Si hoy escuchamos la palabra espiritismo, lo más probable es que pensamos en fantasmas, sesiones oscuras o películas de terror, pero hace poco más de un siglo también se consideraba una forma de explorar, desde perspectivas racionales, preguntas sobre aquello que escapa a toda explicación.

Para saber cómo terminó mezclándose con ideas de magia, superstición y fenómenos paranormales, conversamos con la doctora Dulce Adame González sobre el espiritismo, sus representaciones en el cine y la forma en que estas ayudaron a construir la imagen que conservamos hasta hoy.

El espiritismo era más una pseudociencia que una superstición

Un punto muy interesante que destaca la doctora es la errónea concepción actual de lo que significa el espiritismo en general.

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Nos comenta que el ser humano tiene un profundo interés en los aspectos metafísicos de la existencia, de ahí que en todas las culturas del mundo hayan existido explicaciones en torno al más allá. Estamos hablando desde la antropología del ámbito religioso, en el que existen diversas creencias, conductas, prácticas y formas de organización.

Retrato de las hermanas Fox, médiums estadounidenses que iniciaron la tendencia de las sesiones espiritistas que hoy abundan en el cine y TV. Wikimedia Commons.
Retrato de las hermanas Fox, médiums estadounidenses que iniciaron la tendencia de las sesiones espiritistas que hoy abundan en el cine y TV. Wikimedia Commons.

“El espiritismo, corriente ocultista del siglo XIX, se ha asociado con otro tipo de prácticas. Por ejemplo la necromancia, que sostiene la posibilidad de comunicarse con los muertos, suele relacionarse al espiritismo, aunque sus propósitos sean muy distintos”.

A diferencia de lo que se cree, en su época el espiritismo le daba gran importancia a aspectos morales y filosóficos, con un fundamento cristiano, e intentaba explicar fenómenos en los que se relacionan lo visible y material con aquello no visible, inmaterial, mediante el discurso científico, dice la doctora.

“Es decir, en sus fundamentos, el espiritismo no busca relacionarse con ideas de fantasmas, lo sobrenatural y las supersticiones para alimentar miedos, sino explicar esa clase de fenómenos de un modo racional y encauzarlos a un fin moral”, explica.

La investigadora también menciona estar de acuerdo en que, por lo general, se ha difundido más la parte de los fenómenos sobrenaturales o excéntricos.

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Por casos como este, la doctora Adame González apunta que siempre es importante aclarar los términos y conceptos que empleamos.

Como ejemplo señala que entendemos por magia un sistema de conocimiento, ya sea como arte o ciencia, que se basa en analogías y correspondencias para explicar el universo. Aquí cabe distinguir entre una magia popular, vinculada a lo sobrenatural y la superstición o con actos circenses y de ilusionismo, y una magia culta, desarrollada por filósofos, pensadores y estudiosos en distintas épocas. Estas dos formas se distinguen también por su forma de inserción social y cultural.

Retrato del profesor Allan Kardec, quien además de desempeñarse como escritor y traductor fue un impulsor clave del espiritismo en México. Wikimedia Commons.
Retrato del profesor Allan Kardec, quien además de desempeñarse como escritor y traductor fue un impulsor clave del espiritismo en México. Wikimedia Commons.

“En este sentido, en el cine podemos ver representadas ambas clases de magia con sus respectivas vertientes; por ejemplo, la magia blanca o la magia negra, según los usos que se le den, para el bien o el mal, así como filmes que han abordado manifestaciones ocultistas como el espiritismo, desde diversas perspectivas, ya sea propagandística, educativa o propiamente artística, vinculada con géneros como el terror”.

No todas son películas de ficción, pues afirma que “incluso hay películas biográficas sobre los principales representantes del espiritismo moderno, como la película brasileña Kardec (2019), sobre la vida del creador de la doctrina espiritista, producida por grupos espiritistas brasileños”.

Otra producción similar es el corto animado Las hermanas Fox (The Fox Sisters, 2010) sobre las jóvenes que recibieron mensajes de los espíritus en Estados Unidos de Norteamérica y a partir de quienes se difundió la práctica de las mesas parlantes, la escritura automática y la comunicación por golpes”, señala nuestra entrevistada.

El cine mexicano y su mirada al espiritismo

Sobre el cine nacional, la doctora menciona la cinta mexicana Espiritismo (1961) de Benito Alazraki, considerada de terror sobrenatural pero que fue, en realidad, una producción anti espiritista:

Aunque la historia gira en torno a un matrimonio maduro, vamos a encontrar dos partes bien identificables. En la primera, se recrean sesiones espiritistas a las que acuden los personajes de José Luis Jiménez y Nora Veryán. Esta parte está muy bien lograda con una serie de fenómenos extraños, incredulidad y duda ante la posibilidad de comunicarse con los espíritus”.

