El pasado domingo el candidato de derecha Abelardo de la Espriella ganó por menos de un punto la elección presidencial en Colombia, lo que coloca a este país en la lista de gobiernos de derecha latinoamericanos junto con Argentina, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Honduras, Panamá, Paraguay, República Dominicana y muy probablemente Perú, todos ellos gobiernos electos a partir del 2024.

Durante los primeros quince años de este siglo predominaron los gobiernos de izquierda en la región en reacción a las políticas neoliberales de los años noventa. Ahora el péndulo parece moverse hacia el otro extremo, con un fuerte impulso por parte de Estados Unidos. Un cambio de ciclo político.

En muchos casos los candidatos de derecha han ganado por mínima diferencia y pocos tienen mayoría absoluta en sus congresos. Aprovechan el descontento de la población con gobiernos, sean de izquierda o de centro, con cuyos resultados están insatisfechos sobre todo en temas que se han agravado como la inseguridad y el pobre desempeño económico.

La mayor parte de estos candidatos de derecha llegan con el apoyo de partidos que poco o nada tienen que ver con los tradicionales. Esto como resultado del escepticismo acumulado hacia los políticos y los partidos tradicionales, al no ver soluciones reales a los principales problemas. Los temas de seguridad están al centro de la agenda programática de estas nuevas derechas en el poder.

Sin embargo, un nuevo elemento en la ecuación es Estados Unidos. Trump en su segundo periodo ha impulsado la alianza con gobiernos de derecha centrando la agenda en el combate al crimen organizado con mano dura. Para ello convocó a la formación del Escudo de las Americas con una reunión en Maimi en marzo 2026 en la que participaron 12 países de la región. Un objetivo paralelo es aislamiento de Cuba.

Canadá, México y Brasil no participaron ni tienen visos de hacerlo. Por distintas razones no comparten los objetivos de una alianza asimétrica ni los métodos de Trump e ideológicamente se encuentran muy distantes del mandatario estadounidense.

Esta tendencia de la derecha en el hemisferio tiene un componente internacional importante. Además del Escudo de la Américas que cuenta ya con 15 integrantes, existe el antecedente del Foro Madrid impulsado por los conservadores españoles e italianos y que firmaron en su momento Javier Milei de Argentina, Jose Kast de Chile, Georgia Meloni de Italia y políticos republicanos de Estados Unidos. Este foro, surgido en 2020, tiene como objetivo contener a los gobiernos de extrema izquierda en el continente americano: Cuba, Venezuela y Nicaragua.

Una característica de estos gobiernos es su distanciamiento del multilateralismo y de los organismos internacionales. El recién electo presidente de Colombia ha anunciado que su país evaluará la salida del país de Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos, siguiendo la pauta marcada por Trump.

Algo que sin duda tendrá consecuencias inmediatas y de largo alcance es la coincidencia en el tema de seguridad pues la mayoría favorecen la mano dura a nivel interno y se acercan cada vez más a las soluciones militares para combatir el crimen trasnacional. Al respecto, el presidente de la Espriella anunció que derribará aviones y hundirá lanchas que presuntamente salgan con drogas de Colombia.

Existe una diferencia importante entre los conservadores convencionales y los conservadores extremos. Los primeros están ideológicamente apegados a la ideología conservadora pero actúan en el marco legal y de las instituciones democráticas; los segundos violentan el orden constitucional y el estado de derecho para el alcance de sus objetivos. El intento del trumpismo de tomar el Capitolio en 2021 y su réplica por parte del bolsonarismo en 2023 fueron claramente actos políticos de extrema derecha.

Ser de derecha o de izquierda no es sinónimo de buen o mal gobierno. Son visiones ideológicas con perspectivas distintas. De acuerdo con la teoría de péndulo en dos décadas la situación podría significar un retorno de la izquierda. Los tumbos políticos tampoco dan madurez política que es lo que requieren los Estados para generar buenos gobiernos. En dos décadas el paisaje político podría dar un giro a la izquierda lo que no necesariamente habría de significar la llegada de buenos gobiernos.

lherrera@coppan.com

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