El “eje de resistencia” o el “anillo de fuego” ha sido para Irán uno de los pilares de su estrategia de vanguardia regional y también de su capacidad disuasiva. Se trata de una serie de actores ubicados desde Líbano, Siria e Irak, hasta Yemen y Gaza, formando lo que se ha denominado el “creciente proiraní”, los cuales han actuado, en distintos grados, en contra de Estados Unidos y de sus aliados, como Israel o varios de los países del Golfo. La ausencia de este tema en el acuerdo nuclear de 2015 firmado por Obama fue uno de los tres principales motivos por los que Trump lo calificó como “el peor acuerdo jamás firmado”. Hoy, sin embargo, las nuevas negociaciones entre Estados Unidos e Irán tampoco abordan este asunto. Vale la pena preguntarse, entonces, en qué estado se encuentra hoy ese eje proiraní, no solo después de la guerra de 2026, sino también tras los enfrentamientos directos que ha sostenido contra Israel desde 2023. Algunas notas al respecto.

1. Partamos de que entre Irán y sus rivales, especialmente Israel (con Estados Unidos en menor medida, pero también podemos incluirlo), existía, al menos hasta antes de 2023, una ecuación disuasiva que mantenía un relativo balance de poder regional.

2. Para Irán, los pilares de esa capacidad disuasiva frente a sus rivales consistían en: (a) el sostenido progreso de su proyecto nuclear y, posteriormente, cuando tuvo que negociarlo para el acuerdo de 2015, conservar ese proyecto lo suficientemente vivo como para poder fabricar una bomba atómica en el curso de un año si el pacto era cancelado o no renovado; (b) su proyecto de misiles, especialmente los balísticos; (c) una presencia regional directa que fue incrementándose con los años en sitios como Irak, Líbano y, de manera especial, Siria; (d) más recientemente, su programa de drones; y (e), de particular relevancia, una red de milicias que Teherán arma, financia y entrena.

3. Esta red no está conformada por un bloque uniforme de agrupaciones. Algunas de esas organizaciones sí fueron fundadas directamente por Teherán, como es el caso de Hezbollah en Líbano. Otras, como los houthies o Hamás, tienen orígenes, historias y lógicas de operación muy distintas, pero comparten intereses y rivales con Irán, y han encontrado en el financiamiento y respaldo iraní un sólido fundamento para perseguir sus objetivos.

4. Cuando Hamás y la Jihad Islámica, dos de esos actores, lanzan sus ataques terroristas contra Israel en 2023, su expectativa era que todo el eje proiraní, Irán incluido, se sumara de inmediato a la lucha. Si bien eso no ocurre plenamente, varios de los integrantes del eje sí optan por incorporarse al conflicto y lanzan ataques contra Israel. En un principio, Israel concentra su respuesta exclusivamente en Gaza. Sin embargo, conforme pasan los meses, entra en guerra directa con actores como los houthies de Yemen y, sobre todo, con Hezbollah, ocasionándole a esta última daños que hasta entonces se consideraban irreparables.

5. Posteriormente, la escalada regional alcanza un punto tal que Israel e Irán sostienen, ya en 2024, sus primeros ataques directos contra sus respectivos territorios.

6. Sin embargo, para 2025, tras nuevos combates entre Irán e Israel y luego de los bombardeos de Washington contra las instalaciones nucleares iraníes, cuando todo el eje proiraní parece enormemente dañado, cuando ya había caído otro de los principales aliados de Irán, el presidente sirio Assad, y con él una de las rutas de abastecimiento más importantes entre Irán y varios de sus aliados, Teherán pasa a ser percibido como un actor mucho más vulnerable que apenas unos años atrás. La ecuación disuasiva se había roto por completo, y ese fue uno de los factores que incentivó la guerra emprendida por Israel y Estados Unidos en su contra a partir de febrero de 2026.

7. No obstante, ahora que Washington y Teherán vuelven a negociar, y que Trump ha prometido un "mucho mejor acuerdo" que el de 2015, es necesario reexaminar la capacidad disuasiva de Irán. Esto implicará revisar el estatus que finalmente se negocie para su proyecto nuclear y para su programa de misiles. También habrá que incorporar el papel que desempeñen el Estrecho de Ormuz y otros factores más recientes. Por ahora, sin embargo, me concentro en el uso de su "eje de resistencia" como un pilar renovado dentro del conjunto de herramientas disuasivas con las que seguirá contando Teherán.

8. Hamás y la Jihad Islámica se encuentran materialmente muy disminuidas. Sus liderazgos han sido aniquilados en repetidas ocasiones por Israel. Su arsenal y su capacidad militar han sido severamente erosionados. Sin embargo, no han accedido a desarmarse. Hamás continúa controlando porciones importantes de Gaza y, de acuerdo con distintos reportes, trabaja intensamente para reconstruir sus capacidades. Es de esperarse que parte del nuevo flujo de recursos que Irán recibirá tras el alivio de sanciones y el descongelamiento de fondos contribuya al rearme de estas organizaciones.

