En 1954, el montañismo nacional quiso dar su justo lugar a la mujer excursionista y organizó la . Siete hábiles mujeres viajaron a Canadá para subir algunos de sus más importantes picos, en una demostración de las verdaderas capacidades del mal apodado “sexo débil”.

Los años 50 fueron un periodo de necesaria apertura para las mujeres, con el voto femenino aprobado desde 1953 y clubes deportivos respaldando a más señoritas para practicar disciplinas consideradas masculinas.

Desde su preparación en las cumbres del Área Metropolitana hasta lo más alto del Monte Victoria, la expedición prometió reivindicar el lugar de la mujer mexicana en el montañismo, pero todo terminó en tragedia con la muerte de cuatro integrantes.

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Gran parte de la información sobre la Primera Expedición Femenina Mexicana la obtuvimos gracias a Enrique Chávez Poupard, rescatista con 51 años de experiencia, dos veces presidente del Socorro Alpino e investigador del montañismo nacional.

Entre su extenso archivo se encuentra el informe oficial escrito por la montañista Ofelia Fernández, con fecha del 22 de septiembre de 1954 y entregado a la Federación Mexicana de Excursionismo, con una descripción detallada de la expedición.

Miembros de la expedición a las Rocallosas en su baile de despedida. Según comentó Luz María Guzmán, “a ninguna le cayó bien el nombramiento [de Eduardo San Vicente como asesor], pues ya llevaban mucho tiempo saliendo juntas y solas, pero tuvieron que apechugar”. ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.
Miembros de la expedición a las Rocallosas en su baile de despedida. Según comentó Luz María Guzmán, “a ninguna le cayó bien el nombramiento [de Eduardo San Vicente como asesor], pues ya llevaban mucho tiempo saliendo juntas y solas, pero tuvieron que apechugar”. ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.

Un lugar para la mujer excursionista mexicana

En su edición del 8 de enero de 1954, EL UNIVERSAL informó sobre los planes para una revolucionaria expedición montañista mexicana, conformada sólo por mujeres alpinistas que se aventurarían en las complicadas Montañas Rocallosas de Canadá.

La idea fue de Roberto Mangas, primer mexicano en ascender a 100 cumbres de más de 5 mil metros de altura. El experimentado alpinista comentó a EL UNIVERSAL que la “mujer montañista mexicana podría tener un lugar prominente en el deporte internacional, dadas sus grandes facultades físicas y morales”.

El objetivo era “brindar a la mujer excursionista mexicana, al igual que otros deportes, la oportunidad de demostrar que en nuestra patria hay mujeres capaces de realizar ascensiones de importancia y plantar nuestra bandera en cumbres extranjeras”.

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Los organizadores de la Primera Expedición Femenina Mexicana eligieron a las mejores montañistas según su récord de excursiones, compañerismo y moralidad, para llevar la bandera nacional hasta la cima de los principales picos canadienses.

Expedición Femenina a las Rocallosas. Al principio, este proyecto tenía el respaldo del Comité Pro-Expedición Mexicana al Himalaya, un grupo de destacados montañistas que planeaban otros ascensos a picos internacionales; pero un mes antes de la expedición cesaron su apoyo, dejando “absolutamente solas” a las alpinistas. Foto: ESPECIAL/Cortesía Luz María Guzmán.
Expedición Femenina a las Rocallosas. Al principio, este proyecto tenía el respaldo del Comité Pro-Expedición Mexicana al Himalaya, un grupo de destacados montañistas que planeaban otros ascensos a picos internacionales; pero un mes antes de la expedición cesaron su apoyo, dejando “absolutamente solas” a las alpinistas. Foto: ESPECIAL/Cortesía Luz María Guzmán.

Las mujeres pre-seleccionadas fueron Ofelia Fernández, miembro y reina del Club de Exploraciones de México; Margarita Vivanco de la Liga de Excursionismo del Seguro Social; Carmen Rubio del Club Montañistas Hidalgo; y Beatriz Díaz del Grupo Alta Montaña “Rieleros”.

