mostrar sin que se hayan logrado cambios en temas estructurales.
Y mientras esto era anunciado por Washington, Pekín habría puesto el énfasis en Taiwán como una línea roja, lo que en sí mismo no es novedad pero lo llamativo es el contexto en que lo hizo, a través de un comunicado emitido por canales oficiales chinos poco después de la primera reunión de trabajo entre ambos mandatarios. Y en ese sentido, lo que inquieta es la aparente disposición que habría mostrado Washington a abrir la conversación sobre por ejemplo, la venta de armas a Taiwan.
Durante décadas, Estados Unidos sostuvo una “ambigüedad estratégica” en su posición sobre Taiwan, que significaba no apoyar la independencia de Taiwan, pero tampoco oponerse a ella. Esa postura calculada fue el pilar que permitió mantener relaciones con Beijing sin abandonar a Taipei. En este segundo mandato, a diferencia del primero, Trump ha dejado enfriar la relación con Taiwán a un grado que ha encendido las alarmas en la Isla.
El otro eje de tensiones es Irán. Desde hace semanas Washington ha buscado lograr que Pekín ayude a sentar a Teherán en una mesa de negociación y a presionar por mantener abierto el Estrecho de Ormuz. Beijing compra entre el 85 y 90% del petróleo iraní, lo que la convierte en actor simultáneo en los dos lados de la mesa. Ambos presidentes declararon que el Estrecho debe permanecer abierto y libre de cobros de peaje, lo que contradice directamente las aspiraciones de Teherán, pero esa fue solamente una declaración. China sabe que en este tema el tiempo corre a su favor.
La Casa Blanca tiene la presión de las elecciones intermedias en un entorno de incremento de la gasolina y de la inflación que podría revertirse contra los republicanos. ¿Qué tanto estaría dispuesto a dar a cambio un Trump desesperado por ayudar a reabrir Ormuz?
En el frío de noviembre de 2017, Trump recibió una bienvenida “imperial” en la Ciudad Prohibida. La recepción en 2026 fue menos exuberante y más directa. En las próximas horas veremos hasta donde están dispuestos a ceder ambos líderes en sus propios intereses y agendas para avanzar más allá del protocolo y la imagen pública.
X: @solange_
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