La OCDE acaba de publicar PISA 2025. México obtuvo 388 puntos en matemáticas (463 el promedio OCDE), 408 en lectura (461) y 414 en ciencias (482).
En matemáticas es el piso de la serie histórica reciente: apenas 30% de los de 15 años alcanza el Nivel 2, el umbral básico; en la OCDE lo logra 65%. En lectura y ciencias llega la mitad; allá, 69% y 74%. El 41.8% quedó bajo el nivel mínimo en las tres áreas. Casi no hay estudiantes de alto rendimiento: 0.5% frente a 11.9% en la OCDE.
Eso no es un dato de oposición. Es la nota país de la propia OCDE. Y ocurre cuando 20.7 de 23.4 millones de alumnos de educación básica están en escuelas públicas (SEP, ciclo 2024-2025). El sistema que forma a 9 de cada 10 niñas y niños es el que PISA está midiendo.
Frente a esas cifras, la bancada mayoritaria no pidió una revisión de fondo. El vocero de Morena en San Lázaro, Arturo Ávila, pidió no atribuir el resultado a la Nueva Escuela Mexicana, invocó la pandemia y celebró que la cobertura de la muestra subió de 64% a 69%. La dirigente Ariadna Montiel relativizó PISA y remitió a las evaluaciones de la SEP. La senadora Cleotilde Molina culpó a los celulares. En el Congreso se oyó más “oportunidad para mejorar” que diagnóstico.
Morena tiene hoy alrededor de 253 diputados y 66 senadores. No existe un padrón oficial que diga a qué escuela van los hijos de cada uno. Pretenderlo sería inventar un número. Lo que sí hay es un patrón documentado en la cúpula. Investigaciones de Emeequis y Político MX (febrero 2025) muestran a hijos de Ricardo Monreal en el ITAM y el Tec de Monterrey; al de Adán Augusto López en la Ibero y, después, en París; al de Ignacio Mier en la UDLAP; a hijas de Félix Salgado en la UDLAP y La Salle; a la de Layda Sansores en el ITAM. Colegiaturas de cientos de miles de pesos al año. El contraste no es moralina: es información pública sobre quienes legislan el sistema que defienden.
Nadie está obligado a inscribir a sus hijos en una escuela pública. El problema es otro. Se puede relativizar PISA desde tribuna y, al mismo tiempo, pagar por salir del promedio que esa prueba describe. Esa distancia “escuela de todos para el discurso, campus privado para la familia” corroe la credibilidad de cualquier reforma.
Propuesta concreta: que el Congreso apruebe, con carácter de transparencia, un registro anual y público “sin domicilios” del tipo de plantel (público o privado, básico o superior) al que asisten los hijos en edad escolar de diputados y senadores, y que la SEP publique resultados por escuela, no solo promedios nacionales. Si la educación pública es tan defendible como se dice, debe poder mirarse de frente. Y si no lo es, el primer deber de quien legisla no es explicarla: es mejorarla hasta que también sea la primera opción para sus hijos.
Diputado federal
Fb Ricardo Rubio; X @ricardorubiot; Ig/ Tk rrubiot; Wa 5574063407
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