Las apuestas deportivas se han convertido en una poderosa actividad económica, cada vez más ligada a los medios de comunicación, las grandes Ligas profesionales y los principales eventos deportivos en el mundo. Durante décadas, las Ligas de Estados Unidos mantuvieron prácticamente tolerancia cero frente a las apuestas, por temor a escándalos y sospechas sobre la integridad de las competencias.

El panorama cambió en 2018, cuando la Suprema Corte en Estados Unidos anuló la ley federal que las restringía, dejando en manos de cada estado su autorización.

Desde entonces, el crecimiento ha sido impresionante. Tan sólo en 2025, se apostaron legalmente casi 167 mil millones de dólares en deportes en Estados Unidos, generando cerca de 17 mil millones en ingresos para las casas dedicadas a esta actividad.

La NFL y otras grandes Ligas han firmado importantes acuerdos comerciales con estas empresas, mientras televisión y plataformas digitales reciben enormes cantidades de publicidad.

Incluso, analistas especializados hablan de probabilidades y favoritos como parte habitual de la cobertura deportiva.

Y ahí comienza la contradicción.

En México, casi cuatro millones de personas —entre 12 y 65 años— participaron en juegos de apuesta durante 2025 y, entre quienes lo hicieron, 6.3% presentó criterios de juego problemático.

Más preocupante: 6.9% de los adolescentes entre 12 y 17 años de edad participó en algún juego de apuestas.

La ludopatía es uno de los mayores riesgos. Lo que comienza como entretenimiento, puede convertirse en una adicción con graves consecuencias económicas, psicológicas y familiares.

Hoy, basta un teléfono celular para apostar las 24 horas, incluso durante un partido.

El problema también alcanza a los deportistas, como sucede —por dar un ejemplo— con los mejores tenistas, quienes han denunciado insultos y amenazas de apostadores que perdieron dinero dependiendo de sus actuaciones.

Las apuestas llegaron para quedarse y representan un negocio gigantesco.

Pero existe una responsabilidad que no puede ignorarse: si Ligas, equipos y medios de comunicación reciben millones promoviendo las apuestas, también deben asumir responsabilidad frente a sus consecuencias y advertir sobre la ludopatía.

Porque cuando el negocio pone en riesgo al aficionado y al deportista, el juego deja de ser solamente un juego.

luis@vamosdeportes.com

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