También estuvo María García de la Cruz Roja Mexicana; Bertha Bonequi del Club Telefonistas; Lucía Ocaranza, entonces Reina del Excursionismo Mexicano y alpinista del Club De Exploraciones Tequitepetl y de la Industria Militar; María Luisa Fabila del Club “Anfora”; y Juanita F. de Molina.

Según describió Ofelia Fernández en su informe sobre la expedición, facilitado por Enrique Chávez Poupard para Mochilazo en el Tiempo, todas las candidatas cumplían con el requisito de 20 ascensiones a montañas de más de 5 mil metros, como mínimo, además de contar con el respaldo de sus clubes excursionistas.

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La Primera Expedición Femenina Mexicana contempló subir a los Montes Victoria de 3 mil 464 metros, Lefroy de 3 mil 423 y Eisenhower de 2 mil 766, en sólo siete días.

Lucía Ocaranza fue Reina del Excursionismo Mexicano desde 1952 hasta el momento de su muerte en 1954. La respaldó la Industria Militar, además de ser miembro del Club Tequitépeth. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.
Lucía Ocaranza fue Reina del Excursionismo Mexicano desde 1952 hasta el momento de su muerte en 1954. La respaldó la Industria Militar, además de ser miembro del Club Tequitépeth. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.

Su entrenamiento inició en enero de 1954, bajo la supervisión de los alpinistas Eduardo San Vicente y Eduardo Palomé. La capacitación no se centró en montañismo, dada la experiencia y habilidades de las seleccionadas, sino en “acoplar conocimientos técnicos y morales hacia el buen entendimiento y compañerismo necesarios en los días enteros que tendrán que convivir”, comentó Roberto Mangas a EL UNIVERSAL.

La primera parte del entrenamiento fue en el Ajusco, para conocer el paso y resistencia de las pre-seleccionadas; continuó en zonas rocosas para fortalecer sus escalamientos y finalizó en montañas nevadas con grietas, siendo lo más parecido a lo que encontrarían en la cordillera norteamericana.

La principal prueba fue pasar cuatro días y cuatro noches en la cumbre del Iztaccíhuatl, aplicando tácticas de campamento, escaladas y “equipo de conjunto”.

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Mochilazo en el Tiempo entrevistó a Luz María Guzmán, hija de la montañista Ofelia Fernández, para conocer más detalles de la expedición femenina. Según comentó, el ascenso a las Rocallosas fue la primera vez que su madre y las otras seleccionadas salían al extranjero para sus actividades alpinistas, aunque ya habían dominado la mayoría de cumbres mexicanas.

Carta de autorización para la Expedición Montañista Femenina Mexicana. En su reporte, Ofelia Fernández aseguró que su único objetivo era “ser útiles a la futura organización de expediciones”. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.
Carta de autorización para la Expedición Montañista Femenina Mexicana. En su reporte, Ofelia Fernández aseguró que su único objetivo era “ser útiles a la futura organización de expediciones”. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.

Guzmán afirmó que los meses de entrenamiento funcionaron para que las alpinistas “se conocieran y así acoplarse en paso y ritmo en la montaña; la convivencia era cordial, todas querían conocerse más”.

A finales de junio se decidió que Ofelia Fernández comandaría la expedición a las Rocallosas, con María García, Lucía Ocaranza, María Luisa Fabila, Margarita Vivanco, Beatriz Díaz y Carmen Rubio como compañeras. “Algunas ya no pudieron seguir por falta de recursos o porque no tenían permiso familiar”, comentó Luz María Guzmán.

También se decidió que Eduardo San Vicente acompañaría a las siete montañistas en calidad de asesor técnico, a fin de “eliminar dudas que surgieron por tratarse precisamente de la primera expedición femenina”, según indicó el informe de Ofelia Fernández. A consideración de nuestro experto, Enrique Chávez, no hubo entera confianza de que las mujeres seleccionadas pudieran lograrlo solas.

