Isabel Miranda no solo tiene problemas para llamar a las cosas por su nombre, sufre del mismo defecto cuando se trata de las personas.

Soy el “académico” y el “periodista” (las comillas de denuesto son suyas) al que se refirió en su artículo publicado en este diario el martes pasado: “La justicia tiene que ver con leyes y jueces, no con opiniones periodísticas o de cualquier ciudadano” (la grandilocuencia del título también es suya). Luego, en el primer párrafo completa la idea: “es inútil tratar de hacer justicia cuando ésta pasa por la política.”

Resulta curioso que tales afirmaciones estén signadas por la presidenta de Alto al Secuestro, una asociación civil que lleva más de una década haciendo política al más “alto” nivel. Se trata de la misma mujer, Isabel Miranda, que fue candidata “ciudadana” del PAN al gobierno de la ciudad de México en 2012. Es aquella justiciera que seis años antes colgó por todos lados espectaculares con los rostros de los presuntos secuestradores de su hijo, Hugo Alberto León Miranda, y que ofreció una magnífica recompensa, antes siquiera de que los jueces hubieran librado orden de aprehensión contra ellos. Durante 14 años ininterrumpidos Miranda ha manipulado públicamente a la prensa y ha presionado con éxito a funcionarios y políticos, al tiempo que, presumiblemente, fabricaba pruebas y culpables.

Cuando le convino involucró al Olimpo político mexicano: Martha Sahagún, por ejemplo, siendo Primera Dama, escribió una carta dando instrucciones al titular de la Siedo, Santiago Vasconcelos, para que se investigara el caso de su hijo; Miranda también visitó a Genaro García Luna, cuando era titular de la Agencia Criminal de Investigación, para reclamarle ayuda; ella personalmente convenció a Felipe Calderón, cuando se hizo con la presidencia de la República, para que intercediera a su favor; igualmente prendió velitas de cumpleaños para festejar a su amigo Enrique Peña Nieto.

¿Cuánto le ha costado al país y a sus víctimas que Isabel Miranda aprendiera la lección fundamental? Con mucho retraso en su reloj y gran oportunismo acierta ahora cuando afirma que la política le hace daño a la justicia. Lo paradójico es que lo diga ella, la que más ha hecho política (y dinero) en México, sobando el tema del secuestro. Su propensión a la mentira es compulsiva: en el mismo artículo asegura Miranda que yo visité a Brenda Quevedo Cruz en la cárcel “de manera furtiva, a través de tráfico de influencias”.

Aprovecho aquí para aclarar que, después de tocar un sinnúmero de puertas, la oficina de la defensoría pública federal escuchó mi solicitud para entrevistar a Brenda, y también a Juana Hilda González Lomelí. En efecto, el viernes 27 de septiembre del año pasado visité el Cefereso femenil de Morelos. Cuento con los documentos originales en los que se autorizó mi ingreso, formalmente y conforme a derecho, así que es falsísima la acusación que hace Miranda en mi contra; no ingresé furtivamente ni trafiqué con influencia alguna.

Probablemente ella omitió mencionar mi nombre en su texto porque está consciente de sus falsedades, sabe que de haberme citado como era debido podría haberla llevado ante un juez por pretender dañar mi reputación como periodista. Mi ingreso al Cefereso y las entrevistas a Brenda Quevedo y Juana Hilda González nada tienen de ilegales, y muy lejos se encuentran de asemejarse al delito de secuestro, como infiere el retorcido tren de pensamiento de la señora Miranda, exhibido en su artículo. Tengo convicción de que el nuevo sistema penal requiere, por parte de la prensa, un trabajo de investigación y de información distinto al que prevaleció durante la vigencia del sistema inquisitorial.

Reitero mi argumento principal del lunes pasado, publicado en este mismo espacio: porque en democracia la justicia es un tema que a todos nos compete —ciudadanos (cualquiera) y periodistas (también cualquiera)— es que la versión de las personas en reclusión debería darse a conocer, sin importar que sean procesadas o sentenciadas; sobre todo cuando hay individuos, como Isabel Miranda que, abusando de los muchos medios a su alcance, atentan contra la justicia.

Zoom:

Dice la presidenta de Alto al Secuestro que tengo “una fijación mental.” Confieso que es cierto, siento urgencia por exponer al poderoso cuando miente, cuando abusa, cuando tortura, cuando destruye la vida de tantas personas.

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