El plan de Trump siempre fue desestabilizar al país, con pretexto de la lucha contra los carteles del narcotráfico, que le redituaba cierto crédito político, tanto en su sociedad, al culpar a México de sus adicciones, enfermedades y males relacionados con la migración, como en México, al atraer a una derecha política, perdida en su laberinto, pero dispuesta a secundar el plan de su desquiciado mentor, seguramente, bajo la promesa de entregarles el poder, una vez sucumba Morena. Versión que distintos medios y personajes nacionales pregonan ya en su enésimo anuncio de que Morena ya fue.
Primero fue el cierre unilateral de la frontera, que obligó a México a hacerse cargo de todas sus consecuencias; luego, la fracasada política de expulsar a todos los migrantes irregulares de suelo estadounidense, con la idea de que el gobierno de México sufriera con la llegada masiva de personas. No sólo no pasó, sino que los operativos de ICE rebasaron su propia ilegalidad y provocaron la violación de derechos humanos, que alcanzaron a migrantes en custodia, ciudadanos de ese país, comunidades y estados santuario, que abrió un amplio debate sobre la existencia y funciones de ICE, que se ha quedado sin fondos, legitimidad y sin titular, al igual que la propia secretaría de seguridad nacional, ante la salida intempestiva de la deschavetada Kristy Noem. Por eso digo que ha sido un fracaso.
Segundo, la declaración de terroristas a los cárteles mexicanos, con objeto de perseguirlos bajo las leyes de ese país. Aquí vale la pena aclarar que dicha declaratoria era necesaria por dos razones fundamentales: el financiamiento que el congreso otorga casi en automático para acciones contra el terrorismo y la oportunidad de efectuar actividades extraterritoriales.
Ahí recuerdo que, durante una discusión acalorada en el seno de la OEA, varios países, entre ellos México, defendían con cierta razón que más que el terrorismo, la preocupación fundamental de la región era la delincuencia organizada trasnacional (DOT), por lo que se proponía que el Comité Interamericano contra el Terrorismo (CICTE) cambiara a DOT. La respuesta del delegado de EU fue así de violenta, amenazando a todos los demás países de dejarse de bromas y a no perder el financiamiento ya otorgado por su congreso. Ya en corto y tranquilo, el delegado me explicó que para ellos la DOT no existe o es otra cosa, para la cual no hay financiamiento ni persecución extraterritorial. Esa es la gran diferencia.
Tercero, se declaró también al fentanilo “ilícito” y sus precursores químicos como arma de destrucción masiva, a fin de que los países productores también fueran considerados como otra gran amenaza de EU. En tal sentido, México incrementó su grado de peligrosidad a los ojos de Trump y su gobierno de halcones.
Cuarto, al mismo tiempo, ese país nombró en 2025 como su embajador en México al boina verde Ronald Johnson, con la idea, no de fomentar las buenas relaciones, sino de ir preparando el terreno para operativos encubiertos e injerencistas, bajo la premisa de que México es como cualquier otro país de Latinoamérica, al cual se le puede intervenir en cualquier momento.
Grave error de apreciación: México no es cualquier otro país de la región. México es la doceava economía mundial en términos del PIB, aunque es la novena potencia exportadora, con más de 500 mil millones de dólares en exportaciones anuales, superando a Canadá o Reino Unido. En 2025 se convirtió en el primer socio comercial de EU y China su segundo socio comercial y muy pronto renovará un acuerdo comercial con la Unión Europea, cuyo intercambio supera los 88 mil millones de dólares, así como la modernización de su acuerdo global, que incluye diálogo político y cooperación. México no es una nación bananera, por eso se debe exigir respeto y poner un alto a EU.
Quinto, el embajador – soldado Johnson puso en práctica el primer operativo clandestino injerencista en México, con la ayuda de la derecha mexicana, en el estado panista de Chihuahua, con tan mala fortuna que fue descubierto casi de inmediato, tras la muerte accidental de dos agentes encubiertos de la CIA, aunque con la responsabilidad de Johnson, quien los involucró en dicho desgarriate. La gobernadora Maru Campos va a ser procesada por traición a la patria; Johnson dejó de ser un interlocutor confiable para el gobierno de México, por tanto, su comisión terminó y podría ser declarado persona no grata, si se comprueba su injerencismo.
En ese marco es que Trump, asesorado por un miembro de la derecha mexicana, avecindado en Washington o Boston or in between, decide pasar a la arena política y proseguir con el plan de desestabilización de México, ahora en el ámbito político, y disfrazado de solicitudes de detención con fines de extradición, comenzando con el gobernador de Sinaloa, Ruben Rocha Moya, bajo la premisa de que, si no lo hace México, lo hará él, el hombre, el sheriff del viejo oeste o el policía del mundo.
Hace bien Claudia en enfrentarlo y confrontarlo con la realidad, que indica que Trump ha perdido el apoyo mayoritario de su sociedad, que su gobierno es una pena, que ha perdido el liderazgo internacional y que perderá las elecciones intermedias de noviembre próximo y la elección presidencial del 2028, si no es que antes lo enjuician y expulsan de la presidencia o renuncia. Pero eso no es todo, en México también lo repudiamos y advertimos: no se atreva a cometer otra injerencia, pues tendrá millones de mexicanos -40 en su territorio- al grito de guerra.
Y no, no se trata de defender a pillos, como posiblemente lo sea Rocha Moya y compañía; se trata de defender la soberanía y la dignidad de un país, antes que nada, así como el debido proceso de extradición, y dejar claro que sin pruebas no procede ninguna entrega ilegal. Que no es delito ser un gobierno de izquierda; tener una mujer presidenta, como ellos se han negado un par de veces, anteponiendo el machismo ramplón y anglosajón.
En ese sentido, la buena fortuna de Claudia la coloca nuevamente en una coyuntura política formidable, donde al tiempo que defiende la soberanía y el respeto a México en contra de Trump y sus secuaces, evidencia a la derecha trumpiana mexicana y -sin querer- a la morena de moral amplia y anchas caderas de su antecesor, y a ciertos personajes que nunca debieron estar en el movimiento. De esa manera, se fortalece la auténtica morena de izquierda, la cual está adquiriendo -pacientemente- el control de las cosas.
Politólogo (UAM) y exdiplomático
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