Hay personas que detectan talento por currículum, otras por recomendaciones o con alguna plática… Y luego está José Ramón Fernández, que muchas veces se guiaba por el instinto. Así construyó equipos, lanzó carreras y cambió la televisión deportiva en México y se hizo uno de los maestros, de muchos, en el periodismo deportivo.
En la presentación de su libro El Protagonista quedaron muchas historias sobre su trayectoria, pero una resume mejor que ninguna, cómo entendía este oficio: vio a un especialista, le dio una oportunidad y lo aventó al agua sin salvavidas.
La escena ocurrió rumbo a los Juegos Olímpicos de Seúl 1988, José Ramón tomó el teléfono y me llamó para invitarme a sumarme como comentarista de natación para Los Protagonistas. La respuesta fue lógica: sorpresa total.
No era periodista, no sabía entrevistar, no sabía estar en un set de televisión, no conocía el lenguaje de la cámara ni la dinámica de una transmisión en vivo… Pero lo mío era la natación y lo sabía.
José Ramón escuchó mis dudas y me respondió con tranquilidad. Me dijo que haríamos un casting, una prueba para ver si tenía condiciones. Me preparé para esta prueba, pero el casting nunca llegó.
Pasaron los días y, en lugar de una prueba, recibí otro mensaje: tenía que ir a medirme el uniforme. Así entendí que ya estaba dentro. Sin ensayo, sin preparación formal y sin experiencia previa, estaba seleccionado para cubrir unos Juegos Olímpicos. Debo confesar que me invadió la preocupación: Sabía de natación, sí, pero no tenía idea de cómo funcionaba la televisión en vivo.
Ese es parte del legado de José Ramón, quien cuando creía en alguien, no perdía tiempo. Y así sucedió con muchos otros especialistas, no solamente conmigo.
Ya instalados en Seúl, antes de arrancar la competencia, reunió a todo el equipo y nos pidió reportajes previos. Cada quien salió a buscar historias y material para la cobertura. A mí me puso un traductor y camarógrafo, y al final del día regresamos a la junta para presentar resultados.
Escuché reportes correctos, profesionales, con información general sobre sedes, logística y ambiente. Cuando llegó mi turno, comenté que había logrado entrevistas con dos figuras mundiales de la natación: Matt Biondi y Janet Evans. Lo conseguí gracias a relaciones que ya tenía con entrenadores y gente del medio acuático.
José Ramón detuvo la reunión y me pidió salir de la sala. Después me enteré que encaró al resto del grupo con una frase demoledora: cómo era posible que una persona sin conocimiento periodístico trajera entrevistas tan importantes y otros entregaran puro relleno.
Ese día entendí lo que realmente valoraba. No buscaba poses ni discursos elegantes, quería trabajo, iniciativa y contenido exclusivo, quería gente que resolviera.
Al verlo presentar su libro El Protagonista, confirmé que sigue siendo el mismo. El evento tuvo más tono de charla entre amigos que de ceremonia formal. A su lado estuvieron dos cómplices históricos de tantas coberturas: Andrés Bustamante y Víctor Trujillo. Entre risas, recuerdos y anécdotas, quedó claro que detrás del personaje duro siempre existió un hombre leal con su gente.
Lo que comenzó con miedo, terminó marcando una etapa inolvidable de mi vida. Después de Seúl, vinieron Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Sydney 2000. Con los años entendí mejor aquella apuesta. José Ramón veía cosas que otros no veían. Detectaba talento donde muchos solo encontraban dudas y si no, pregúntenle a las decenas de reporteros, periodistas, analistas, narradores y comunicadores que surgieron de su escuela… pero también a todos aquellos que lucharon todavía más fuerte para poder mantenerle el paso en la competencia.
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