La Ruta 8 enfrenta dos grandes males que están en la raíz de la pobreza: la informalidad laboral y la carencia de acceso a servicios de salud y seguridad social. Su punto de partida es reconocer que en realidad son dos dimensiones de un solo problema: el trabajo informal es el trabajo sin afiliación al seguro social y, por tanto, sin acceso a servicios de salud y demás protecciones que forman la seguridad social en México.
Lo que pretendemos con la Ruta 8 es visibilizar esa relación intrínseca, conceptual y práctica. No se puede crear un “IMSS Bienestar para los informales”, pues esta condición no es permanente, sino dinámica, igual que la formalidad. Cada año el IMSS procesa millones de altas y bajas, y los estudios de densidad de cotización en el SAR muestran que la mayoría de las personas entran y salen de la formalidad durante su vida laboral. Lo que sí se puede crear es un puente para incluir de manera subsidiada a quienes trabajan en unidades económicas precarias, negocios familiares y por cuenta propia.
Hoy, la informalidad laboral afecta al 55% de la población ocupada (ENOE 2025-III). Se mantiene ese nivel desde que hay medición: era 59% hace 20 años, 58% hace 10, 56% hace 5. Actualmente son casi 33 millones de personas, de las cuales 99.9% carecen de afiliación al seguro social y, por ende, de acceso a servicios de salud por su trabajo.
¿Por qué no tienen afiliación? En casi 5 de esos 33 millones, por incumplimiento de empleadores mediante subterfugios: empresas de aplicaciones que los consideran “socios”, trabajos gubernamentales o institucionales “por honorarios”, o trabajadoras del hogar que, pese a la obligatoriedad legal, siguen excluidas. Este subconjunto son trabajos “informalizados” —corresponde a sus empleadores cumplir con la afiliación.
Pero la mayoría de los trabajos informales, alrededor del 85%, son estrategias de subsistencia de muy diverso tipo. Por ejemplo: 11.4 millones de personas se autoemplean; 20 millones trabajan en micronegocios (11.9 millones sin establecimiento, 8.1 millones con establecimiento); 10.8 millones en unidades unipersonales y 15.3 millones en unidades de 2 a 5 personas. Por donde se mire, el grueso de la informalidad está formado por una miríada de situaciones de gente que se gana la vida como puede, sin protección social. Ningún enfoque fiscal o de “regularización” va a resolver su situación.
Proponer regularización fiscal tipo RESICO (Régimen Simplificado de Confianza) sin afiliación a la seguridad social solo complica el problema. La bancarización es herramienta, no solución. La Ruta 8 plantea crear un “puente de afiliación” al IMSS, temporal y dinámico, para quienes trabajan por cuenta propia y en micronegocios —mayoritariamente familiares y caseros—, para que reciban un subsidio a la cuota del IMSS, gradual y decreciente, como hizo el Régimen de Incorporación Fiscal.
Crear un Sistema Universal de Salud sin recursos para cubrir la demanda creciente carece de viabilidad, pero tampoco funcionará si se mantiene la segmentación de acceso por situación laboral. Sin puentes que vinculen a quienes están fuera no hay manera de lograrlo, pues las personas transitan entre ambas situaciones. Ver las dos caras de la moneda es la única vía para enfrentar la informalidad laboral y lograr el acceso universal a servicios de salud.
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