México se idealizó durante décadas como una potencia petrolera. La expropiación de 1938 convirtió a Pemex en símbolo de soberanía nacional y los grandes campos del Golfo —como Cantarell, que alcanzó un pico de 2.1 millones de barriles diarios (mbpd) en 2004— sostuvieron esa imagen. Hoy, los datos son otros y desmienten esta narrativa.

La producción de petróleo crudo cerró 2025 con 1.367 mbpd frente a 1.813 millones reportados en 2018, una caída acumulada de casi 25% a lo largo de los siete años que lleva gobernando la Cuarta Transformación. A la par de Cantarell, que produce una fracción de su máximo histórico, otro importante campo, el Ku Maloob Zaap, en el mismo periodo declinó 39.3%, pasando de 874 mil barriles diarios a apenas 530 mil barriles. El discurso sobre la recuperación de Pemex, dicho por el gobierno anterior, no se reflejó en la producción real de los yacimientos.

La actual administración heredó esa realidad y presentó el Plan Estratégico 2025-2035, que fija como meta llegar a 1.8 mbpd de hidrocarburos líquidos. Para lograrlo, Pemex prevé 2,036 perforaciones, mil 300 reparaciones mayores y una inversión total de 1.6 billones de pesos, con 12 proyectos estratégicos que aportarían el 61% de la producción total. Sin embargo, la realidad operativa es de estancamiento: en enero de 2026, Pemex reportó 1.65 millones de barriles diarios de hidrocarburos líquidos y en febrero bajó a 1.64 millones. La distancia entre la meta y la realidad no se mide en barriles, sino en tiempo perdido e inversión diferida. La deuda de Pemex agrava esto —122.8 mil millones de pesos en marzo 2026 (14% mayor que en 2024)—, con apoyos fiscales que suman al menos 1.5 billones desde 2021 y con apoyos fiscales que suman al menos 1.5 billones desde 2021 y una pérdida neta de 45.2 mil millones de pesos en 2025. México no es la potencia petrolera que se pretende vender.

Según la Agencia de Información de Energía de Estados Unidos (EIA), con datos promedio de enero a noviembre de 2025 publicados en marzo de 2026, México registró 1.72 mbpd (lugar 13), lejos de líderes como Arabia Saudita (10.2 mbpd, 2°). Irán, con 4.19 mbpd (7°), produce 2.4 veces más pese a sanciones y la guerra abierta con EE. UU. e Israel desde febrero 2026, que paralizó parcialmente el Estrecho de Ormuz —prueba de la fortaleza de la inversión onshore. La comparación con Irán resulta particularmente reveladora: pese a cargar con décadas de sanciones internacionales (especialmente a las ventas) ha podido mantener su producción.

Venezuela ilustra el otro extremo, a pesar de poseer las mayores reservas probadas del mundo (303 mil millones de barriles, frente a 6 mil millones de México), su producción según la EIA cerró 2025 en 0.97 mbpd (20°), en parte por las sanciones y especialmente por la ineficiencia de PDVSA. Venezuela es el espejo del fracaso que México debe evitar a toda costa. En contraste, Brasil con 3.4 mbpd, logró en una década un aumento de 20% en producción offshore mediante alianzas privadas. Las perspectivas no son favorables para nuestro país: proyecciones de la OPEP (abril 2026) ubican a México con 1.6 mbpd para 2027; la agencia BMI Research por su parte estima 1.2 mbpd en 2030 sin fracking.

El peso del petróleo en las finanzas públicas mexicanas explica por qué estos números importan más allá del sector. La LIF 2026 estima recursos petroleros por 1.204 billones de pesos, 13.8% del total de ingresos presupuestales; ahora bien, el conflicto disparó los precios internacionales de referencia (el Brent llegó a un pico de 138.21 dólares por barril, nivel más alto desde 2022). La Mezcla Mexicana de Exportación, por su parte, registró un pico en la semana del 20 de marzo, con 99.21 dólares, un nivel que no se veía en más de tres años (el promedio hasta abril es de 75 dólares), colocando a México en una trampa: el alza beneficia las exportaciones petroleras, pero el país importa gasolinas y subsidia su precio doméstico, lo que le cuesta 5 mil millones de pesos semanales en IEPS, Pemex quita al erario más de lo que le aporta.

La SHCP ajustó en sus Pre-Criterios 2027 un precio de 77.3 dólares para 2026 (asumiendo un conflicto de corta duración) y de 54.7 dólares para 2027. Sin embargo, la realidad muestra que los beneficios que México podría obtener de los precios altos terminan siendo mermados, porque la política energética de control estatal sin eficiencia operativa convierte a Pemex en un agujero fiscal que devora las ganancias del petróleo caro.

El futuro energético de México no está en el fondo del mar ni en los campos en declive del Golfo; está en decidir, de una vez, qué tipo de país queremos llegar a ser. La dependencia de hidrocarburos convencionales es una apuesta arriesgada sobre activos que se agotan (10 años al ritmo actual sin inversiones), mientras el mundo avanza hacia una matriz energética que México observa desde la tribuna. En 2025, el 25% de la matriz energética es no convencional, cuando la meta era de 50%.

El actual gobierno prometió soberanía energética y está tratando de rescatar una empresa cada vez más emproblemada, menos productiva y más dependiente del erario. Hay alternativas como reactivar las Rondas; incentivar la inversión mixta en no convencionales y atraer inversiones en una suerte de nearshoring energético.

Presidente de Consultores Internacionales, S.C.

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