Igualdad de género y tecnología: una agenda para el futuro

Laura Reyna de la Garza

Gracias a los movimientos feministas en el siglo XX hemos conquistado derechos políticos como el de votar y poder ser votadas, hemos levantado la voz contra la violencia feminicida y hemos impulsado la igualdad económica

Durante siglos, las mujeres hemos sido excluidas del proceso de toma de decisiones. Gracias a los movimientos feministas en el siglo XX hemos conquistado derechos políticos como el de votar y poder ser votadas, hemos levantado la voz contra la violencia feminicida y hemos impulsado la igualdad económica (como eliminar la brecha salarial). Sin embargo, hoy muchos de estos avances pueden estar en riesgo como consecuencia de no incorporar la perspectiva de género en el diseño, desarrollo y adopción de nuevas tecnologías.

Desde Ada Lovelace, inventora de la programación, hasta Anita Borg, desarrolladora del correo electrónico, las mujeres hemos participado activamente en la industria de la tecnología. Por ejemplo, durante la Segunda Guerra Mundial, las primeras “computadoras” fueron mujeres matemáticas, quienes fueron contratadas para calcular trayectorias balísticas. En los inicios del desarrollo de las tecnologías digitales, las mujeres fueron protagonistas en la creación de herramientas. Por ejemplo, el wifi, el GPS y el bluetooth, fueron desarrollados por Hedy Lamarr; el correo de Google (Gmail), Google Earth y Google Maps, por el equipo de Marisa Mayer; o Visual Studio un entorno de desarrollo de Microsoft, por Julia Liuson. Sin embargo, en las últimas décadas, poco a poco las mujeres hemos sido relegadas del desarrollo tecnológico y de la toma de decisiones en dicha industria.

Actualmente, el ecosistema de la inteligencia artificial, el internet de las cosas o la ciencia de datos adolece de diversidad. Contrario a sus orígenes, la industria de la tecnología se ha convertido en un ecosistema predominantemente masculino y México, no es la excepción. De acuerdo con el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), el 90% de la computación en la nube (o vía internet) y el 72% de la ciencia de datos e inteligencia artificial en México, es producida por hombres. Es decir, vivimos tiempos donde las mujeres en software ganamos en promedio 30% menos que los hombres. Así lo indica el análisis sobre la "Disparidad salarial en profesionistas de software en México: evidencia de la desigualdad de género en la industria de tecnología" que desarrollamos de manera voluntaria desde Global Shapers Ciudad de México y publicamos en Nexos. Las Global Shapers desarrollamos un proyecto donde apoyamos a mujeres en la industria de tecnología en México (con conferencias para niñas interesadas, talleres de negociación salarial y capacitación a empresas en tecnología). Esto sumado en un contexto donde 9.4 millones de mexicanas sufrimos de ciberacoso.

Desde Puentech Lab, laboratorio de tecnología y política pública, creemos que la perspectiva feminista puede ayudarnos a transitar a una cuarta revolución industrial más incluyente y que coloque a las personas y sus derechos digitales en el centro. Usamos al feminismo de datos para generar una agenda para el futuro y hacernos las preguntas incorrectas respecto de los beneficios y peligros de las nuevas tecnologías.

La ciencia de datos y la inteligencia artificial son hoy una forma de poder. Pueden ser usadas para el bien como encontrar patrones en las cifras de feminicidios o desarrollar chatbots que respondan dudas a mujeres durante su embarazo cuando la o el médic(a) no esté disponible. Y a su vez, pueden ser usadas para discriminar personas que aplican a un trabajo o vigilar a las personas a través del reconocimiento facial. 

Por ello, el desarrollo de la inteligencia artificial y la ciencia de datos, son tareas tan importantes para el siglo XXI, que no pueden marginar en su desarrollo a la mitad de la población. No resulta sorprendente que sean mujeres -como la Dra. Timnit Gebru, especialista en sesgo algorítmico en Afroamericanas en Inteligencia Artificial; Joy Buolamwini, fundadora del Proyecto de Justicia Algorítmica en el MIT Lab; o Catherine D’Ignazio, coautora de Feminismo de Datos-, quienes lideren los esfuerzos para denunciar, exhibir y proponer soluciones ante los peligros de los sesgos en los algoritmos de inteligencia artificial y el aprendizaje de máquina.

Existen cinco tendencias emergentes en el panorama de las políticas de igualdad de género y tecnología. Primera, la falta de paridad de género y cultura organizacional discriminatoria en el sector de la tecnología. Segunda, las desigualdades de género en el acceso a la tecnología en todo el mundo. Tercera, la focalización de la violencia contra las mujeres en equipos y plataformas digitales. Cuarta, las brechas de género en la recolección de información que se analiza en la ciencia de datos. Quinta y última, los riesgos de los sesgos de género en los modelos de inteligencia artificial. En futuras entregas, producto de la investigación que desarrollamos en PuentechLab, profundizaré en cada uno de estos temas.

La agenda feminista del presente y del futuro debe contemplar líneas de acción sobre estas tendencias, no solamente la orientada a la violencia digital, como la denominada #LeyOlimpia en México. La próxima jornada electoral coloca a nuestro país en un momento clave para hacerlo. La elección más paritaria de la historia merece las propuestas y políticas públicas más feministas y avanzadas de la historia. Poco a poco, la relación entre tecnología y política esta tomando un espacio cada vez mayor en la agenda pública. Por ejemplo, en Estados Unidos la agenda política de personajes como Hillary Clinton empieza a incluir el impacto de la desinformación en la democracia y la regulación de redes sociales como parte central de su mensaje público. ¿Qué líder en la política mexicana cuenta con las herramientas para suficientes tomar decisiones vinculadas a la gobernanza algorítmica o regulación de redes sociales? ¿Cuándo vamos a empezar a hacernos las preguntas incorrectas sobre el impacto de las nuevas tecnologías a nuestra vida cotidiana?
 

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