El jueves decía la Presidenta con ánimo especulativo que pusiésemos al revés el caso de Rocha Moya. ¿Que se diría si México se dedicara a investigar autoridades de otros países? La reacción sería francamente adversa. Por supuesto que la Jefa del Estado tiene razón al formular de esa manera las cosas ya que ayudan a entender mejor la circunstancia. Cada vez que México ha interferido en la soberanía de Colombia, Perú. Argentina o Ecuador, por citar algunos episodios no lejanos, la reacción ha sido sonoramente adversa. Debe quedar claro que es un agravio para cualquier pueblo, el que otro país se meta en sus asuntos internos.
Vale la pena plantear el argumento en sentido contrario para examinarlo mejor. ¿Tenemos algún tipo de legitimidad para criticar la interferencia de la justicia americana cuando hemos vaciado nuestras cárceles de una caterva de retirados y hemos entregado a delincuentes confesos y juzgados a la soberanía de los Estados Unidos simplemente porque se buscaba un mejor trato político con la administración Trump?
Carece de eficacia política declarar que los Estados Unidos no tienen derecho a actuar como lo hacen, cuando el gobierno de Claudia Sheinbaum y el de AMLO celebraron el proceso en contra de García Luna, que terminó condenado (esencialmente) por los dichos de criminales. Es verdad que ya no estaba en funciones, pero las pruebas no fueron la base del proceso. Se llevaron al Mayo sin decir agua va. Procesan a quien consideran adecuado.
La credibilidad del gobierno para oponerse al unilateralismo es baja; somos un país que ha sido sancionado con aranceles, a pesar de estar vigente un tratado libre comercio, por ser reputado como protector de delincuentes. México se comió esos aranceles y ha hecho todo un despliegue de diplomacia comercial para intentar quitarlos. Periódicamente el gobierno de la República informa al gobierno de los Estados Unidos de las detenciones que superan las 45 mil y el conjunto de laboratorios destruidos que las instituciones mexicanas no hace mucho negaban.
No es fácil ponerlo al revés, porque la fiscalía mexicana carece de credibilidad dentro y fuera del país en lo que gestión autónoma se refiere. Para la Presidenta es arduo explicar que la funcionaria que encabeza una institución (teóricamente) autónoma no es su subordinada. No hay manera de decir que Ernestina Godoy no forma parte del engranaje gubernamental y que carece del espacio político institucional para tomar una decisión sin escuchar al gobierno de la República. Está claro que la decisión de Godoy será la decisión de CSP.
El asunto es particularmente agresivo desde el punto de vista político, pero no hay manera de llamarse en engaño. No hay tampoco forma de plantearlo al revés. Desde que llegó Trump al poder les marcó la jugada: declaraciones, artículos de prensa y las instituciones mexicanas no han hecho absolutamente nada respecto al expediente que hoy es motivo de desencuentro bilateral. Si no lo entregan, amagarán por venir por él.
Lo delicado es que la caída de Rocha implica una devaluación del discurso político de la 4T. Lo que por años se usó como arma arrojadiza contra la oposición, hoy es el pijama que le ponen al gobierno de Sinaloa: las narcocracias regionales.
Mucha gente se preguntó si tenía sentido que los compromisos de López Obrador de apoyar al gobernador, hoy señalado, debía asumirlos la Presidenta; contra la opinión de muchos sectores, ella decidió hacerlo y dijo que gobernaría con Rocha hasta el final de su mandato.
El espacio político institucional es muy bajo, y yo termino preguntándome si lo ponemos al revés y dignificamos las instituciones y nombra un fiscal autónomo, pacta una reforma de la justicia, así como una depuración del sistema electoral para evitar que el narco se siga metiendo en las campañas. Podríamos decir que el país está cambiando en realidad. Hoy no lo podemos poner al revés, porque ahora el gobierno de Sinaloa y en cierta medida, el de México es el que está situado en el banquillo de los acusados, no en el de un país pacífico, impoluto, con instituciones profesionales e impecables. Eso sí, sería ponerlo al revés.

