La gira del presidente López Obrador a Centroamérica y el Caribe, la delicada coyuntura internacional

Marcelo Ebrard Casaubon

La convergencia progresista y liberal de cada vez más países de América favorece que el diálogo político regional sea cercano y prioritario

En palabras del autor uruguayo Eduardo Galeano, nuestro norte es ser el sur. Hago propia esta idea porque refleja la visión estratégica que México ha asumido bajo la administración del presidente López Obrador, al poner a América Latina en el centro de la política exterior.

La gira que emprende el presidente López Obrador a Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y Cuba es la primera en su administración. La prioridad de la región quedó constatada en diciembre de 2018 al suscribir en su toma de posesión el acuerdo con tres de estos países: Guatemala, Honduras y El Salvador para el lanzamiento del Plan de Desarrollo Integral (PDI). 

No se trató de un plan asistencialista sino de auténtica cooperación que beneficia por igual al sureste mexicano. Con ello empezamos a reconocer que esta región representa un espacio común étnico-geográfico, histórico y cultural que comparte problemáticas socioeconómicas similares que requieren soluciones conjuntas. Nuestro objetivo es maximizar beneficios para los estratos más desfavorecidos de nuestros pueblos, en especial los jóvenes, enfocándonos en atender las causas de la migración forzada. 

Respecto a Cuba, sobra recordar que, durante décadas, nuestro país ha acompañado de cerca la construcción de la revolución social en ese país. No olvidemos que una de las tesis fundamentales de la Cuarta Transformación es lograr mejores condiciones de igualdad en México para enfrentar la persistente pobreza. Esta visión no sólo se aplica a México, sino que el presidente López Obrador propuso hacerla extensiva al resto del mundo durante su participación en el Consejo de Seguridad de la ONU. 

América Latina y el Caribe fue una de las regiones que sufrió más secuelas por la emergencia sanitaria de 2020, tanto sociales como económicas. En particular, los países de la región no tuvieron acceso inmediato a enseres médicos como respiradores, ventiladores e incluso mascarillas para enfrentar la enfermedad de Covid-19. En este mundo interconectado, cada gobierno nacional debió asumir que dependía de sumar esfuerzos con sus pares. Por convicción y por interés, se llegó a la conclusión de que era necesario asumir esta búsqueda como una causa latinoamericana y caribeña. En México, el presidente López Obrador tenía claros los alcances de la cooperación regional. De esta manera, instruyó que el Gobierno de México promoviera la cooperación con medidas como la donación de vacunas y otros artículos médicos a varios países de América Central, del Sur y del Caribe. 

Con esta visión solidaria, auténtica seña de hermandad bolivariana, promovimos desde la CELAC iniciativas como el plan de autosuficiencia sanitaria para América Latina y el Caribe. Es imperativo reducir la dependencia externa y ampliar las capacidades de todos los países en la región, sin por esto renunciar a la fraternidad internacional. Como lo expresé en la VI Cumbre de jefas y jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), que tuvo lugar el año pasado, en lo que respecta a Covid-19 salimos adelante con “la lección aprendida y el camino adoptado”.

Como parte de nuestras pertenencias múltiples en el mundo, México mira al sur más que en los últimos cuarenta años. La convergencia en el ideario progresista y liberal de cada vez más países de nuestra América favorece que el diálogo político regional sea cercano, permanente y prioritario. En esta circunstancia histórica inédita, el presidente López Obrador emprende el camino del sur. 

 

Secretario de Relaciones Exteriores de México

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