Irán eligió los días en que Estados Unidos celebraba el 250 aniversario de su independencia para organizar un evento de gran escala, cuidadosamente coreografiado: el funeral del Ayatola Alí Khamenei, asesinado, junto con parte de su familia y de su círculo cercano, el mismo día en que Israel y Washington iniciaron la guerra contra ese país. El evento ha buscado proyectar la imagen de un país resiliente y cohesionado; de un gobierno que goza de respaldo tanto interno como externo y que sobrevive a los ataques coordinados de la superpotencia más poderosa del mundo y de la potencia militar más fuerte de su región. Pero, además, justo cuando Trump afirma que Estados Unidos derrotó absolutamente a Irán, la ceremonia congrega a varios gobiernos regionales, muchos de los cuales son aliados de Washington y fueron directamente atacados por Teherán como parte de su estrategia de resistencia. Más que hechos que prueben la cohesión o la resiliencia de Irán, se trata de una guerra de narrativas cargada de simbolismos que merece algunos apuntes.
1. El evento ha sido concebido para proyectar resistencia, unidad y cohesión nacional, además de resiliencia y legitimidad del régimen. Si recordamos cómo inicia el episodio actual, tenemos que remontarnos a las protestas masivas de finales de diciembre y enero, las mayores de las que se tiene registro en la historia de la República Islámica, en un país donde este tipo de movimientos sociales ha sido relativamente frecuente. Fue precisamente en medio de esas protestas cuando Trump amenazó al régimen con atacarlo si el gobierno asesinaba manifestantes. "La ayuda va en camino", dijo Trump, poco después de haber atacado Venezuela y capturado a Maduro.
2. En esencia, el mensaje enviado desde Teherán es el de un régimen que no solo fue capaz de sobrevivir a la embestida estadounidense-israelí, muy a pesar de la muerte de su líder supremo y de buena parte de su círculo cercano, sino que además lo hace proyectando un considerable grado de unidad y cohesión. Si se observa únicamente desde la superficie, parecería incluso que hoy ha conseguido aglutinar un respaldo interno con el que no contaba hace apenas unos meses.
3. Esto es solo parcialmente cierto. Es verdad que, tras haber sido brutalmente atacado por Estados Unidos e Israel, especialmente cuando ambos países estimaban que la población iraní aprovecharía la oportunidad para rebelarse y derrocar a su gobierno, eso no fue lo que ocurrió. Lejos de ello, es posible afirmar que, como producto de la guerra, el gobierno recuperó al menos una parte del respaldo que había venido perdiendo con los años. Pero, en el fondo, hay que considerar que el descontento social no es el resultado de un momento específico en la historia de la República Islámica, sino de un acumulado de agravios que no se han marchado a ninguna parte. Muchos de esos agravios tienen que ver con factores económicos y con el costo de vida, pero también existe un profundo descontento social y político que se ha expresado en las calles, desde las protestas de 2008 hasta el movimiento liderado por las mujeres en 2022. Todo ello permanece latente y conserva el potencial de estallar nuevamente.
4. Aun así, el régimen sigue contando con un importante respaldo entre ciertos sectores de la sociedad que hicieron escuchar su voz, lo que nos habla de una sociedad profundamente dividida. Para las ceremonias del funeral, las autoridades movilizaron a cientos de miles de personas, facilitaron transporte gratuito, organizaron a decenas de miles de voluntarios y desplegaron un importante dispositivo de seguridad. Pero también hubo una cantidad importante de personas que prefirieron salir de Teherán durante esos días para evitar los actos oficiales.
5. El sucesor del Ayatolá, su hijo Mojtaba, no ha estado presente en las ceremonias, al menos hasta el momento de escribir estas líneas. Ello obedece, en parte, a razones de seguridad personal, pues, a pesar del cese al fuego vigente, siempre existe la posibilidad de que Israel aprovechara el momento para acabar con su vida. Pero también refleja que, en el momento actual, no se trata de una figura que haya sido capaz de consolidar plenamente su autoridad frente al aumento relativo del poder de otras instituciones del país, como las Guardias Revolucionarias Islámicas.
