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10/02/2020
02:52
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“Quiero exhibir al maestro de derecho romano: en mi primer semestre acosó a dos compañeras de mi salón y salió con una … Él abusa de su poder … promete dar trabajo y comprarles cosas … Todo mundo lo sabe y no hacen nada, aparte de que ellas no han sido las únicas.”

Interrogo a un colega a propósito de esta denuncia que encontré en las redes, porque conoce bien al docente señalado. Mi interlocutor responde minimizando la acusación: “Nada fuera de lo normal, ese profesor no deja que se le vaya ninguna viva.”

Yo macho me pregunto porqué habría de ser normal que un hombre de 51 años entregue regalos y promesas, y también acose a sus alumnas de 18 años, con tal de incluirlas en la colección de las mujeres que “no se le fueron vivas.” (¿Qué quiere decir exactamente eso de “irse viva”?)

En otra desafortunada conversación alguien me reclama con muchos signos de puntuación por la legitimidad que Yo macho me atreví a otorgar a la demanda de las jóvenes estudiantes: “¡[email protected] paristas no reclaman nada! La violencia ha venido del lado separatista. La cerrazón también.”

Al día siguiente Yo Macho escuché decir al presidente de la República, quien sobre todos los temas tiene una opinión contundente:

“No hay una esfera que permita que un movimiento sin causa (sic) pare o impida el funcionamiento de la Universidad … Siento que hay mano negra (sic), hay que ver de quién, siempre hay quien mueve y hay que lamparearles (sic) para que no anden en los sótanos (sic).”

Yo Macho reconozco la voz de mi sexo cuando se defienden los privilegios y las ventajas, la prioridad para decir la última palabra, el monopolio de la sabiduría, el ejercicio del poder, el control de las oportunidades, el gobierno del orden jerárquico, la interpretación definitiva de los hechos, los lugares y los cuerpos.

Como tantos otros, Yo macho crecí suponiendo que lo masculino era sinónimo de razón, mientras lo femenino significaba emoción manipulable.

Porque me convenía, Yo Macho guardé silencio cuando no debía.

Yo Macho confieso haberme educado emocionalmente dentro de una normalidad que hoy me parece anormal.

Yo Macho me siento sorprendido por el disenso sin concesiones que han propuesto las responsables de la revuelta.

Acepto que no sé cómo responder al desafío que implica desmontar un consenso impuesto durante miles de años para asignarnos voz y reducir a categoría de “ruido” los argumentos de la contraparte.

Yo Macho no sé cómo lidiar con este reordenamiento de los sentidos, con este di-senso, al que las mujeres nos están emplazando.

Yo Macho manifiesto que, a pesar de mis limitaciones, me provoca ira la descalificación de una de las causas más nobles de nuestro tiempo: hacer que el patriarcado se derrumbe sobre el basamento mismo de sus muy anquilosadas necedades.

Yo Macho me avergüenzo de la incapacidad de muchos varones para comprender el rechazo a un orden que todavía gobierna tantos rincones y sótanos, pero sobre todo los pisos más elevados.

ZOOM:

Que cada quien se haga cargo de revisar a su propio Yo Macho, cuando se descalifica, se niega causalidad o valor de reclamo legítimo, a la lucha en contra de la violencia de género.
 

www.ricardoraphael.com @ricardomraphael

Ricardo Raphael
Periodista, académico y escritor. Director General del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (UNAM), profesor de asignaturas en el CIDE y conductor de los programas Espiral y #Calle11 de Canal 11...