En una operación que recuerda a intervenciones militares pasadas, el gobierno de capturó a Nicolás Maduro en suelo de Venezuela durante la madrugada del 3 de enero. Como motivación tuvieron los presuntos nexos del político latinoamericano con el narcotráfico, así como una deuda no saldada del gobierno venezolano con empresas petroleras estadounidenses.

El mundo ya no se sorprende con estas acciones militares de Estados Unidos sobre otros países. Numerosos comentarios en redes sociales recuerdan intervenciones militares del que exhiben la controversial postura de la Unión Americana con Latinoamérica.

Para ejemplo está la invasión estadounidense a Panamá a finales de 1989, que tuvo como saldo miles de muertes de civiles panameños –aunque el Pentágono sólo reconoció 516–, 14 mil personas sin hogar y 23 soldados de EU fallecidos, con el fin de capturar al dictador Manuel Antonio Noriega.

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Durante 40 días, entre el 20 de diciembre de 1989 al 31 de enero de 1990, fuerzas estadounidenses dominaron las tierras panameñas en una de sus operaciones más polémicas del tiempo reciente.

En su famoso discurso de estado de guerra, Noriega declaró “¡Les digo a los norteamericanos que no me sigan amenazando, porque no le tengo miedo a la muerte!”, palabras que inmortalizaron los eventos de 1989.

Dictador Manuel Noriega, años antes de su detención a manos de fuerzas estadounidenses. Foto: ESPECIAL/Wikimedia Commons.
Dictador Manuel Noriega, años antes de su detención a manos de fuerzas estadounidenses. Foto: ESPECIAL/Wikimedia Commons.

Noriega pasó de antiguo amigo a nuevo enemigo

La relación entre Estados Unidos y Manuel Antonio Noriega es difícil de explicar, pues desde los años 60 se sabía que el militar panameño trabajó como informante de la CIA para proporcionar información de gobiernos cercanos al socialismo, como la dictadura de Fidel Castro.

Noriega era gran aliado para Estados Unidos durante la dictadura de Omar Torrijos y su posición en el gobierno de Panamá garantizó que la potencia norteamericana tuviera libre acceso al Canal de Panamá, vía comercial de suma importancia para occidente; pero luego de llegar al poder en los años 80, Noriega comenzó a distanciarse.

El militar recibió el apodo de “hombre fuerte” de Panamá y como jefe de las Fuerzas de Defensa –puesto simbólico, pues en realidad ejerció una dictadura entre 1982 a 1989, Noriega se pronunció por el fin del intervencionismo estadounidense en su país, asegurando que su canal pronto sería nacionalizado.

Ante tales amenazas, el gobierno estadounidense tuvo que reajustar su trato con el dictador panameño y decidió que era mejor eliminar su influencia política.

Con la famosa guerra antidrogas emprendida por Ronald Reagan, en 1987 se acusó a Manuel Noriega de tener negocios con cárteles colombianos y permitir el lavado de dinero en Panamá, así como el traslado de cargamentos ilegales hacia Estados Unidos.

A partir de ese año comenzaron las presiones contra el dictador militar, instándolo a renunciar y enfrentar de manera más cómoda sus delitos. Pero Noriega no se dejó amedrentar por sus antiguos aliados.

Primera plana de EL UNIVERSAL del 21 de diciembre de 1989, con la invasión de Estados Unidos a Panamá. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Primera plana de EL UNIVERSAL del 21 de diciembre de 1989, con la invasión de Estados Unidos a Panamá. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.

La Unión Americana orquestó sanciones, bloqueos económicos y la infiltración entre círculos opositores panameños para derrocar al dictador, pero ninguna de esas tácticas dio resultados. Noriega pudo esquivar dos golpes de estado con evidentes conexiones estadounidenses y la situación se ponía cada vez más tensa.

Con la llegada de George Bush a la presidencia de Estados Unidos, los intentos implícitos de remover a Manuel Noriega se transformaron en acciones militares deliberadas y EL UNIVERSAL informó en su edición del 16 de diciembre de 1989 que Panamá había tenido suficiente y declaraba “estado de guerra”.

Tras esta decisión, el congreso panameño otorgó total poder al general Noriega y lo nombró “líder máximo de la lucha de liberación nacional para conducir al país mientras persista el estado de guerra que sufre Panamá como consecuencia de la despiadada agresión de Estados Unidos”, según informó este diario.

