Estados Unidos y su presidente han rebasado la línea de respeto, amistad, cordialidad y de socios comerciales que han caracterizado a la relación bilateral entre ambos países y sus pueblos en estos últimos años, mostrándose irrespetuosos, soberbios e injerencistas ante un México que no ha hecho más que ayudar en la consolidación de Norteamérica como región. Es hora de que México enfrente a Trump.
No ha bastado el doloroso cierre de la frontera entre ambos países, donde México ha tenido que encargarse del trabajo sucio, de la migración rezagada, de administrar sus culpas y sus males; de regresarlos a todos ellos a sus países de origen o mantenerlos en su territorio, aun a costa de su seguridad. Tampoco han sido suficientes las protestas pacíficas de la comunidad mexicana en suelo estadounidense para detener las deportaciones, las expulsiones y las vejaciones a familias que no hacen más que trabajar, pagar impuestos y enviar remesas a sus familiares en México.
Ni siquiera la disminución del 40% de los promedios diarios de homicidios en lo que va del gobierno de la presidenta Sheinbaum, al pasar de 86.9 a 52.5, es decir, 34 casos menos cada día, según el secretariado ejecutivo del sistema nacional de seguridad pública, es reconocida por los EU. Donde está demostrado que en sólo 8 entidades del país se concentra el 53% del total de asesinatos (Chihuahua, Guanajuato, Morelos, Sinaloa, Estado de México, Veracruz, Guerrero), mientras en las otras entidades se redujo el promedio diario de casos.
Igualmente, el titular de seguridad y protección ciudadana, García Harfuch, confirmó hace unos días que durante el presente sexenio se han desmantelado 2,337 laboratorios clandestinos, se han asegurado 28,031 armas de fuego y más de 391.7 toneladas de droga, además de detener a 1,310 extorsionadores en 24 entidades del país, entre el 6 de junio de 2025 y el 30de abril de 2026. Tampoco cuentan los extraditados o enviados a EU para que sean juzgados y castigados por la justicia de aquel país, sin contar los miles de muertos mexicanos en esta batalla interna contra el crimen organizado han sido suficientes para Trump, sus halcones y sus armerías, que cínicamente alimentan la guerra sin ningún remordimiento, costo o temor. De su parte no hay nada más que reclamos. Ya basta.
De su responsabilidad, ni una palabra; de su batalla interna, ni detenidos, ni procesados; mucho menos campañas contra las adicciones de drogas, de medicamentos, de armas, nada, sólo reclamos y amenazas.
Es hora de que México enfrente a EU; de que Claudia pare a Trump. Carney de Canadá lo hizo sin ningún problema; Lula de Brasil fue y le puso un alto; incluso Petro de Colombia lo convenció. ¿Por qué México no? Le asiste la razón, la realidad y, sobre todo, la coyuntura política en ese país, donde Trump puede perder todo en la próxima elección intermedia si no rectifica.
Primero, México ha hecho todo lo que EU le ha pedido, como ya lo expliqué, donde el último capricho de Trump, al pedir la entrega del Gobernador con licencia Rubén Rocha Moya, sin prueba alguna, parece eso, sólo un capricho, una venganza política de los halcones y de la derecha mexicana que está metida hasta el cuello, clamando por una intervención extranjera como única forma de retomar el poder y a la que ya dijo la presidenta Sheinbaum no aceptará por ningún motivo.
Y aunque la solicitud judicial venga de una corte federal de EU, el armado político rompe con la tradición anglosajona y cae más bien en la politiquería mexicana, donde alguien con acceso a Trump o a un allegado cercano está asesorándolo en tales cuestiones. Y ahí pienso en un par de nombres, ex priistas para más señalas que, tarde que temprano, saldrán a la luz, secundados por personajes perversos de la sociedad mexicana.
Segundo, la realidad siempre ha sido aliada de Claudia y enemiga de Trump, por eso hay que restregársela como prueba fehaciente de que lo hecho hasta hoy por Trump lo tiene en los más bajos niveles de aceptación social, así como a su gobierno, que no da para más y que puede perder la elección intermedia si no rectifica. Amén de todas las fracturas internacionales, donde no ha ganado realmente ninguna de las batallas emprendidas. Su liderazgo está dañado y, sobre todo, debilitado. Es hora de rectificar si no quiere perder todo. Y es ahí donde Claudia tiene una carta a favor de Trump.
Tercero, Claudia debe ofrecer a Trump que en la contienda electoral de noviembre próximo en EU, México no intervendrá ni a favor ni en contra de los demócratas o republicanos ante los millones de votantes mexicanos, ni los consulados serán usados para fines políticos, si no sólo para lo que están hechos: apoyar el desarrollo de la comunidad mexicana. Si Trump quiere el voto de los mexicanos, entonces debe rectificar, debe buscarlos, debe empatizar con ellos. Debe entender y agradecer a la migración mexicana no sólo por el duro trabajo que realiza, y que los estadounidenses no quieren hacer, sino por los importantes aportes y contribuciones (impuestos, mano de obra barata, consumo y otros) a la mayor economía del mundo. Sin la migración mexicana, EU no sería lo que es. Así de simple.
Y si eso no funcionara, entonces está en plan B, donde México debe poner a revisión -así como ellos lo hacen en los consulados mexicanos- la presencia y acción de todas las agencias estadounidenses en territorio mexicano y mantener en jaque, especialmente a los de la CIA. Es decir, establecer su expulsión si se comprueban acciones intervencionistas, incluyendo al soldado - embajador Johnson.
Con ello, se daría una lección no sólo a los halcones estadounidenses, sino al grupo de golpistas mexicanos que, cobardemente, alimentan los esfuerzos intervencionistas desde la oscuridad de su cerebro, vacío ya de presente y pleno de un pasado que nunca más volverá.
Es hora de enfrentarlos.
Politólogo y exdiplomático
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