Este fin de semana, The Guardian reportó que una empresa petrolera estadounidense de Texas, Greenland Energy Company, vinculada a personas cercanas al entorno político de Donald Trump, está avanzando con planes para perforar en Jameson Land, en el este de Groenlandia, pese a que todavía no cuenta con la autorización definitiva de las autoridades groenlandesas. La compañía afirma que podría existir allí una enorme reserva de petróleo y pretende realizar perforaciones exploratorias con una inversión de unos 60 millones de dólares. Esto llevó al gobierno de Groenlandia a emitir una “fuerte advertencia”, indica The Guardian, señalando que no se había otorgado ninguna autorización para desembarcar el equipo. “Cualquier asunto logístico futuro deberá ser notificado y aprobado por la autoridad de recursos minerales antes de llevarse a cabo”, declaró el gobierno en un comunicado. Las intenciones de Greenland Energy ya habían sido reportadas desde abril por Danwatch, una organización periodística danesa. Pero, dados los vínculos de los promotores de este proyecto con el círculo de Trump, es imposible desligar estos hechos de las metas de ese presidente por hacerse de Groenlandia. Apenas el 1 de agosto, siete días antes del reporte de The Guardian, durante una entrevista con Steve Gruber, el presentador le dijo a Trump que él predecía que, antes de que Trump terminara su mandato, Groenlandia estaría bajo control estadounidense. Trump respondió: “Estarías en lo correcto”. Y añadió que Groenlandia es importante “desde nuestro punto de vista” y que el entrevistador debería “apostar por ello”. El tema importa por los recursos, pero también por toda la rivalidad geopolítica que alrededor de ese territorio se proyecta. Unas notas al respecto:

1. El contexto mayor es, por un lado, la erosión del orden internacional basado en instituciones y leyes, tema del que ya acá hemos comentado mucho. Esto, en medio de una competencia global por el dominio de la inteligencia artificial, y por el dominio de recursos, minerales, rutas y posiciones geográficas que resultan clave para la carrera tecnológica y para industrias como la militar. Es en este entorno, cada vez más anárquico, que vemos a EU bajo Trump (al igual que ha sucedido con otros países) como un elemento disruptivo de este orden internacional: por un lado, buscando hacerse de posiciones geoestratégicas; por el otro, hacerse de recursos y, por último, buscando desplazar a Rusia, China y otros rivales de esos espacios.

2. Europa, en teoría, como aliada de EU, no sería blanco de estos planes disruptivos. Pero, dada la relación de Trump con sus aliados, eso ha sido puesto en cuestión ya incluso desde su gestión previa. Groenlandia, como territorio autónomo que forma parte del Reino de Dinamarca —país miembro de la Unión Europea y de la OTAN—está precisamente en el centro de estas discusiones.

3. Como Siguiente factor de contexto, Groenlandia posee algunos de los mayores depósitos sin explotar de minerales críticos del mundo, incluyendo tierras raras, grafito, galio, cobre, litio y niobio, recursos fundamentales para la transición energética, la industria de semiconductores y la producción de sistemas militares avanzados. Esta riqueza ha convertido a la isla en un objetivo estratégico tanto para Estados Unidos como para la propia Unión Europea, que buscan reducir su dependencia de China, país que domina la minería y, sobre todo, el procesamiento mundial de varios de estos minerales. A pesar de las dificultades técnicas que se presentan para la explotación de estos recursos en un territorio como Groenlandia, y a pesar de que, en todo caso, se trataría de planes a desarrollarse durante varios años, Trump tiene los ojos puestos ahí, como dije, ya incluso desde su gestión previa.

4. La competencia geopolítica gira tanto en torno a los recursos como al control estratégico del Ártico. Es necesario entender que el Ártico es cada vez más un sitio de competencia geopolítica entre las grandes potencias. Ante los deshielos cada vez más frecuentes, se abren nuevas rutas a la navegación, tanto militar como comercial. Esto implica tanto oportunidades —por ejemplo, China está poniendo en marcha una ruta comercial que le permitirá llevar sus productos a Europa evitando zonas como el Mar Rojo o África— como riesgos. Al abrirse nuevas vulnerabilidades geográficas, muchos países buscan garantizar posiciones de defensa para proteger su seguridad. En todos estos factores, Groenlandia resulta crucial.

5. Después de haber comunicado sus intenciones de comprar ese territorio y ante la negativa de Copenhague siquiera a considerarlo, Trump ha declarado que EU debe poseer Groenlandia incluso por la fuerza si fuese necesario, lo que, naturalmente, puso los pelos de punta en Bruselas y ha contribuido al deterioro de las relaciones de EU con Europa.

6. Después de haber elevado las tensiones a su máximo nivel a inicios de este año, actualmente Estados Unidos negocia con Dinamarca y el gobierno autónomo de Groenlandia un acuerdo que le otorgaría mayor acceso militar y buscaría garantizar una mayor presencia económica estadounidense, al tiempo que Washington pretende obtener mecanismos para limitar o bloquear determinadas inversiones chinas y rusas. Mientras tanto, la Unión Europea también ha incrementado su presencia mediante inversiones, asociaciones estratégicas y apoyo financiero a diversos proyectos mineros. Tanto Washington como Bruselas consideran que asegurar el acceso y diversificar las cadenas de suministro de estos minerales es una prioridad de seguridad nacional y económica.

7. Para ser claros, el enorme potencial geológico de Groenlandia contrasta con enormes obstáculos prácticos. La isla cuenta con infraestructura extremadamente limitada, una población de apenas 56,000 habitantes, escasas carreteras, puertos pequeños y elevados costos logísticos. Además, algunos de sus yacimientos contienen uranio, cuya explotación ha estado prohibida por el gobierno groenlandés por razones ambientales. Incluso los depósitos más prometedores presentan concentraciones minerales inferiores a las de minas ya operativas en Australia o Estados Unidos, lo que incrementa considerablemente sus costos de explotación.

8. En todo caso, el escenario más probable que hasta hace poco se proyectaba era un acuerdo que ampliara la presencia estadounidense y limitara la inversión china, sin alterar la soberanía groenlandesa ni eliminar las restricciones ambientales.

9. Esa es la importancia de una nota como la que publica The Guardian, apenas siete días después de las declaraciones de Trump en las que proyecta no una intención de una presencia incrementada pero limitada sobre Groenlandia, sino su intención, una vez más, de poseer el territorio.

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