La noticia de la muerte de María Barrera, una "señorita de sociedad", acaparó la atención de la prensa en 1889. Las circunstancias del fallecimiento provocaron la curiosidad del público, en especial por la participación de reconocidos doctores, entre ellos el destacado doctor Federico Abrego.
El popular y poderoso diario El Imparcial atrajo el caso y desde el primer momento le dedicó la portada y primeras planas al sonado incidente, que muchos consideraron un ataque personal contra Abrego.
Para conocer más a detalle este caso entrevistamos a la historiadora Edith Castellanos, que ha estudiado e investigado esta tragedia de finales del siglo XIX.

Fue de las primeras obstetras en la CDMX
Por aquellos años las mujeres empezaban a destacar en este ámbito de la medicina como fue la primera médica mexicana: la doctora Matilde Montoya, quien se tituló en 1887.
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Muchas mujeres se dedicaban al tradicional oficio de la partería; sin embargo, esta tarea se profesionalizó ya que muchas jóvenes asistían a la Escuela de Medicina para obtener su título de Profesora de Obstetricia.
“Una destacada profesionista fue María Barrera, quien presentó su examen profesional en 1889 y ofrecía sus servicios para atender a embarazadas en la calle de San Juan de Dios, número 1. Fue aceptada en la Sociedad Médica Pedro Escobedo”, narra nuestra entrevistada, la historiadora Edith Castellanos.
“El 4 de octubre de 1898 se publicó en El Diario del Hogar una nota bajo el impactante encabezado ‘Un ángel más’, donde se leía que la recomendable señorita María Barrera era una profesora prodigiosa”, comentó la historiadora.
El caso estalló poco después, el viernes 28 de octubre, con la noticia de la muerte de la profesora María Barrera y la publicación en el diario El Imparcial:

"La misteriosa muerte de la señorita María Barrera, es el asunto del día en todos los círculos sociales, no se habla de otra cosa y los comentarios se suceden, las suposiciones aumentan y hay quien llega en alas de la fantasía a revestir el suceso con todos los caracteres sombríos y trágicos".
"Y hasta hoy, toda opinión que se emita sobre el particular resulta aventurada. El asunto está en poder de los doctores Maldonado y Morón y Silva y Valencia; ellos han solicitado el concurso del especialista histólogo doctor Don Manuel Toussaint Vargas, y los tres con toda discreción estudian el caso sometido a su consulta; el dictamen vendrá a descorrer el velo que cubre la misteriosa muerte, aun cuando no resulte ninguna responsabilidad, la justicia habrá cumplido con su deber procurando el esclarecimiento de los hechos".
"Si por el contrario se encuentran las huellas de un delito, sea éste cual fuere, la inexorable justicia condenará al culpable y devolverá a la sociedad la quietud y tranquilidad que necesita cuanto dentro de este misterioso caso en el que juegan personalidades que pertenecen a un grupo ilustrado”.

Toda la CDMX hablaba de la tragedia
“Nuestro reportero entrevistó anoche en la casa de la calle de San Juan de Dios a la madre de María y dice que no puede conformarse con las versiones extrañas que han circulado acerca de las relaciones entre su hija María y el doctor Abrego -con quien nunca conversaba- y que le concedió permiso para que visitara su casa en calidad de novio oficial, considerándolo un caballero”.
“Tiene grandes deseos la madre de saber si la joven fue víctima de algún crimen y espera con febril ansiedad el dictamen médico legal. Nos refirió que el día 2 del presente mes salió de su casa en la tarde para ir al templo de Santo Domingo quedándose en la casa sus dos hijas y el padre Franco".
"Regresó al oscurecer y entonces le entregaron el recado de María -quien había salido, según dijo, a asistir a una enferma- que a la 1 de la mañana salió con dirección al consultorio del médico aludido y ya no la volvió a ver si no muerta. Esto mismo dice que es lo que declaró ante el juzgado”.

Al respecto, nuestra entrevistada se refirió a estas noticias que circularon en El Imparcial y señaló que todos los pormenores del caso se comentaron en diferentes círculos de la sociedad, ya fuera en las tertulias realizadas en las suntuosas residencias de las colonias Juárez, Roma y Cuauhtémoc, en los cafés citadinos y hasta en las cantinas y pulquerías.
“El 2 de octubre de 1898 la profesora le avisó a su madre y hermanos que iría a atender a una paciente, pero en realidad acudió al consultorio del doctor Federico Abrego solicitando ayuda al galeno ya que sufría una fuerte hemorragia. Abrego le solicitó agua caliente a la mucama de unos vecinos, y le comentó que atendía a una paciente muy grave, como el galeno no pudo solucionar el problema corrió al Hospital de Jesús a pedir ayuda al doctor Altamira. Al llegar ambos a donde se encontraba María Barrera, ella ya había fallecido.