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La Confederación Deportiva Mexicana dio luz verde a la Primera Expedición Femenina Mexicana el 15 de julio de 1954, pidiendo a sus participantes “se comporten como buenos mexicanos” y no abandonen su compañerismo durante toda la travesía.

Ascenso en el Monte Victoria. Según indicó su organizador, Roberto Mangas, las montañistas “salieron [con rumbo a Canadá] llenas de ilusiones y entusiasmo, ya que llevaban en su espíritu el optimismo de su juventud y el resultado de sus conocimientos y experiencia”. Foto: ESPECIAL/Cortesía Luz María Guzmán.
Ascenso en el Monte Victoria. Según indicó su organizador, Roberto Mangas, las montañistas “salieron [con rumbo a Canadá] llenas de ilusiones y entusiasmo, ya que llevaban en su espíritu el optimismo de su juventud y el resultado de sus conocimientos y experiencia”. Foto: ESPECIAL/Cortesía Luz María Guzmán.

Atravesaron México y Estados Unidos para llegar a su destino

El viaje a Canadá inició el 17 de julio de 1954. Antes de ponerse en marcha, las alpinistas visitaron la Basílica de Guadalupe, “para suplicar ayuda y protección”.

Las siete montañistas y su asesor partieron de la estación de ferrocarriles de Buenavista, despedidas por sus amigos y familiares que les desearon buen viaje y un pronto regreso. En palabras de Ofelia, “nuestras gargantas apretadas y nuestros húmedos ojos se desbordaron al oír las primeras notas de Las Golondrinas”.

Para el 19 de julio llegaron a Ciudad Juárez, Chihuahua; ahí se dividieron en dos grupos para cruzar a E.U., tardando tres o cuatro días más en llegar a Seattle. Aprovecharon el trayecto para completar su equipo y comprar comida deshidratada.

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El 26 de julio llegaron a Canadá; un día después arribaron al Lago Louise del Parque Nacional Banff y dos días más tarde al Refugio del Paso Abbot, una cabaña de piedra construida en 1922 entre los montes Lefroy y Victoria, a casi 3 mil metros de alto.

Las siete alpinistas mexicanas en el Refugio del Paso Abbot, con sus banderines. Según comentó Luz María Guzmán, su madre decía “fuimos colegas, compañeras de montaña, pero no amigas”. Foto: ESPECIAL/Cortesía Luz María Guzmán.
Las siete alpinistas mexicanas en el Refugio del Paso Abbot, con sus banderines. Según comentó Luz María Guzmán, su madre decía “fuimos colegas, compañeras de montaña, pero no amigas”. Foto: ESPECIAL/Cortesía Luz María Guzmán.

Entre el 28 y 29 de julio, los ocho mexicanos analizaron “vertientes, rutas y todo lo referente a las ascensiones que nos ocupan y dejamos listo el equipo para la ascensión a la cumbre”, según describió Ofelia Fernández. Debido a un dolor de pierna, Margarita Vivanco decidió quedarse en el refugio, sin subir al Monte Victoria.

Los preparativos fueron meticulosos, con comida y combustible suficientes para ocho personas durante 10 días. Su ropa soportaba hasta 30 grados bajo cero y tenían el mejor equipamiento para montañismo, como crampones, piolets con seguro de pulsera, aditamentos para acampar y de primeros auxilios.

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El 29 de julio de 1954, EL UNIVERSAL informó que el glaciar canadiense estaba “sumamente accidentado, con grietas y constantes avalanchas; esto obligará al grupo expedicionario a emplear sus máximos conocimientos adquiridos en sus ascensiones durante los seis meses que duraron sus meticulosos entrenamientos”.

Alpinistas en el Parque Nacional Banff. Tenían raciones para tener 4 mil calorías diarias, comiendo galletas con mantequilla y mermelada, chocolate, leche, huevos, carne de res curada y frutos secos. Foto: ESPECIAL/Cortesía Luz María Guzmán.
Alpinistas en el Parque Nacional Banff. Tenían raciones para tener 4 mil calorías diarias, comiendo galletas con mantequilla y mermelada, chocolate, leche, huevos, carne de res curada y frutos secos. Foto: ESPECIAL/Cortesía Luz María Guzmán.