Póster de la película “Espiritísmo” protagonizada por Beatriz Aguirre, Julissa, José Luis Jiménez, entre otros actores. Basada en el libro “La pata de mono” de W.W. Jacobs. ESPECIAL.
Póster de la película “Espiritísmo” protagonizada por Beatriz Aguirre, Julissa, José Luis Jiménez, entre otros actores. Basada en el libro “La pata de mono” de W.W. Jacobs. ESPECIAL.

Hasta ese punto, dice Adame González, la ambición es lo que mueve a la esposa a buscar alternativas para mejorar su calidad de vida. “Sin embargo, poco a poco se revela que la práctica espiritista va más allá de la adivinación o la predicción del futuro o de pactos”.

“En la segunda parte se retoma una antigua historia folklórica sobre una mano de mono disecada que cumple deseos. Hacia el final de la película, se dirige más hacia la magia, la superstición y la brujería”, comenta la doctora Dulce.

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Añade que en este sentido la película Espiritismo reúne varios aspectos, creencias y rituales que están directamente confrontados con la religión católica y le dan el aspecto de una película de terror, como la vuelta a la vida de los muertos, asesinatos y más. “Es una película muy entretenida”, señala.

Por otro lado, nos habla de la adaptación cinematográfica de El fistol del diablo (1961), una novela de Manuel Payno, que se publicó entre 1845 y 1846 como folletín y que tuvo una segunda edición en 1859 y 1860, ya en forma de libro.

Póster publicitario de la película mexicana “El fistol del diablo”, protagonizada por el carismático actor Roberto Cañedo. ESPECIAL.
Póster publicitario de la película mexicana “El fistol del diablo”, protagonizada por el carismático actor Roberto Cañedo. ESPECIAL.

Dirigida por Fernando Fernández, la cinta muestra la época del México contemporáneo, las aventuras y desventuras de personajes que se topan o invocan y pactan con el diablo, personificado en la figura de un elegante caballero.

“Es una película larga, pero muy entretenida que retoma los aspectos costumbristas locales de un motivo universal como es el pacto con el demonio y las consecuencias que puede tener. Sólo quiero aclarar que, aunque se mencionan elementos de mesmerismo, magia, catalepsia y otros fenómenos psíquicos, no se vincula con el espiritismo moderno, que surgió en Francia en la década de 1850”, relata la doctora.

Retrato de estudio del actor Roberto Cañedo. ESPECIAL.
Retrato de estudio del actor Roberto Cañedo. ESPECIAL.

A decir de nuestra entrevistada, además de la película Espiritismo (1962), otra recomendación de libros y sus adaptaciones es la película La tía Alejandra (1978) de Arturo Ripstein, con argumento de Delfina Careaga, y nos comenta lo siguiente:

“La historia se basa en un cuento de Delfina Careaga Muñeca vestida de azul incluido en el volumen Muñeca vestida de azul (1975). El cuento narra la historia de la tía Alejandra, quien repentinamente se queda sola tras morir su madre. Luego de este hecho, vende sus propiedades y decide mudarse a la casa de su sobrino Rodolfo.

Portada del libro de Delfina Careaga “Muñeca vestida de azul”, publicado en 1975. ESPECIAL.
Portada del libro de Delfina Careaga “Muñeca vestida de azul”, publicado en 1975. ESPECIAL.

“Con su llegada, la vida en familia cambia para bien de sus integrantes: la tía Alejandra los entretiene con leyendas maravillosas y juegos interesantes. Sin embargo, cierto día resbala con un patín olvidado por los niños y cae de las escaleras. Los pequeños se burlan de la anciana, pues a consecuencia del accidente la pierna se le deforma y se vuelve coja. También comienza a utilizar ropa de color azul. Este infortunio marca el principio de una serie de malos sucesos: enfermedades y muertes”.

A partir de ahí, dice la doctora Adame, la película nutre su trama con prácticas populares de espiritismo, magia y brujería. Resulta ser un filme entretenido y que, con pocos recursos, logró crear una atmósfera de terror, incluso psicológico, mediante la banda sonora y efectos de sonido, agrega.

La cinta apareció en un periodo de auge del cine de demonios, brujas y magia negra, con títulos como El exorcista (1973) de William Frieddkin y con guion de William Peter Blatty, basado en su propia novela homónima, de 1971.

Póster de la película mexicana “La tía Alejandra”, protagonizada por Isabela Corona y Diana Bracho. ESPECIAL.
Póster de la película mexicana “La tía Alejandra”, protagonizada por Isabela Corona y Diana Bracho. ESPECIAL.

De acuerdo con Arturo Ripstein, él se había planteado que Espiritismo fuera una película entretenida, sin pretensiones.

