Durante años, las empresas aprendieron a hablar el lenguaje del bienestar. Salud mental. Liderazgo empático. Diversidad. Inclusión. Flexibilidad. Pero hay, increíblemente, una conversación que sigue quedándose fuera de la oficina. La menstruación. Y es que nadie había cruzado la información de la productividad con este proceso.

Hace unos meses, dirigí una investigación sobre menstruación y productividad laboral en México junto con Dalia y Plenna. Esta semana, acabamos de replicarla en Brasil. Lo que encontramos en ambos países no es solamente un tema de salud femenina. Es una conversación sobre cultura laboral, productividad, silencios corporativos y desigualdad estructural.

En México, el 91% de las mujeres encuestadas dijo que su productividad se ve afectada por molestias menstruales. En Brasil, la cifra superó el 97%. Y aun así, la enorme mayoría de las empresas sigue operando como si el tema no existiera. Y no estamos hablando de una condición excepcional. Estamos hablando de millones de mujeres trabajando con dolor todos los meses mientras intentan aparentar normalidad. Mujeres tomando juntas con cólicos incapacitantes. Mujeres escondiendo medicamentos en cajones. Mujeres que se ausentan inventando otras razones, porque siempre es más polite decirle a tu jefe “me duele la panza”, que decirle “tengo cólicos”. El cruel mundo corporativo lo lee como debilidad, exageración o falta de profesionalismo.

Las mujeres normalizaron trabajar con dolor. En México, encontramos que muchas mujeres prefieren no informar la verdadera razón de sus ausencias por miedo a repercusiones laborales, vergüenza o porque consideran que nadie las tomará en serio. En Brasil apareció exactamente lo mismo: temor, cultura organizacional cerrada y miedo a no ser tomadas en serio.

Y mientras eso pasa, a las empresas aun con buena parte de sus directivas de RRHH mujeres, no les cruza el tema por la cabeza. Porque es un asunto que tiene que ver con la intimidad y privacidad. Están muy equivocados.

Pero el cuerpo pasa factura. Hay desgaste. El 45% de las mujeres mexicanas encuestadas ha faltado o intentado faltar al trabajo por molestias menstruales. Y contrario a lo que pudiera pensarse, el otro lado de la moneda tiene un cuestión positiva. Cuando en las organizaciones existen políticas relacionadas con menstruación, disminuyen las afectaciones en productividad y el ausentismo. En Brasil, incluso se estimó una recuperación de 22 jornadas laborales al año por cada 100 colaboradoras en empresas con medidas de apoyo. Es decir, ignorar el tema perjudica los resultados de las empresas.

En México, apenas el 5% de las mujeres reportó trabajar en empresas con políticas vinculadas a menstruación. En Brasil, apenas 8%.

A veces la conversación pública sobre menstruación se queda atrapada en la discusión sobre licencias menstruales. Pero el problema es mucho más amplio y, hasta diría yo, más sencillo. Lo que muchas mujeres piden no es necesariamente dejar de trabajar. Es poder trabajar mejor. Con flexibilidad. Con empatía. Sin esconderse. Y ahí hay algo muy básico que las empresas podrían empezar a hacer mañana mismo: colocar productos menstruales en sus baños. México avanzó eliminando el IVA a productos de gestión menstrual. Fue una decisión importante porque reconoció que menstruar no es un lujo. Pero el sector privado sigue muy atrás. Hay oficinas sofisticadas, obsesionadas con la experiencia del empleado, que todavía no consideran indispensable algo tan elemental.

Durante décadas, las mujeres aprendieron a adaptarse a estructuras construidas alrededor de una idea masculina de productividad: lineal, constante, desconectada de procesos biológicos visibles. Lo incomprensible es la cantidad de mujeres que han sostenido carreras enteras fingiendo que no les afecta. ¿Pero cómo¿ ¿Imagina Ud. a una CEO con cara de cólico en una junta llena de hombres? Incontables veces han fingido no tener dolor.

El mundo corporativo que presume tener ya una fuerza laboral del 45-50% de mujeres (porque ya nos sabemos que los puestos directivos no avanza), urge que empiece a tomar en cuenta la salud de sus colaboradoras y personas menstruantes.

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