“¿Es que no vamos a morir juntas?”

En entrevista para Mochilazo en el Tiempo, Luz María Guzmán comentó que, una noche antes de subir al Monte Victoria, Ofelia Fernández y Eduardo San Vicente decidieron cuál sería la ruta para ascender, aunque “el ataque a la cumbre lo marcó San Vicente”.

De acuerdo con la hija de Fernández, su madre “no quería entrar en conflicto [con el asesor técnico] […], pero no estaba tan convencida de la ruta a seguir porque había muchas lajas [piedra suelta] con nieve y lo único que propuso fue hacer dos cordadas”, es decir, atarse unos con otros para tener un ascenso y descenso seguro.

San Vicente se ataría a Lucía Ocaranza, María Luisa Fabila y Beatriz Díaz, por ser las más altas y con mayor peso, dejando a Fernández con María García y Carmen Rubio.

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En su informe, la jefa de la expedición recordó un curioso comentario que Lucía Ocaranza dirigió a María García antes de dormir: “amiga, ¿es que no vamos a morir juntas?”, pues estaban en cordadas separadas. Por su parte, Beatriz Díaz dijo a la entonces Reina del Montañismo Mexicano “¡Yo sí voy a morir contigo! ¿Quieres?”.

Llegada a la cima del Monte Victoria. Minutos antes de comenzar con su ascenso, Ofelia Fernández escribió en su diario “que nuestras madrecitas nos tengan en todo momento presentes”.  Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.
Llegada a la cima del Monte Victoria. Minutos antes de comenzar con su ascenso, Ofelia Fernández escribió en su diario “que nuestras madrecitas nos tengan en todo momento presentes”. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.

Amaneció el 30 de julio de 1954 en el Refugio del Paso Abbot y la Primera Expedición Femenina Mexicana comenzó con su ascenso. La cordada con Ofelia, Carmen y María tomó la delantera, pero un resbalón les quitó confianza en sus pasos y el grupo de Eduardo, Lucía, Beatriz y María Luisa las rebasó.

La cordada de San Vicente llegó a la cumbre a las 11:15 de la mañana, mientras que Fernández y su grupo alcanzaron la cima 10 minutos después. “A mi mamá no le importaban esos detalles [que San Vicente y su cordada llegaran antes a la cima], pero eso no estuvo bien, pues ella era la jefa de expedición]”, nos comentó Luz María.

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“La contemplación de las alturas, de los obstáculos salvados, los abrazos espontáneos y sinceros de los amigos. [Se siente] Esta paz, esta felicidad lograda a base de osadía, porque ahí están al acecho el viento, el frío, la tormenta y los abismos”, escribió Ofelia sobre su experiencia en la cumbre del Monte Victoria.

Expedición femenina por las Rocallosas. Según EL UNIVERSAL, Lucía y Beatriz tenían planes para casarse a su regreso. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.
Expedición femenina por las Rocallosas. Según EL UNIVERSAL, Lucía y Beatriz tenían planes para casarse a su regreso. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.

Al mediodía, las dos cordadas iniciaron el descenso; Eduardo, Lucía, María Luisa y Beatriz iban siete metros delante del grupo de Ofelia. Según comentó Luz María Guzmán, “mi mamá les dijo [a María y Carmen] ‘las lajas están muy sueltas y la nieve se está derritiendo; se mueve una y las otras dos aseguran, vamos a bajar despacio’”.

Minutos después, Fernández escuchó un fuerte “¡No! ¡Oh, no!”. “¡La cordada de Eduardo se ha soltado, nadie se halla asegurado, se están deslizando! ¡Por Dios!”, detalló la jefa de la expedición en su reporte.