6. Más allá de la dimensión interna, existe un componente religioso regional de enorme relevancia. Irán ha buscado utilizar el evento para reafirmar su liderazgo en el mundo del islam chiita. Así, además de convocar a líderes de esa rama del islam procedentes de países como Irak, Líbano, Yemen, Pakistán, Afganistán e India, el recorrido del féretro continuará por las ciudades santas chiitas de Irak (Najaf y Karbala) antes del entierro en Mashhad. El objetivo es mostrar el alcance de la influencia iraní en todos esos países, lo que incorpora no solo el factor religioso, sino también su correspondiente dimensión geopolítica.
7. Pero, hablando de geopolítica, el tema no se limita a lo religioso. Irán convocó a representantes de Hamás y la Jihad Islámica procedentes de Palestina; representantes de Hezbollah, su principal aliado en Líbano; las milicias proiraníes de Irak; además de delegaciones de China, Arabia Saudita, Qatar, Omán, Egipto, Turquía y Pakistán, entre otros. Además de que varios de los países musulmanes convocados son de mayoría sunita y de que fueron recibidos con la lectura de versículos del Corán que diversos observadores interpretaron como mensajes políticos, hay muchos otros factores a considerar:
a. Primero, varios de esos países, como Arabia Saudita o Qatar, e incluso Turquía, fueron atacados por Irán durante las hostilidades y podrían volver a serlo si estas se reanudan. Así que su presencia misma es ya una muestra de la intención de sanar las heridas con Teherán.
b. Segundo, varios de esos países son aliados de Washington en distintos grados. Turquía, por ejemplo, es miembro de la OTAN y está alojando la reunión de esa organización precisamente en esas fechas. Qatar ha sido designado por Washington como aliado mayor no miembro de la OTAN. Y la relación entre el príncipe heredero saudí y Trump presentaba, hasta antes de la guerra, un altísimo nivel de cercanía.
c. Tercero, lo que subyace a la narrativa de estas presencias, así como a la participación de países como China, es que no se trata de un funeral cualquiera, sino del funeral del líder supremo de la Revolución Islámica, asesinado por Washington e Israel y que, de no haber sido por la guerra iniciada por esos países, hoy seguiría con vida. El ofrecimiento presencial de condolencias por parte de estos actores, bajo esas circunstancias, adquiere un simbolismo distinto.
d. Cuarto, buena parte de lo que aquí se refleja es la decisión de varios de esos países de tomar cierta distancia de Washington y negociar directamente su relación con Teherán. Distintas fuentes revelan que Qatar, por ejemplo, país que alberga la mayor base militar estadounidense en la región, está negociando directamente con Irán un pacto de no agresión en caso de que las hostilidades se reanuden. Al mismo tiempo, el avance de los Acuerdos de Abraham para normalizar relaciones con Israel —un tema que Trump había planteado como condición para detener las hostilidades contra Irán— parece quedar, por ahora, completamente suspendido para países como Arabia Saudita o Qatar. Mientras tanto, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait fueron ausencias notables en las ceremonias del funeral, lo que refleja las profundas divisiones regionales que la guerra aceleró.
e. Pero, además de ello, y hablando de símbolos, basta prestar atención al versículo del Corán que fue interpretado como un mensaje directo a Arabia Saudita: "En el enfrentamiento entre los dos ejércitos hubo para ustedes una señal: uno luchaba por la causa de Dios y el otro representaba a los incrédulos. Aunque los creyentes veían a su enemigo como dos veces más numeroso, Dios concede la victoria a quien Él quiere. En ello hay una lección para quienes saben reflexionar".
8. Al final, las ideas que se buscan comunicar son claras: en el balance general, el régimen de Teherán no solo no colapsa ante los ataques de Estados Unidos e Israel, sino que se proyecta como una fuerza de resistencia que ha encontrado la manera de enfrentar a esos países y que emerge fortalecido tanto en el plano interno como en el externo. El funeral del Ayatola representa a una generación que se fue como mártir, pero que da paso a una nueva fase de la República Islámica.
9. Más allá de los símbolos y de las narrativas tejidas en torno a este evento, la situación interna en Irán, que ya era muy complicada antes de la guerra y, por tanto, la capacidad real del régimen para sobrevivir en el tiempo dependerán, en buena medida, de la consolidación de los acuerdos con Estados Unidos y de los considerables flujos de recursos que se esperan a partir del descongelamiento de activos, el alivio de las sanciones y los miles de millones de dólares destinados a su reconstrucción. De todo ello seguiremos escribiendo más adelante.
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