Los torneos de Liga, las eliminatorias y el Mundial de la FIFA son un gran negocio. Pero, mientras los dirigentes continúan creando competencias y aumentando los calendarios, los futbolistas se lesionan, se agotan y —en algunos casos— terminan hartándose.
El futbol y el tenis son deportes muy diferentes. El primero es de asociación; el segundo, esencialmente individual.
Sin embargo, ambos tienen algo en común: Sus protagonistas necesitan competir constantemente para mantenerse vigentes y generar ingresos.
En el futbol, los jugadores regresan de las selecciones a sus clubes y los técnicos reciben presión para alinearlos.
Los dueños necesitan mantener contenta a la afición y llenar los estadios, mientras los derechos de televisión y los patrocinadores exigen cada vez más actividad. El problema aparece cuando el jugador está agotado o incluso lesionado.
En el tenis, ocurre algo diferente. Los jugadores necesitan competir para sumar puntos y alcanzar los torneos que ofrecen mejores premios.
Las grandes estrellas pueden administrar su calendario, pero —para muchos otros tenistas— dejar de jugar significa perder posiciones, oportunidades e ingresos.
Cada vez son más frecuentes las lesiones que pueden truncar una carrera, porque el deportista no dispone del tiempo suficiente para recuperarse.
El negocio ha crecido de manera extraordinaria, pero también la exigencia sobre quienes generan ese negocio.
Los atletas que más generan para el negocio son precisamente los que tienen mayor capacidad para protegerse.
Las grandes estrellas del futbol pueden negociar descansos y los mejores tenistas, como independientes, pueden seleccionar sus torneos.
Pero el jugador que está intentando subir de nivel o conservar su lugar, muchas veces no tiene esa libertad.
Derechos televisivos, patrocinios, boletaje, publicidad y un calendario cada vez más saturado, producen enormes ingresos.
Pero existe una pregunta que no puede seguir ignorándose:
¿Quién protege al deportista de la explotación de su propio éxito?
Porque detrás de cada espectáculo, hay un ser humano.
Y los atletas, por más talentosos que sean, no son máquinas.
luis@vamosdeportes.com

