La semana pasada Guadalajara reunió a productores, autoridades y especialistas de toda América Latina con motivo de la inauguración de la antena regional de oriGIn, organización internacional que agrupa a productores y titulares de denominaciones de origen (DO) e indicaciones geográficas (IG) alrededor del mundo. El evento coincidió además con la reunión bianual de directores generales de oficinas de propiedad intelectual de América Latina organizada por la OMPI, convirtiendo a Jalisco en el punto de encuentro de quienes participan en la protección y promoción de estos activos.
Durante la inauguración, Santiago Nieto, quien recientemente concluyó su gestión al frente del IMPI, describió a los productos protegidos por estas figuras como “arrogantemente mexicanos”. La expresión puede parecer provocadora, pero encierra una realidad difícil de cuestionar. Existen productos cuyo valor no proviene únicamente de su calidad o reputación, sino también de su vínculo con un territorio, una comunidad y una tradición productiva que no pueden trasladarse ni reproducirse en cualquier lugar del mundo.
Durante muchos años, la conversación en torno a las DO e IG se concentró en la protección jurídica y en la narrativa – tan atractiva como necesaria – de identidad, territorio y tradición que las acompaña. La meta era obtener una declaratoria, conseguir reconocimiento nacional e internacional y evitar usos indebidos. Todo ello sigue siendo importante, pero en Guadalajara el mensaje fue distinto. Más allá de la protección, la atención estuvo puesta en la explotación efectiva de estas figuras y en su capacidad para generar riqueza, bienestar y oportunidades para las comunidades que representan.
La verdadera prueba de una DO o una IG no llega el día en que se publica una declaratoria en el Diario Oficial. Llega años después, cuando esa protección se traduce en empleos, exportaciones, turismo, inversión y desarrollo regional. Lo que vuelve arrogantemente mexicana a la Vainilla de Papantla – y arrogantemente colombiano el Café de Colombia – no es la existencia de una declaratoria. Es la capacidad de transformar esa protección en bienestar, desarrollo y oportunidades.
Durante el evento, Alfredo Rendón, hoy director de oriGIn LATAM y ex director general del IMPI, recordó una idea que me acompañó desde mi llegada, en 2013, a dicha dirección general: la necesidad de llamar las cosas por su nombre. No todos los productos vinculados a un origen geográfico encajaban necesariamente en el concepto de DO, razón por la cual México incorporó formalmente las IG a su legislación en 2018, fortaleciendo así las herramientas disponibles para proteger y explotar productos vinculados a su origen. Hoy, además, contamos con marcas de certificación, ofreciendo a productores, artesanos y comunidades herramientas inspiradas tanto en la tradición europea como en la estadounidense para proteger y explotar comercialmente aquello que los hace únicos.
La elección del Consejo Regulador del Tequila (CRT) como sede de oriGIn LATAM tampoco es casual. Más allá de su relevancia histórica, cultural y económica, el tequila representa probablemente el caso de éxito más visible del continente americano en esta materia. Tan sólo en 2024, la agroindustria tequilera quedó a nada de alcanzar los 500 millones de litros de producción, exportó más de 400 millones de litros y generó oportunidades para más de 42 mil productores de agave.
Sin embargo, siempre he pensado que la mayor fortaleza del tequila no es la DO en sí misma. Lo más valioso es el modelo de autorregulación construido alrededor de ella. A través de este modelo, los distintos integrantes de la cadena productiva agave-tequila han aprendido a trabajar hombro con hombro, construir consensos y defender intereses comunes. La DO sembró la semilla; el CRT permite la cosecha.
Quizá esa sea la principal lección que deja Guadalajara. Las DO, las IG y las marcas de certificación son herramientas extraordinarias, pero ninguna funciona por sí sola. Su éxito depende de la capacidad de autorregulación para organizarse, promoverlas, defenderlas y explotarlas. Es una pena que no todas las DO mexicanas hayan logrado desarrollar esquemas similares, pues ahí radica buena parte de la diferencia entre una declaratoria y una verdadera historia de éxito.
Por ello, el reto para los próximos años no parece consistir únicamente en obtener más declaratorias, aunque desde luego sean bienvenidas. La prioridad debe estar en lograr que las figuras con las que ya contamos produzcan más bienestar para las comunidades que representan. Si algo demostró Guadalajara, es que la protección sigue siendo indispensable, pero que el verdadero éxito se encuentra en la explotación. Al final del día, una DO, una IG o una marca de certificación valen tanto como la prosperidad que son capaces de generar.
Y en eso, el tequila sigue siendo, con toda razón, arrogantemente mexicano.
CAMBIANDO DE TEMA: Mi reconocimiento y gratitud a Santiago Nieto por el impulso brindado a la Pl y al IMPI durante su gestión. Le deseo el mayor de los éxitos en el proyecto que está por iniciar.
Especialista en propiedad intelectual y protección de innovación
X: @MA_Margain

