El plan de paz en Gaza sigue estancado. Esto, a pesar del acuerdo anunciado por Trump, mediante el cual Hamás habría finalmente accedido al desarme. Sin embargo, esa agrupación declaró que dicho desarme ocurriría únicamente hasta que Israel se replegara por completo de Gaza. De su lado, el gobierno israelí declaró primero que no se replegaría sino hasta que Hamás y los otros grupos palestinos se desarmaran y, posteriormente, ya en voz de Netanyahu, que los puntos del plan acordados por Trump, los mediadores y Hamás, eran inaceptables. Esto, en principio, coloca directamente en choque a Netanyahu con Trump, profundizando las diferencias que ya vienen de atrás entre ambos actores. Y esa justamente podría ser una de las intenciones de Hamás al haber enviado el balón a la cancha de Netanyahu. Para entenderlo, necesitamos revisar varios factores:

1. En teoría, había un plan de paz para Gaza que tenía tres fases delineadas los 20 puntos de Trump. Su fase inicial consistía en que Hamás liberara a todos los rehenes israelíes y de otras nacionalidades, vivos o muertos, a cambio del cese de hostilidades por parte de Israel y de la liberación de miles de prisioneros palestinos en cárceles israelíes. Esto incluiría, además, el repliegue parcial de las tropas israelíes hacia una línea acordada dentro de Gaza y el ingreso de una importante cantidad de ayuda humanitaria. En fases posteriores, se contemplaba: (a) la transferencia del gobierno de Gaza a un cuerpo “apolítico” de tecnócratas palestinos; (b) el desarme de Hamás, con garantías de salvoconducto para sus miembros que decidieran salir de Gaza y, en caso de que el proceso ocurriera en paz, amnistía o garantías de no persecución para quienes optaran por quedarse; (c) la entrega de las funciones de seguridad a una fuerza multinacional, compuesta principalmente por países árabes y musulmanes, encargada no de “mantener” la paz como “cascos azules”, sino de hacer cumplir las condiciones pactadas, en particular el desarme de Hamás; y (d) la creación de un órgano internacional presidido por Trump (con figuras como Tony Blair) responsable de supervisar la reconstrucción, garantizar las condiciones de paz y delinear un camino viable hacia “las legítimas aspiraciones nacionales palestinas”.

2. La implementación de la fase 1 se puso en marcha, no sin obstáculos, pero podemos decir que fue relativamente concluida hace ya varios meses. Esto no fue un logro menor. Gracias al peso que Trump supo imponer tanto sobre Netanyahu como, de manera indirecta, sobre Hamás, se consiguió el cese de las hostilidades mayores, el intercambio de rehenes israelíes por prisioneros palestinos y el acceso de la ayuda humanitaria más urgente, ante una crisis sanitaria y de hambruna que volvía ya las condiciones de vida imposibles.

3. Sin embargo, el avance hacia las siguientes fases se fue obstruyendo cada vez más. Por un lado, Hamás trabajó velozmente para recuperar el control de las ciudades más importantes de la Franja, reagruparse y reconstituir sus filas. Se calcula que hoy Hamás cuenta nuevamente con unos 30 mil combatientes, una cifra similar a la que tenía al inicio de la guerra. Al mismo tiempo, se negó al desarme que estaba pactado. En palabras de sus funcionarios, la organización declaró que solo se desarmaría cuando se constituyera el Estado Palestino y que no abandonaría la resistencia hasta lograrlo. Más allá de las declaraciones, la conducta de la agrupación distaba, y dista, de la de una organización que haya tomado la decisión de abandonar la lucha armada y transitar hacia la competencia política.

4. Del otro lado, Israel se mantuvo a lo largo de todos estos meses actuando bajo la suposición de que su guerra contra Hamás—si bien en una fase de menor intensidad—continuaba y continuaría durante bastante tiempo más. La verdad es que, si los objetivos anunciados a bombo y platillo por Netanyahu implicaban la “destrucción de Hamás” o la eliminación de esa organización y de cualquier amenaza que esta representaba, la realidad material estaba probando precisamente lo contrario. Así, el ejército israelí no solo se mantuvo lanzando bombardeos continuos en la Franja, sino que extendió su línea de control sobre el territorio, al punto de que hoy ocupa más del 60% de Gaza, sin que se pueda prever un repliegue próximo. Los bombardeos israelíes han conseguido eliminar a varios líderes y combatientes de Hamás, pero también, y una vez más, han producido centenares de civiles muertos y heridos en la Franja.

5. Como contexto, hay que añadir que, de manera paralela a estos hechos, desde febrero de 2026 inició la guerra entre Israel, EU e Irán, con lo que la atención de Trump —y, por tanto, su capacidad de ejercer presión tanto sobre Netanyahu como sobre los interlocutores de Hamás—ha estado muy alejada de estos temas durante varios meses.

6. No obstante, hace poco, supimos de los primeros acuerdos a los que finalmente se estaba llegando con Hamás para avanzar con el plan de paz. Inicialmente, la organización anunció que aceptaba ceder el control del gobierno de Gaza a un grupo de tecnócratas palestinos denominado Comité Nacional para la Administración de Gaza (o NCAG). Unas semanas después, Trump anunció que se había logrado un acuerdo para el desarme de Hamás y, al mismo tiempo, se anunciaba que las Fuerzas Internacionales de Estabilización para Gaza pronto ingresarían al territorio, con lo que formalmente se estaría implementando ya la fase 2 del plan original.

