Después de días intensos de negociación, de cabildeo silencioso y de una presencia firme en el Congreso Mundial de Escuelas de Natación, nuestro país ha levantado la mano… y el mundo ha respondido. La sede del Congreso Mundial de Escuelas de Natación 2028 será mexicana. No es un logro menor. Es, en realidad, una declaración de principios.
Este resultado también es reflejo de un trabajo en conjunto. Del respaldo institucional de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, pero también del esfuerzo de la gente que lo empujó desde dentro: entrenadores, directores de escuelas, líderes de la enseñanza acuática que durante años han construido esta base que hoy se ve recompensada.
Desde Cascais, Portugal —escenario donde convergieron más de 40 países—, el mensaje fue contundente: la natación ya no se mide en medallas, sino en vidas. En la capacidad de enseñar a un niño de meses, a un adulto mayor, a cualquier persona, a sobrevivir en el agua. Y en ese terreno, México dejó de ser espectador para convertirse en protagonista.
No fue sencillo. Las negociaciones fueron intensas, estratégicas, para convencer a los líderes globales de que nuestro país no solo podía organizar un evento de esta magnitud, sino que tenía algo más valioso: una causa. La seguridad acuática como política de vida. La enseñanza temprana como cultura. La prevención como urgencia.
El bloque mexicano —con más de diez representantes— llegó con argumentos, pero también con historias. Desde Monterrey hasta Chiapas, pasando por Ciudad de México, Puebla y Oaxaca, las escuelas de natación en nuestro país han crecido desde la iniciativa privada, muchas veces impulsadas por mujeres que hoy lideran este movimiento con creatividad y convicción.
Ese factor, lejos de ser anecdótico, terminó por inclinar la balanza. Porque mientras en países como Australia aprender a nadar es una obligación social desde los cinco años, en México aún es una batalla cultural. Y justo ahí radica la importancia de esta sede: traer el congreso no es solo organizar conferencias, es acelerar una transformación.
Mientras asistir a este congreso en Europa puede superar los 500 euros, México logró algo igual de relevante que la sede: democratizar la entrada. Que entrenadores, instructores y familias mexicanas puedan estar presentes sin que el costo sea una barrera. Eso también es legado.
La elección de México para 2028 coincide, además, con un momento simbólico. Será el año de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, pero también el de una industria acuática nacional que celebra historia, crecimiento y madurez. En lo personal, también será algo realmente importante porque este Congreso se dará en México, en el marco del 50 aniversario de Acuática Nelson Vargas.
Ahora, el anuncio oficial llegará este domingo 2 de mayo, cuando Wayne Pollock, junto con la ISSA, confirme públicamente lo que ya se ha trabajado durante toda la semana: que México será la sede de este evento histórico.
Hoy, más allá del anuncio, lo que queda es una responsabilidad enorme ya que no se trata solamente de un congreso, sino de la oportunidad de cambiar la narrativa del agua en su propio territorio. De pasar del rezago a la referencia. Porque sí, México lo ha conseguido. Pero lo verdaderamente importante empieza ahora para aplicar todos estos conceptos por el bien de todos.
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