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“Se mandó avisar a sus familiares y se realizó el sepelio en el Panteón de Dolores. Un hombre se presentó en la estación de policía para solicitar una investigación sobre el acontecimiento. Nunca se supo si este personaje fue un hermano de la finada o un sacerdote amigo de la familia”, señala nuestra entrevistada.
Maestro y alumno en la polémica por esa muerte
Tras los conflictos como la Intervención Francesa y el Imperio de Maximiliano, el país alcanzaba cierta estabilidad. Un proyecto destacado fue la Escuela Práctica Médico Militar, cuyos cursos iniciaron en 1881 en el Hospital de San Lucas.
Aquel conjunto hospitalario se ubicaba en la antigua calle del Cacahuatal, hoy calle Escuela Médico Militar, entre las estaciones Pino Suárez y Merced del Metro de la CDMX.
Otra institución dedicada a la formación de personal para la atención de la salud fue la Escuela Nacional de Medicina, ubicada en el antiguo edificio del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición, en la Plaza de Santo Domingo.

Para Castellanos, resulta relevante la siguiente información para entender lo que sucedió un par de años después con el caso de la muerte de la doctora María Barrera:
“En 1883 el joven Casimiro Preciado, alumno de la Escuela Nacional de Medicina de México y de la Escuela Práctica Médico Militar, y que había realizado sus prácticas en los Hospitales Morelos y San Lucas, presentó su tesis".
Preciado, narra Castellanos, "empezó a ejercer su profesión de manera destacada y en octubre de 1892 los diarios de mayor circulación de la Ciudad de México señalaban que había realizado la primera nefrectomía (extirpación completa del riñón) en nuestro país".
En diversos diarios de aquellos días se publicó esta noticia reconociendo la importancia para el desarrollo de la cirugía en México, de acuerdo con nuestra entrevistada.
“La siguiente noticia sobre este eminente galeno se refiere a su participación en uno de los más grandes escándalos de finales del siglo XIX: el "duelo" Romero-Verastegui, en el que participó como médico”.
El diputado de Querétaro (Francisco Romero) y el Administrador General del Timbre (José C. Verastegui) del Porfiriato se enfrentaron a mano armada en el último "duelo de honor" que presenció la CDMX.
Sobre el famoso duelo y como ya lo compartimos en Mochilazo en el Tiempo, la historiadora señala que en ese entonces fue tal el escándalo que se realizó un juicio para deslindar responsabilidades y encontrar culpables.
Este proceso se dio tanto en los tribunales como en la prensa, aunque en la última se discutía el papel del médico Casimiro Preciado. Al final, el doctor Preciado salió bien librado de este asunto.
Y aquí es cuando viene un sorprendente giro en los eventos que enlaza ambos casos, ya que uno de los ayudantes del doctor Preciado fue Federico Abrego, quien cursó sus estudios gracias a una beca del gobierno del estado de Veracruz y quien, además, fue Mayor médico cirujano del Cuerpo Médico militar.

Abrego se dedicó a atender enfermedades de los ojos en el Consultorio Médico Quirúrgico gratuito establecido por un grupo de jóvenes galenos en la Farmacia Arbeu, ubicada en el número 19 de la calle de San Felipe Neri.
Para cerrar, la historiadora cuenta que el doctor Abrego fue detenido, se realizó un juicio donde se narró en la prensa los pormenores de la autopsia practicada a María Barrera y la revictimizaron, ya que se descubrió que la causa de su muerte había sido un aborto.

La madre de María narró ante las autoridades y la prensa que el doctor Abrego le había pedido permiso para visitar a su hija como novio, pero que el médico ya tenía una familia y un hijo de una relación cuando fue estudiante.
Al cabo de cumplir unos meses en la Cárcel de Belén, el doctor Abrego salió libre y más tarde se marchó a Estados Unidos. Fuentes señalan que regresó a México y murió en 1905.
- Fuentes:
- Entrevista con la historiadora Edith Castellanos.
- Periódico "El Imparcial".
- Periódico "El Universal".