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El “hombre fuerte” de Panamá acusó a la Unión Americana de intervenir en los asuntos de Panamá, así como de “sobornar a oficiales del Ejército y continuar con el hostigamiento psicológico y militar” y citó a Juan Domingo Perón: “Estados Unidos une cuando le conviene, desune cuando le interesa y saca provecho cuando le da la gana”.

La Casa Blanca restó importancia al nombramiento pues, “ni Estados Unidos ni el pueblo de Panamá reconocen a Noriega como líder legítimo de ese país”, afirmaron.

El sábado 17 de diciembre se produjo un altercado entre soldados estadounidenses y panameños, que resultó en la muerte de un oficial de la Unión Americana y la “profunda indignación” de Washington. “Están abiertas todas las opciones”, aseguró el entonces presidente Bush, evidenciando que su paciencia estaba por acabarse.

El presidente George Bush, mandatario en 1989 y responsable de la invasión estadounidense a Panamá. Foto: Wikimendia Commons.
El presidente George Bush, mandatario en 1989 y responsable de la invasión estadounidense a Panamá. Foto: Wikimendia Commons.

Por presuntas amenazas contra estadounidenses inició la Operación Causa Justa

Durante las primeras horas del 20 de diciembre de 1989, Estados Unidos inició la llamada Operación Causa Justa, una incursión militar en Panamá para “restaurar la democracia, juzgar por narcotráfico al ‘hombre fuerte de Panamá’ y defender los tratados Torrijos-Carter del Canal de Panamá”, según afirmó

Su principal motivación era proteger a los más de 35 mil ciudadanos estadounidenses que se encontraban en Panamá, antes de que fueran víctimas de agresiones por parte del régimen de Noriega. La operación militar movilizó a 26 mil soldados, además de varios aviones de gran poderío y vehículos blindados.

Los ataques se concentraron en la ciudad de Panamá capital y Colón, cubriendo aire, agua y tierra. Según informó esta casa editorial, uno de los primeros puntos de ataque fue la Radio Nacional, medio que los estadounidenses ocuparon para pedir a los habitantes permanecer en casa, apagar sus luces y no acercarse a zonas de combate.

Las fuerzas de la Unión Americana tomaron los aeropuertos y colocaron barricadas en las calles, además de prácticamente destruir el barrio Chorrillo, pues estaba cerca del cuartel general de Noriega. El vocero de Noriega, Edgardo López Grimaldo, afirmó que la invasión estadounidense fue una “acción de alevosía y saña; el pueblo panameño está en peligro de ser masacrado”.

Durante las primeras horas de ataque, se desconoció el paradero de Manuel Noriega, pero pudo enviar un mensaje radiofónico: “pedimos al mundo que nos ayude materialmente con hombres, dignidad y fuerzas; nuestra consigna es vencer o morir”. Para evitar el escape del dictador, soldados estadounidenses destruyeron sus aviones personales y también su barco.

La crisis en Panamá también afectó a México, pues fuerzas estadounidenses impidieron la salida de 80 mexicanos durante varios días. Los connacionales retenidos eran turistas, comerciantes, empresarios y reporteros, afectados por el temor de que Manuel Noriega intentara escapar en algún vuelo internacional.

Destrucción en un barrio panameño durante la invasión estadounidense en 1989. Se estimaron miles de fallecidos, pero EU sólo reconoció 500. Foto: Wikimedia Commons.
Destrucción en un barrio panameño durante la invasión estadounidense en 1989. Se estimaron miles de fallecidos, pero EU sólo reconoció 500. Foto: Wikimedia Commons.

A ritmo de rock y metal, puesta en marcha de la Operación Paquete Elegante

Según se leyó en EL UNIVERSAL, la entonces administración de Carlos Salinas de Gortari expresó su inmediato “desacuerdo” con la intervención en Panamá, asegurando que “el uso de fuerza por cualquier Estado en contra de otro, constituye una intervención. Estas acciones van en contra de nuestros principios”.

La Asamblea General de la ONU condenó la intervención estadounidense tras considerarla una “flagrante violación del derecho internacional” y exigió la inmediata salida de fuerzas estadounidenses de suelo panameño, orden ignorada por Bush.

Representantes de la Unión Americana sostuvieron que la postura de la ONU era “parcial”, pues sólo condenaron la incursión militar, pero no “los delitos de narcotráfico o supresión de la democracia de parte del general Manuel Antonio Noriega”. No hubo consecuencia alguna para el país norteamericano, pues nadie metería las manos al fuego por un dictador como el “hombre fuerte” de Panamá.

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Para el 25 de diciembre se supo que Manuel Noriega permanecía escondido en la Nunciatura Apostólica de Panamá junto con algunos de sus hombres, un sitio que complicó los planes de Estados Unidos.