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En entrevista con EL UNIVERSAL, Ofelia relató que “los cuatro [Eduardo, Lucía, María Luisa y Beatriz] hacían esfuerzos por detenerse con sus piolets, pero poco a poco se fueron perdiendo de nuestra vista en el desfiladero del glaciar”.

Las seis montañistas que alcanzaron la cumbre del Monte Victoria. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.
Las seis montañistas que alcanzaron la cumbre del Monte Victoria. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.

“El impacto con las rocas se produce y desaparecen con funesto estallido. Piedras y nieve los acompañan en su caída”, describió Fernández en su reporte. Luz María Guzmán nos compartió que, al momento del accidente, su madre sólo pudo pensar que tenía que salir bien de la montaña, volver a México viva y con su familia.

Con “esfuerzos sobrehumanos”, la única cordada en pie de la Primera Expedición Femenina Mexicana continuó su trayecto. Dieron las 7 de la noche cuando las alcanzaron dos hombres, Ernest Feuz y Charles Roland, quienes se amarraron a ellas y les ayudaron a llegar al Refugio del Paso Abbot.

Servicios de rescate alpino y reporteros ya sabían del accidente al momento que Ofelia, Carmen y María llegaron al refugio. Junto con Margarita Vivanco, las trasladaron hasta un sitio llamado Cabaña del Té, mientras otro equipo de rescatistas iniciaba la localización de los mexicanos caídos.

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El primero de agosto de 1954, EL UNIVERSAL publicó informes preliminares sobre el lo ocurrido en las Rocallosas y calculó que la caída de los cuatro alpinistas rebasó los 500 metros, siendo segura su muerte. Casi 24 horas después del accidente, rescatistas localizaron los cuerpos; tardaron dos días más en mandarlos a Calgary para embalsamarlos, mientras las sobrevivientes esperaban instrucciones de México.

Lucía, María Luisa y Beatriz en la cima del Monte Victoria, rezando. Según comentó Enrique Chávez, una de ellas dijo en ese momento “será un privilegio morir con ustedes”. Foto: ESPECIAL/Diario Ovaciones/Cortesía Luz María Guzmán.
Lucía, María Luisa y Beatriz en la cima del Monte Victoria, rezando. Según comentó Enrique Chávez, una de ellas dijo en ese momento “será un privilegio morir con ustedes”. Foto: ESPECIAL/Diario Ovaciones/Cortesía Luz María Guzmán.
Fotografía de las cuatro sobrevivientes de la expedición a las Rocallosas. La hipótesis sobre el accidente indicó que una de las alpinistas resbaló con su peso jaló al resto de su cordada. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.
Fotografía de las cuatro sobrevivientes de la expedición a las Rocallosas. La hipótesis sobre el accidente indicó que una de las alpinistas resbaló con su peso jaló al resto de su cordada. Foto: Hemeroteca EL UNIVERSAL.

La capital las recibió y sepultó como heroínas

EL UNIVERSAL siguió de cerca la tragedia de las Rocallosas. En su edición del 2 de agosto, informó que familiares y representantes del montañismo solicitaron al entonces presidente Adolfo Ruíz Cortines una aeronave de la Fuerza Aérea para traer de vuelta a los alpinistas fallecidos, así como a las mujeres sobrevivientes.

Ruíz Cortines giró órdenes para que “La Barca de Oro”, avión del Banco de México, trasladara a los alpinistas de Canadá a Texas; desde ahí, la aeronave “El Hacendario”, de la Secretaría de Hacienda, concluiría el trayecto hacia nuestra capital. El presidente expresó su pésame por “la tragedia que enluta a los deportistas nacionales, pero tengo la certeza de que han cumplido con su deber de mexicanos”.

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Para el 5 de agosto de 1954 y luego de 19 días lejos de su país, los integrantes de la Primera Expedición Femenina Mexicana arribaron al entonces Aeropuerto Central. Por convocatoria de la FME y la Confederación Mexicana de Deporte, al menos 4 mil personas se dieron cita en la pista de aterrizaje para recibir a los montañistas.