7. Rápidamente, sin embargo, iniciaron las clarificaciones. Hamás no entregaría las armas a Israel ni permitiría la destrucción de ese armamento, sino que aceptaba únicamente entregarlas al NCAG para su resguardo. Además, solo lo haría hasta que Israel completara su repliegue de Gaza. De su lado, Israel declaró que únicamente se replegaría hasta que Hamás completara su desarme de manera verificada y certera. Y, como dije, posteriormente Netanyahu simplemente declaró que el plan anunciado por Trump era inaceptable para Israel.

8. En un análisis más profundo de todo este complejo panorama, al margen de declaraciones, podríamos asumir que Hamás sí se encuentra bajo presión, pero probablemente no al grado de haber tomado, hasta el momento de este escrito, la decisión definitiva de transformarse en una organización desarmada que se limite a buscar sus metas por la vía política. No es, al menos, lo que se exhibe cuando esa y las otras milicias armadas en Gaza se han reagrupado, han reabastecido sus arsenales y, sobre todo, sus filas. Es difícil pensar que Hamás ha estado reclutando a miles de nuevos miembros para su lucha armada solo para, unas semanas después, decirles que esa lucha armada sería abandonada.

9. Dicho eso, sin embargo, la realidad es que Gaza es cada vez más ingobernable bajo las condiciones actuales de quiebra financiera, escasez de recursos, crisis sanitaria y alimentaria, además de una inmensa mayoría de personas desocupadas. Era imposible seguir operando bajo una lógica de guerra de desgaste y baja intensidad a la que Israel estaba sometiendo a esa organización y a la Franja en general.

10. La alternativa, por tanto, que parecen haber encontrado los mediadores de Qatar, Turquía y Egipto es extraer de Hamás la concesión de anunciar su aceptación de la implementación de la fase 2 del plan de Trump, incluido su potencial desarme, con el fin de trasladar toda la presión hacia Netanyahu, quien ahora tendría que aceptar su parte del cumplimiento del plan, permitiendo el acceso tanto del NCAG como de las fuerzas de estabilización, tras lo cual Israel tendría que finalmente replegarse de Gaza y así podría iniciar la reconstrucción y el indispensable flujo de recursos que se requiere.

11. Todo esto, considerando un contexto político que probablemente obligaría a Netanyahu a negarse a avanzar con esa fase 2. Primero, porque la coalición de gobierno de Netanyahu depende de ministros nacionalistas de posiciones extremas que han buscado obstaculizar el plan de Trump desde su misma concepción. Y segundo, porque Israel se encuentra en pleno proceso electoral y, si Netanyahu busca apelar a su base y, sobre todo, a la base de esos actores que potencialmente le respaldarían en una próxima coalición de gobierno, tendría que rechazar la implementación de los puntos de Trump tal y como estaban estipulados en los últimos acuerdos.

12. Así que lo que parece ser un problema de secuencia —quién toma el primer paso, quién el siguiente y cómo se puede ir avanzando gradualmente hasta lograr las metas del plan de paz— en realidad es un problema bastante más hondo. Ninguna de las partes pareciera quedar suficientemente satisfecha con los puntos del plan como para ceder en posiciones centrales, muy a pesar de las declaraciones que se emitan al respecto. Pero ahora, gracias a los últimos movimientos políticos de Hamás, el gobierno de Netanyahu queda, frente a la frustración de Trump, como responsable del estancamiento.

13. Esto, salvo que Trump forzara a todas las partes a cumplir. Ello se traduciría, para efectos de Hamás, en la aceptación no solo del ingreso de las nuevas autoridades de gobierno y seguridad para Gaza, sino de su desarme real y plenamente verificable, aunque gradual. Mientras que, paralelamente, para efectos de Israel, Trump tendría que poder ejercer la presión suficiente como para aceptar no solo el cese total de los bombardeos en la Franja, sino su repliegue efectivo, si bien también gradual, hacia las zonas acordadas conforme avance el plan.

14. Por ahora, sin embargo, nos encontramos en una situación en la que Netanyahu ha decidido abiertamente retar a Trump y probar hasta dónde llega su línea de fuerza para con él y con Israel. Hasta el momento en que escribo esto, Trump no ha explotado contra el primer ministro israelí y sigue muy ocupado en otros asuntos. Pero debemos esperar que la cuerda entre ambos se siga tensando cada vez más. Aun así, es poco probable que, durante el período electoral en Israel, es decir, de acá a octubre 27 y probablemente algún tiempo más mientras se conforma un nuevo gobierno, podamos ver en Gaza una situación muy distinta a la actual, en la que, si bien los ataques israelíes han disminuido en los últimos días, las partes mantienen las posiciones y los controles que han sostenido durante los últimos meses y por tanto, no podemos descartar nuevos enfrentamientos. La paciencia de Trump podría, en efecto, agotarse antes de que ese período transcurra. Pero, bajo la tensión electoral en Israel, lo más probable es que Netanyahu busque alguna fórmula para negociar o complacer a Trump sin ceder en lo fundamental.

Posteriormente, tendremos que evaluar qué gobierno toma el control de Jerusalem y pensar si lo que sigue para Gaza y para el futuro del Estado Palestino se presenta como algo distinto a lo que hasta ahora hemos visto al respecto.

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