México vuelve a levantar la mano en la natación a nivel mundial, pero esta vez no por una medalla, una candidatura olímpica o una foto institucional. La apuesta es traer a la Ciudad de México el Congreso Mundial de Natación 2028, uno de los encuentros más relevantes del planeta en educación acuática temprana, prevención de ahogamientos y formación desde bebés hasta adultos mayores.

Mientras muchos siguen viendo la natación sólo como deporte competitivo, en otras partes del mundo ya entendieron que también es salud pública, seguridad infantil y cultura de vida. Ahí está la verdadera dimensión de este proyecto que un grupo de mexicanos defenderá en Cascais, Portugal, cerca de Lisboa, sede del congreso de este año.

La delegación mexicana va con nombres de peso en el sector acuático: Nelson Vargas, fundador de una de las escuelas de natación más importantes del país. Lo acompañan Cecilia Rubio, referente de la enseñanza acuática en la capital; Lulú Cisneros; Katia Von Westarp, agrupación de directivos de escuelas de natación; Mónica Anzueto; Beatriz Esesarte; además de Fernando Vargas Escalera y Nelson Vargas Jr., gente que ha construido escuelas, programas y generaciones enteras dentro del agua.

La razón de fondo es contundente: los ahogamientos siguen siendo una de las principales causas de muerte prevenible en el mundo. En playas, ríos, albercas y hasta en casas particulares se siguen perdiendo vidas por descuidos y por falta de educación acuática básica. Ese dato debería avergonzar a cualquier país moderno. Por eso el mensaje es enseñar a un bebé a flotar no es un lujo, es prevención. Enseñar a un niño a reaccionar en el agua no es moda, es protección. Y enseñar a una sociedad entera a respetar el agua es inteligencia colectiva.

México tiene condiciones reales para ganar la sede. Infraestructura hotelera, conectividad aérea, tradición organizativa y un mercado enorme de escuelas privadas y públicas. Además, existe respaldo institucional de CONADE, encabezada por Rommel Pacheco, algo que en este tipo de candidaturas pesa más de lo que muchos creen.

Pero también hay una lectura incómoda. México suele reaccionar tarde en temas preventivos. Nos encanta cortar listones cuando llega la tragedia, no antes. Si este congreso aterriza en 2028 en la Ciudad de México, no debe quedarse en selfies, conferencias elegantes y discursos de ocasión. Debe traducirse en campañas nacionales, certificaciones, escuelas accesibles y programas reales para comunidades vulnerables.

Porque una sede internacional luce bonito en el currículum, pero salvar vidas luce mejor en la historia.

Si México gana, no sólo traerá visitantes y prestigio. Tendrá la oportunidad de demostrar que el deporte también sirve para evitar tragedias y esa, sería la medalla más valiosa de todas.

Profesor deportivo

Comentarios