Los triunfos de Keiko Fujimori, en Perú, y de Abelardo de la Espriella, en Colombia, son los casos más recientes del giro a la derecha que desde hace algunos años se está manifestando en América Latina y que se presenta como una reacción a muchos de los gobiernos de izquierda populista que habían llegado al poder durante la década pasada. El asunto no es menor, porque haciendo de lado a los gobiernos dictatoriales de Cuba, Nicaragua y Venezuela, sólo las administraciones de Orsi en Uruguay, Arévalo en Guatemala, Lula en Brasil y Sheinbaum en México, tienen orientaciones de izquierda.
?Ese giro a la derecha coincide también con un realineamiento con la nueva concepción geopolítica que ha establecido el presidente Trump en su segundo mandato. En efecto, suelen ser gobiernos que coinciden en el discurso, lógica e intereses norteamericanos, particularmente en temas económicos, políticos y de seguridad.
?Prueba de ello es que ya 13 países de la región se han sumado a la coalición del “Escudo de las Américas” convocada por Trump y que abiertamente señala a México como el epicentro de los cárteles que operan en el hemisferio occidental y a la debilidad (o complicidad) de su gobierno para combatirlos.
?Además, en octubre de este año, Brasil renovará su presidencia en lo que las encuestas anticipan será una cerrada contienda entre Luiz Inácio Lula y Flavio Bolsonaro. En caso de que la derecha ganara también esas elecciones, México enfrentaría una situación muy delicada, al convertirse en el único gobierno relevante de izquierda que resta en América Latina y, sobre todo, al quedarse aislado frente a la agresiva retórica en materia de seguridad que ha sostenido en su contra la administración norteamericana y que ahora pasaría a estar respaldada por todos los países la región, prácticamente sin excepción.
?Lo más grave es que esa inversión de ruta hacia la derecha que estamos viendo en el continente no es un mero asunto de tendencias políticas, sino que encarna la reivindicación de las peores expresiones del conservadurismo y del reaccionarismo.
?En efecto, estamos frente al empoderamiento de la más nefasta versión de la derecha latinoamericana que, paradójicamente, se ha alimentado y fortalecido tanto del ambiente de polarización que propiciaron y del que se beneficiaron muchos de los gobiernos de izquierda en la región, como de la erosión y desmantelamiento (intencionalmente empujados por estos) de la lógica y de las instituciones que resultaron del arreglo democrático.
?Dicho de otra manera, buena parte de los gobiernos de izquierda que llegaron al poder por la vía democrática, inspirados en la agenda del Foro de Sao Paulo e impulsores de lo que algunos llamaron el “nuevo constitucionalismo latinoamericano”, establecieron una serie de políticas apelando al pueblo y su mandato, cambios a las normas en clave autoritaria, un discurso maniqueísta y de confrontación social, así como una constante propensión a la concentración del poder y a la descalificación de las instituciones de control, que, a la postre, generaron y sustentaron la respuesta reaccionaria que hoy estamos presenciando.
La radicalización y falta de compromiso democrático de la mayoría de las izquierdas latinoamericanas (cuya expresión más clara es su condescendencia, defensa y hasta coincidencia, con los regímenes autoritarios de Cuba, Venezuela y Nicaragua) es, en gran medida, la causa que explica el resurgimiento y empoderamiento de esa derecha antidemocrática que hoy vuelve por sus fueros.
?Hoy estamos cosechando los peores frutos de la irresponsabilidad de ese populismo que, por años, se dedicó a concentrar y a abusar del poder, a desprestigiar y desmantelar los controles democráticos y sus instituciones, a dividir y polarizar a nuestras sociedades, a asentar y cultivar la lógica de la intolerancia política, a erosionar el compromiso democrático y a alimentar el descontento con éste.
Investigador del IIJ-UNAM
@lorenzocordovav
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