9. El caso de los houthies es distinto. Incluso después de sus enfrentamientos con Israel y con Estados Unidos, esa agrupación mantiene el control de la capital de Yemen y conserva capacidades militares importantes. Además, los houthies cuentan con una herramienta estratégica comparable al Estrecho de Ormuz: la llave de acceso al Mar Rojo, por donde transita un 15 % del comercio global. Ya han demostrado las disrupciones que pueden provocar sobre el comercio y la navegación internacionales mediante esa ruta. Este factor no cambiará en lo absoluto tras las negociaciones entre Trump y Teherán; por el contrario, hoy cobra todavía mayor relevancia y constituye una herramienta disuasiva adicional con la que Irán seguirá contando.

10. Con el colapso del régimen de Assad, el panorama en Siria cambió enormemente para Irán y sus aliados. Esta representa una de las mayores pérdidas para Teherán, pues no solo desaparece la presencia de sus aliados en ese país, sino también la presencia directa que Irán fue construyendo ahí durante la década pasada. Aun así, es de esperarse que, con el tiempo, Teherán encuentre nuevas formas de transitar el territorio sirio para seguir abasteciendo a Hezbollah en Líbano, su principal aliado regional.

11. Lo de Irak, en cambio, es muy distinto a lo de Siria. En ese país sí se mantiene una fuerte presencia de milicias proiraníes, las cuales, por cierto, han sido un dolor de cabeza para las tropas de Washington desde hace años. De hecho, el nuevo primer ministro iraquí, Ali al-Zaidi, enfrenta una fuerte resistencia en su intento por someter a esas milicias al control del Estado, en medio de la intensa presión de la administración Trump para desarmarlas y reducir la influencia iraní en el país. Aunque algunas facciones aceptaron integrarse a las fuerzas oficiales, grupos poderosos como Kataib Hezbollah rechazaron esa medida y continúan operando con amplia autonomía.

12. El caso de Hezbollah en Líbano merece una mención aparte. Tras sus enfrentamientos con Israel en 2024, esa organización parecía haber quedado al borde del colapso. Es cierto que nunca aceptó desarmarse. Sin embargo, incluso después de los continuos bombardeos israelíes en Líbano tras el cese al fuego de ese año, y posteriormente a lo largo de todo 2025, Hezbollah optó por no responder en ninguna de esas múltiples ocasiones. La estimación es que la organización ya no deseaba escalar las hostilidades con Israel y que estaba concentrando sus esfuerzos en apenas sobrevivir.

13. Sin embargo, tras la guerra iniciada por Israel y Estados Unidos contra su principal aliado y respaldo, Irán, Hezbollah decide intervenir en su defensa y lo hace mostrando un músculo que sorprende a todos. La organización consigue no solo aprovechar estos años para reponer parte de su arsenal, sino incluso aumentar sus capacidades asimétricas frente a Israel mediante la incorporación de nuevas tecnologías, como los drones de fibra óptica, que ocasionan fuertes golpes a las fuerzas israelíes.

14. Con este nuevo frente abierto, para Israel emerge un objetivo estratégico de la guerra que no había calculado del todo cuando inició sus ataques contra Irán. El tema central aquí es que este solo factor —la guerra en Líbano y el imperativo del desarme de Hezbollah— comienza a ensanchar la brecha entre los intereses de Israel y los de Washington, al punto de que tanto Hezbollah como Irán aprovechan precisamente esa divergencia en su favor.

15. Al final, el acuerdo entre Trump y Teherán no solo omite el tema del eje proiraní —justamente aquello que Trump tanto criticó del acuerdo de 2015—, sino que además exhibe la posición de fuerza con la que Irán está negociando, al vincular el cumplimiento de cualquiera de los puntos del acuerdo a un cese al fuego en "todos los frentes, Líbano incluido".

16. En términos materiales, si el acuerdo se cumpliera al pie de la letra, Israel quedaría bloqueado para continuar sus operaciones contra Hezbollah. Pero Netanyahu sostiene que su ejército no desocupará las zonas de seguridad que mantiene en Líbano hasta obtener el desarme completo de Hezbollah, algo que tiene muy bajas probabilidades de ocurrir. Irán, por su parte, afirma que, si Israel no abandona completamente el territorio libanés, el resto de su acuerdo con Trump queda en riesgo. Y, una vez más, si los flujos de recursos a favor de Irán realmente se materializan, Hezbollah será uno de los principales destinatarios, pues Teherán tendrá que compensar a esa organización por haber salido en su defensa.

En suma, a pesar de los múltiples daños sufridos, todo indica que Irán no solo conserva, sino que, en comparación con su situación previa a la guerra, incrementa su capacidad disuasiva. Uno de los pilares de esa capacidad sigue siendo este eje de milicias aliadas, el cual no solo sobrevive, sino que probablemente encontrará los medios para rearmarse y recomponerse. Habrá que seguir observando cómo evoluciona este proceso.

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