Montañistas y ciudadanos en el Aeropuerto Central de la CDMX, esperando el arribo de los féretros y las sobrevivientes. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard
Montañistas y ciudadanos en el Aeropuerto Central de la CDMX, esperando el arribo de los féretros y las sobrevivientes. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard
Llegada a la CDMX de los féretros. El gobierno de Adolfo Ruíz Cortines se encargó de los gastos de traslado, alcanzando los mil 600 dólares; cada club pagó el funeral de su montañista fallecido. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.
Llegada a la CDMX de los féretros. El gobierno de Adolfo Ruíz Cortines se encargó de los gastos de traslado, alcanzando los mil 600 dólares; cada club pagó el funeral de su montañista fallecido. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.

El primer ataúd en descender fue el de Lucía Ocaranza; el féretro de quien fuera Reina de los Excursionistas lució el banderín de Industria Militar. El segundo fue Eduardo San Vicente, con la bandera del Club “Rieleros” y la de su expedición al Volcán Chimborazo.

La siguiente fue Beatriz Díaz, con su féretro luciendo el distintivo de “Rieleros”; seguida por María Luisa Fabila, con el banderín del Club Cóndor-Anfora en su ataúd. Según se leyó en EL UNIVERSAL, Ofelia, Carmen, María y Margarita descendieron del avión luciendo “pálidas, demacradas, con la angustia reflejada en el rostro”.

Una vez cargados en carrozas, el cortejo fúnebre avanzó por varias calles de la ciudad hasta una funeraria entre Av. Insurgentes y Liverpool donde se instaló la capilla ardiente. Miembros de asociaciones montañistas solicitaron que se rindiera un homenaje de cuerpo presente en el Palacio de Bellas Artes, pero no se logró.

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El eterno descanso de los cuatro alpinistas quedó en el Panteón Jardín, rodeados por 2 mil deportistas durante su entierro, según estimó de EL UNIVERSAL.

Féretro del alpinista Eduardo San Vicente, llegando a la CDMX. Tenía 22 años de experiencia en alta montaña, con ascensos al Aconcagua, Chimborazo, Monte McKinley y Huascarán. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.
Féretro del alpinista Eduardo San Vicente, llegando a la CDMX. Tenía 22 años de experiencia en alta montaña, con ascensos al Aconcagua, Chimborazo, Monte McKinley y Huascarán. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.
Llegada al DF de los féretros. El entonces presidente de la FME, José Muñoz Ayala y David Castell Blanch, presidente del Socorro Alpino, tramitaron todos los permisos para el traslado de cuerpos. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.
Llegada al DF de los féretros. El entonces presidente de la FME, José Muñoz Ayala y David Castell Blanch, presidente del Socorro Alpino, tramitaron todos los permisos para el traslado de cuerpos. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.

Las mujeres no desaparecieron del montañismo mexicano

La misma tarde del 5 de agosto de 1954, nuestros reporteros entrevistaron a Ofelia Fernández, recién instalada en su casa familiar. La jefa de la Primera Expedición Femenina Mexicana sostuvo que “tuvimos la esperanza de que vivirían […], pero cuando se nos informó que resbalaron por cantiles de piedras, comprendimos que la fatalidad nos hizo perder a los queridos componentes de nuestro grupo, que tuvieron esa desgracia por azar o destino”.

Tras lo ocurrido en las Montañas Rocallosas y según nos comentó Luz María Guzmán, todos querían buscar un culpable por las muertes de los cuatro montañistas. Pero Ofelia Fernández, “sabiendo cuál había sido el principal error, no lo echó en cara, no le tiró tierra a nadie. No era protagónica ni buscaba méritos”.

Fernández no dejó que lo ocurrido en la fallida expedición afectara su pasión por el montañismo y “siguió saliendo […] para hacer montañas en México”, comentó su hija. Sus ascensos continuaron hasta 1959, cuando se convirtió en madre; a partir de entonces optó por el senderismo y cerros más fáciles, pues decía “no quiero dejar a mis hijos huérfanos”, aseguró Guzmán.

