Al momento de su llegada al poder en 2018, el líder de Morena prometió un país seguro, libre de corrupción y de pobreza. Aseguró que México contaría con un gobierno austero, eficiente y confiable. Que México sería un ejemplo para el resto del mundo por la calidad de sus servicios de salud, su educación y su calidad de vida.
Ocho años después, con Morena gobernando en la mayor parte del país, la mayoría de las promesas no solo no se han cumplido, la situación se ha deteriorado y la calidad de vida de los mexicanos va hacia abajo.
La ciudad de México resulta representativa. Las transferencias directas como parte de sustancial de los problemas sociales poco hacen para compensar las dificultades que enfrentan quienes ahí hacen su vida. Entre dos y tres horas para llegar al lugar de trabajo y las condiciones de vialidad empeoran día con día.
Las posibilidades de conseguir empleos razonablemente bien remunerados disminuyen día con día. Las tasas de creación de nuevos empleos son muy bajas y hasta negativas; la escasez de vivienda ha encarecido las rentas en todos los estratos; el agua escasea incluso para quienes la pagan y para más del 70% de la población la inseguridad es un problema grave en una ciudad en la que todos los días de cometen más de 600 delitos. No es gratuito que de 2025 a 2026 la popularidad de la Jefa de Gobierno haya bajado 18 puntos. La CDMX es ahora una bomba de tiempo que, de seguir por este camino, tarde o temprano habrá de estallar.
Con la bandera del combate a la corrupción, el primer gobierno de Morena canceló la construcción del nuevo aeropuerto internacional (NAIM) que llevaba 60% de avance. Esto le costó al erario público cientos de miles de millones de pesos. Hoy en día el aeropuerto Benito Juarez esta congestionado de vuelos y pasajeros. El aeropuerto sustituto, el Felipe Ángeles, apenas cubre una cuarta parte de los que cubriría el NAIM.
Después de cancelar el NAIM, López Obrador emprendió cuatro obras emblemáticas que puso en manos de militares, en las que se gastaron multimillonarios recursos públicos y que resultaron poco productivos y de bajo beneficio social, en lugar de invertir en infraestructura eléctrica e hidráulica en todo el país.
Las reformas en materia de salud empobrecieron los servicios y encarecieron los medicamentes. La reforma educativa significó un retroceso en el aprendizaje en todos los niveles de educación básica. El cuidado al medio ambiente y a la conservación de los recursos náurales dejaron de ser una prioridad y la imagen y el prestigio de México se deterioraron hasta convertirnos en el prototipo de país del crimen organizado.
Después de varias décadas, Mexico había logrado formar una generación de jóvenes profesionistas con alta competitividad internacional. La inseguridad y la incertidumbre han llevado a una migración muy importante de estos jóvenes y sus familias, muchos en forma definitiva, sobre todo a Estados Unidos, Canadá y la Union Europea, un capital que llevará muchos años recuperar.
México es un país – y hablo de los mexicanos de ayer y de hoy – con una gran capacidad de resiliencia. Logramos recuperárnosle de otros momentos difíciles de nuestra historia hace cien y doscientos años. Muy probable que a muchos mexicanos ya no nos toque ver un México distinto. Sin embargo, estoy seguro de que nuestros jóvenes, en todos los ámbitos, mejor preparados y con una visión distinta, lograrán en el futuro hacer de México un mejor país.
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