Desde el triunfo de la revolución cubana (1959) y la subsecuente instauración de un régimen socialista, los habitantes de la isla no habían vivido una situación de aislamiento internacional y de carencias materiales como en 2026.
Debido a su situación geopolítica, Cuba requirió de oxigenación desde el exterior desde sus inicios. Su enemistad con Estados Unidos, el bloqueo económico (1960), su escasez de recursos energéticos y la presión de su población exiliada en Florida, lo hicieron depender de la Unión Soviética hasta finales de los 80s, lo que fue posible gracias a que Cuba era una pieza estratégica para la USSR en el conflicto Este-Oeste.
Al momento de la desintegración de la USSR y del fin de la Guerra Fría, Cuba vivió sus primeras crisis de desabasto, escasez y de muchas privaciones. Las relaciones con el exterior estaban muy controladas, había poca inversión extranjera y carecían de una industria competitiva. Tras la llegada de Chávez al poder de Venezuela en 1999, se reabrieron las válvulas del exterior con petróleo venezolano.
Sin embargo, el modelo venezolano al poco tiempo empezó a mostrar signos de desgaste, similares a los del modelo cubano. La revolución bolivariana, de enorme peso ideológico, no llevaba aparejado un modelo económico y social que respondiera a las necesidades de la población. Los gobiernos revolucionarios se convierten en autocracias altamente ideologizadas.
En enero de 2026, mediante un operativo militar, tropas estadounidenses tomaron presos al presidente Nicolás Maduro y a su esposa; dejaron en la presidencia a Delcy Rodríguez. A cambio de ello, la flamante presidenta debe ceder frente a las presiones de Trump en el sector energético, lo que incluye, entre otras cosas, terminar con el subsidio a Cuba. El gobierno de México recibe presiones en la misma dirección, con el efecto esperado.
Frente a esta nueva embestida de Estados Unidos, en junio 2026 el gobierno de la isla anunció una reforma -que ellos denominan escenarios de transformación – que incluye 176 medidas económicas entre las que aparece la posibilidad de inversión extranjera hasta por el 100% por parte de empresas de Estado Unidos, sean o no de cubanos exilados.
Para el gobierno de Washington, en la voz de su canciller Marco Rubio, las medida son “insuficientes y superficiales”. Seguramente esto obedece, al menos en alguna medida, a la ausencia de mención de escenarios de transformación política. Se supone que en 2027 debe haber elecciones en Cuba y nadie conoce las bases sobre las cuales se llevaran a cabo.
Tanto en Cuba como en Venezuela, la clase empresarial esta formada hoy en día por cuadros militantes de las élite burocráticas y militares de estos países. Uno podría pensar que esta evolución demuestra un triunfo apabullante del régimen capitalista depredador sobre sobre el socialismo fallido y que los integrantes de esta clase empresarial serán los principales beneficiarios de la llegada de nueva inversión extranjera. Aún está por verse.
Desafortunadamente esto no significa necesariamente una victoria de la democracia sobre los regímenes autoritarios de los países socialista. Por el contrario, tanto en el hemisferio como en otras partes del mundo, la democracia pasa por un proceso de desgaste y de involución, del que difícilmente podríamos felicitarnos. Definitivamente vivimos hoy en día escenarios con más problemas que soluciones.
lherrera@coppan.com
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