La sociedad civil mexicana es heterogénea y plural. En los últimos meses, abundan ejemplos de su valiosa labor: ambientalistas que documentan con determinación el derrame petrolero en el Golfo de México; organizaciones de derechos humanos que hacen eco de los fundados señalamientos internacionales sobre la crisis de desapariciones que no cede; centros que identifican nuevos riesgos para la libertad de expresión.
Estos esfuerzos son relevantes. Sin espacios para la participación cívica, no puede haber consolidación democrática. Los índices sobre democracia y estado de derecho más aceptados globalmente confirman que en los países donde la sociedad civil participa en la vida pública, los problemas sociales encuentran mejores soluciones.
Daniel Innerarity lo ha señalado con claridad: “el gobierno de sociedades complejas es limitado y requiere el protagonismo o la colaboración de los gobernados, que no pueden ser entendidos como destinatarios pasivos de la intervención gubernamental”.
Con esta convicción, en la Universidad Iberoamericana recibimos por segundo año consecutivo el “Encuentro de Colaboración Ciudadana” 2026, convocado por el Centro Mexicano para la Filantropía (CEMEFI).
El evento reunió a activistas de México y otros países de la región, que se congregaron para conversar sobre los retos de la participación cívica en el desafiante contexto actual.
Una preocupación que atravesó los diversos diálogos fue la relacionada con la defensa del espacio cívico. Como ha señalado el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos “el espacio cívico constituye el entorno propicio para que la sociedad civil desempeñe un papel en la vida política, económica y social”. Su existencia supone que la sociedad civil pueda participar efectivamente, sin tener que renunciar a su talante crítico, en la formulación y en la aplicación de las políticas públicas que afectan la vida de todos y todas.
El espacio cívico se ensancha cuando se habilitan espacios para el diálogo respetuoso y efectivo entre la sociedad y el gobierno. En contrapartida, el espacio cívico se achica y se cierra cuando la criminalidad organizada amenaza a quienes quieren participar en la vida pública; cuando desde el poder se estigmatiza a las organizaciones no gubernamentales; o cuando la legítima vigilancia de las autoridades fiscales se enfoca de forma desproporcionada en los esfuerzos ciudadanos.
Las organizaciones reunidas en el encuentro convocado por CEMEFI pusieron en evidencia, con su pujanza y su creatividad, cómo la sociedad civil mexicana sigue siendo proactiva y vibrante. Así, reivindicaron la vigencia del espacio cívico en nuestro país.
Frente a los desafíos del presente, es de primera relevancia hacer eco de los esfuerzos del sector no gubernamental, hoy necesitado de mayor apoyo social. Las organizaciones no lucrativas mexicanas requieren, más que nunca, de más donativos, de más trabajo voluntario, de más respaldo público y de más voces que amplifiquen sus denuncias. La filantropía en México aún tiene espacio para crecer. Y del lado de las políticas de Estado, hay un amplio margen de mejora para que se incentive —y no se inhiba— el surgimiento de organizaciones no gubernamentales profesionales y sostenibles.
En sintonía con nuestra tradición educativa, desde la Universidad Iberoamericana seguiremos apostando por abrir espacios para la sociedad civil mexicana, plural y heterogénea como es. Su voz es esencial para construir el México democrático y plural que todos y todas anhelamos.
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