Se atribuye a Omar Bradley, quien fue Jefe del Estado Mayor del Ejército de los Estados Unidos en 1948-1949 y un destacado oficial durante la Segunda Guerra Mundial, la famosa frase: “Los aficionados hablan de estrategia, los profesionales hablan de logística”. Para Bradley, la diferencia entre estrategia y logística se encontraba en la distinción entre simplemente hablar y especular, o bien, en la capacidad de crear planes prácticos basados en hechos concretos y datos sólidos.

En la democracia colaborativa que se está construyendo desde el Frente Amplio por México (FAM) se tiene muy clara esta visión. Los ciudadanos aportan imaginación, frescura, nuevas perspectivas y una riqueza infinita de ideas, mientras que a los partidos políticos les corresponde proporcionar la logística necesaria para anclar todo eso en un plan electoral ejecutable en un país tan extenso y complejo como México.

El FAM debe dedicar muchos de sus esfuerzos iniciales a hablar de logística y a poner en contacto directo a su futura candidata, Xóchitl Gálvez —que tiene un amplio respaldo ciudadano—, con las estructuras reales y territoriales de los partidos aliados. Solo cuando los candidatos ciudadanos tienen ese sistema de arropamiento logístico, es que pueden comunicar a la ciudadanía —de forma ágil y duradera— sus ideas, su carisma y el potencial disruptivo en el que se basa su fortaleza.

Para ser directos, no hay un futuro promisorio para los partidos de oposición sin un auténtico proceso de ciudadanización. Sin embargo, la ciudadanización será una quimera si no cuenta con el respaldo de una estructura política efectiva capaz de enfrentar, de forma organizada y medible, las arremetidas autoritarias y hegemónicas del oficialismo. Solo los partidos forjados en la transición democrática de las dos últimas generaciones pueden proporcionar la infraestructura logística necesaria para que los ciudadanos que buscan un cambio de rumbo nacional puedan alcanzar sus objetivos de manera ordenada y eficiente.

Discutir estrategias, mensajes y otros aspectos de esa esfera de acción política es, sin duda, muy importante. Sin embargo, en toda campaña política o militar hay un trazo esencial: ninguna estrategia será realista si no se cuenta con la logística para aplicarla. La democracia colaborativa en México, en términos de la competencia electoral, requiere llevar un orden práctico, y ese orden es: logística primero, estrategia después. En esta danza entre partidos y ciudadanos, el primer movimiento les corresponde a los partidos, para que los ciudadanos se sientan respaldados por estructuras de alcance nacional, altamente capacitadas y motivadas para cumplir su labor. Eso es co-laborar.

Sun Tzu, el más legendario de los filósofos sobre estrategia, sostenía que la verdadera preparación para una batalla comienza por volverse invencible. En ese sentido, la colaboración y el crowdsourcing democrático que el FAM está promoviendo tienen como punto de partida la convicción de que el futuro de la democracia mexicana se basa en la libertad, la pluralidad, la diversidad de opiniones y el respeto a los fundamentos de la democracia liberal.

La solidez del proyecto político del FAM vendrá de la unión de dos columnas: por un lado, el espíritu de innovación y comunicación ciudadana acorde al veloz mundo digital, y por el otro, la pausa y el aplomo de las estructuras partidistas que saben cómo ganar elecciones casa por casa, sección por sección, con los recursos jurídicos a la mano.

Co-laboremos: empecemos por la logística.

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