El Vaticano estuvo en pláticas con varias embajadas para que Noriega trasladara su escondite a otro lugar, pero ningún gobierno quiso recibirlo. Voceros de la iglesia católica aseguraron que “no protege ni defiende criminales. En el caso del general Noriega sólo aplica un acto humanitario para evitar que su pueblo haga justicia por su propia mano”, según reportó EL UNIVERSAL.

A partir de esa misma noche, numerosos vehículos blindados de Estados Unidos colocaron altavoces a las afueras de la Nunciatura, dando paso a la polémica Operación Paquete Elegante, una movida militar de presión psicológica.

Día y noche, sin interrupciones, reprodujeron canciones de rock, metal y pop al más alto volumen. You’ve Got Another Thing Comin’ de Judas Priest, Welcome to the Jungle de Guns N’ Roses, Paranoid de Black Sabbath, Never Gonna Give You Up de Rick Ashley y Run to the Hills de Iron Maiden acompañaron durante tres días las pesadillas y temores del dictador militar.

De acuerdo con la BBC, representantes del Vaticano se quejaron con el presidente Bush ante esta maniobra militar. Aunque se accedió a detener la tortura musical, los soldados seguían hostigando la residencia episcopal.

Para el 29 de diciembre de aquel fatídico 1989, Washington aceptó que “la suerte de Noriega está totalmente en manos del Vaticano”, pues no había forma de que la Santa Sede removiera el asilo político al militar, pero se afirmó que las fuerzas estadounidenses entrarían a la Nunciatura si Noriega tomaba rehenes.

Tanque de fuerzas estadounidenses destruyendo un inmueble panameño, 1989. De acuerdo con datos del medio estadounidense Politico, 80% de los estadounidenses consintieron la invasión a Panamá. Foto: Wikimedia Commons.
Tanque de fuerzas estadounidenses destruyendo un inmueble panameño, 1989. De acuerdo con datos del medio estadounidense Politico, 80% de los estadounidenses consintieron la invasión a Panamá. Foto: Wikimedia Commons.

Condenado por narcotráfico, cayó el “hombre fuerte” de Panamá

El año nuevo trajo un regalo para la administración Bush, con la entrega voluntaria de Manuel Antonio Noriega el 3 de enero de 1990. Según relató EL UNIVERSAL, se desató “un gran bullicio por toda la capital. Miles de personas hicieron sonar cacerolas, bocinas de automóviles y petardos para celebrar la entrega del dictador”.

George Bush aseguró que “la aprehensión de Noriega y su regreso a Estados Unidos debe enviar una señal clara de que este país está firme en su determinación de que aquellos acusados de promover la distribución de drogas no pueden escapar a la mirada escrutadora de la justicia”.

Esta casa editorial notificó del traslado del “hombre fuerte” de Panamá hacia Florida, donde enfrentó varios cargos de narcotráfico y extorsión. Su juicio concluyó el 10 de julio de 1992, con una sentencia de 40 años en prisión.

El militar aseguró que todas las acusaciones en su contra eran “fabricadas por enemigos políticos que recurrieron a un tribunal cuando no pudieron asesinarlo”. “Panamá fue invadida porque yo era un obstáculo, afecté las aspiraciones históricas de su presidente Bush, quien me habría preferido muerto”, sostuvo.

De acuerdo con datos de EL UNIVERSAL, Manuel Antonio Noriega obtuvo una reducción de condena a 20 años por buena conducta en la prisión de Miami, pasando también por la justicia francesa hasta su regreso a Panamá en 2011. El apodado “hombre fuerte” murió en 2017, en arresto domiciliario.

En aquel julio de 1992, el escritor mexicano, Carlos Fuentes, aseguró que “Estados Unidos siempre encontrará pretextos para intervenir en Latinoamérica”, como el combate a las drogas.

Y no hay justificación alguna contra regímenes autoritarios como el visto con Noriega o el reportado por los venezolanos con Nicolás Maduro, pero tampoco podemos evitar las dudas sobre las buenas intenciones estadounidenses, cuyos intereses siempre salen a luz.

Fotografía de Manuel Noriega como preso de la Cárcel de Miami. George Bush estableció una recompensa de un millón de dólares por su cabeza. Foto: Wikimedia Commons.
Fotografía de Manuel Noriega como preso de la Cárcel de Miami. George Bush estableció una recompensa de un millón de dólares por su cabeza. Foto: Wikimedia Commons.

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