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Quien fuera jefa de la primera expedición internacional encabezada por mujeres mexicanas falleció el 23 de septiembre del 2024 a sus 99 años, siete décadas después de su ascenso al Monte Victoria.

Ofelia Fernández en el Parque Nacional Banff, años después de la expedición femenina. Según comentó Luz María Guzmán, “mi mama empezó a caminar por los cerros y montañas de la CDMX a sus 14 o 15 años. Siempre le gustó la naturaleza, sentir el aire, ver la cumbres nevadas, caminar entre bosques, algo que toda su vida disfrutó y la llenaba muchísimo”. Foto: ESPECIAL/Cortesía Luz María Guzmán.
Ofelia Fernández en el Parque Nacional Banff, años después de la expedición femenina. Según comentó Luz María Guzmán, “mi mama empezó a caminar por los cerros y montañas de la CDMX a sus 14 o 15 años. Siempre le gustó la naturaleza, sentir el aire, ver la cumbres nevadas, caminar entre bosques, algo que toda su vida disfrutó y la llenaba muchísimo”. Foto: ESPECIAL/Cortesía Luz María Guzmán.
Placa en la cima del Monte Victoria, homenaje a las víctimas de la expedición femenina de 1954; el montañista Luis Ledesma y otros compañeros la colocaron en el doceavo aniversario de la tragedia. Foto: ESPECIAL/Cortesía Javier Salazar.
Placa en la cima del Monte Victoria, homenaje a las víctimas de la expedición femenina de 1954; el montañista Luis Ledesma y otros compañeros la colocaron en el doceavo aniversario de la tragedia. Foto: ESPECIAL/Cortesía Javier Salazar.

A consideración de la hija de Ofelia Fernández, si la expedición femenina de 1954 hubiera tenido éxito, las asociaciones montañistas habrían continuado con los planes de “llevar a las mujeres mexicanas a montañas de Sudamérica para que se siguieran preparando y, en dos años más, ir al Himalaya”.

Por su parte, Enrique Chávez sostuvo que, a raíz del accidente en las Rocallosas, “se frenó mucho lo de las expediciones femeninas, hasta los años 60. Si todos hubieran regresado, hubiera sido una de las mejores”.

La presencia de mujeres en el montañismo mexicano no cesó tras la tragedia en Canadá, pero pasaron varios años antes de volver a ver expediciones femeninas organizadas por clubes de excursionismo.

El reporte de 1954 que Ofelia Fernández entregó sobre la Primera Expedición Femenina Mexicana a las Montañas Rocallosas cerró así: “Eduardo San Vicente, Beatriz Díaz, Lucía Ocaranza, María Luisa Fabila, hermosos nombres que alegraron nuestros días, ¡la blancura y la paz de la montaña sea con vosotros!”.

Integrantes de la expedición femenina a las Rocallosas. Según EL UNIVERSAL, fue Margarita Vivanco desde el Refugio del Paso Abbot quien solicitó ayuda para sus compañeras, pues a través de los prismáticos notó el grave accidente en el Monte Victoria. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.
Integrantes de la expedición femenina a las Rocallosas. Según EL UNIVERSAL, fue Margarita Vivanco desde el Refugio del Paso Abbot quien solicitó ayuda para sus compañeras, pues a través de los prismáticos notó el grave accidente en el Monte Victoria. Foto: ESPECIAL/Cortesía Enrique Chávez Poupard.

Fuentes:

Hemeroteca EL UNIVERSAL

Entrevista y material de Luz María Guzmán, hija de la montañista Ofelia Fernández Vilchis.

Entrevista, material y asesoramiento de Enrique Chávez Poupard, miembro del Socorro Alpino desde 1974, donde fue Presidente en 1992 y 2017, Jefe de Brigada y Secretario. Egresado de Trabajo Social por la UNAM.

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