Para los lectores que busquen un plan alternativo en estas vacaciones de verano, la doctora Adame comparte que “esta película se acaba de proyectar y comentar en el Ciclo de Filmografía Esotérica que se presenta cada tercer sábado del mes en la sede de la Sociedad Teosófica en México y que continuará a lo largo del año”.

De los clásicos del cine espiritista mexicano, la doctora Dulce Adame destaca En la palma de tu mano (1951) con Arturo de Córdova, que mezcla el drama con las prácticas populares de astrología y lectura de mano (o quiromancia).

Este filme de Roberto Gavaldón explota el tema de la charlatanería en el mundo paranormal, pues el personaje principal se anuncia como astrólogo, quirósofo y ocultista, aunque en realidad estafa a sus clientes.

Póster de la cinta de Gavaldón "En la palma de tu mano" (1951). ESPECIAL.
Póster de la cinta de Gavaldón "En la palma de tu mano" (1951). ESPECIAL.

Para cerrar la entrevista, la doctora aclara que no todas las películas en las que aparecen espíritus, fantasmas o comunicaciones con los muertos hacen referencia al espiritismo moderno como corriente ocultista.

Por ejemplo, nos dice que puede haber rasgos y elementos propios de las corrientes esotéricas y ocultistas, pero muchas veces predominan otro tipo de códigos y discursos, como el del terror o lo fantástico.

“Lo mismo sucede en la literatura; hay cuentos y novelas que desarrollan la temática espiritista o que retoman algunos aspectos, rasgos o tópicos ya como medio de difusión de la doctrina o como propuesta estética; y hay creaciones que hablan de espíritus o de comunicación con el más allá y no por ello se vinculan con la doctrina histórica, por decirlo de algún modo”, concluye.

Hace 100 años, el espiritismo era noticia en los periódicos

Además de compartirnos el concepto original del espiritismo y las películas mexicanas que lo retrataron, la doctora Dulce Adame nos sugiere la lectura de un artículo del tema que publicó el influyente periódico El Imparcial en 1903.

Aquel texto iniciaba afirmando que “Todos los hombres de ciencia que están familiarizados con los procedimientos de observación y de experimentación” concordaban en que ocurren hechos de tres tipos: fraudes, alucinaciones “y otros cuyos objetivos, naturaleza y origen no pueden ser bien a bien comprobados”.

La inquietante publicación del diario "El Imparcial" criticó a los charlatanes del espiritismo, pero en el caso de la brujería su excepticismo era un tanto ambiguo. ESPECIAL.
La inquietante publicación del diario "El Imparcial" criticó a los charlatanes del espiritismo, pero en el caso de la brujería su excepticismo era un tanto ambiguo. ESPECIAL.

Para El Imparcial parecía ser un problema social, porque denunció que había “un gran número de charlatanes, que por medio del ‘espiritismo’ engañan a los demás y que, cobijados por el misterio de sus servicios y por su lenguaje cabalístico, vienen a ocupar el lugar que ocuparon los brujos y los hechiceros en otro tiempo.

El diario advertía a sus lectores acerca de las diferencias entre las distintas formas de engaño, para que evitaran caer en las manos de los charlatanes que se decían conocedores del futuro y el porvenir, además de solucionadores de cualquier tipo de problema, por más complicado que fuera.

Es interesante que desde el principio El Imparcial afirmaba que había hechos sin explicación científica, y que en los siguientes párrafos asociaba a los “espiritistas charlatanes” con los brujos y hechiceros, pero sin señalar a estos últimos de hacer el mismo tipo de fraude:

No hay quien ignore que en este siglo XX aún hay en México [...] brujas y hechiceros. Abunda este género que explota de la manera más triste las preocupaciones del pueblo, así como los defectos de éste, en cualquiera de los barrios.

Así como el artículo daba por hecho la presencia de brujas y hechiceros en el país, también comentaba que espacios como las vecindades jamás falta alguien que conociera

“...los secretos de plantas indígenas que darían muerte lenta, que embobarán, que atraerán a los hombres o a las mujeres, que dan 300 rituales, que causan determinado daño a determinada persona y que venden amuletos por los cuales el ladrón no puede ser descubierto. La mujer perdida tendrá muchos adoradores, el matón de barrio resulta ileso en las riñas de taberna”.

Para rematar, como es de esperarse de aquella época, señalaban a las yerberas, con la idea de que más común que el hechicero es la bruja, la que durante algunas horas del día vende en los mercados hierbas, las más para curar “el aire”, las otras contra el empacho, otras para embrujar o desembrujar, las del más allá, para dar buena fortuna, otras para usos criminales y que en realidad si algún efecto producen es el de enloquecer.

  • Fuentes consultadas:
  • Entrevista con Dulce María Adame González. Doctora en Letras por la UNAM, es investigadora en El Colegio de México. Entre sus líneas de investigación destaca la prensa y la literatura mexicana del siglo XIX y la relación entre literatura y espiritismo.

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