El mercado laboral ha tomado una senda de transformación que condiciona los alcances del crecimiento económico del país. A diferencia de otros momentos históricos de desaceleración, el problema actual no radica en la falta de empleo en términos absolutos, sino en la calidad de este. Las cifras del mercado son claras: mientras que entre 2015 y 2018 se generaban en promedio más de 700 mil empleos formales anuales registrados en el IMSS, en el período 2023–2025 esa cifra se redujo a alrededor de 380 mil y en 2025 apenas se alcanzaron 278 mil nuevos puestos.
La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) muestra que el empleo total continúa creciendo, si bien de manera sesgada hacia la informalidad. Entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, la economía incorporó aproximadamente 1.16 millones de trabajadores ocupados en condiciones informales, mientras que la ocupación formal se redujo en cerca de 103 mil personas. Como resultado, la tasa de informalidad laboral se elevó a alrededor de 55.4%, consolidando una tendencia estructural al alza. En este contexto, no estamos frente a una crisis de empleo en cantidad, sino en su composición: el crecimiento de la ocupación ocurre en segmentos de baja productividad, escasa vinculación productiva y limitada contribución fiscal.
Esta transformación en la estructura laboral tiene implicaciones directas sobre el crecimiento económico. El empleo formal es un componente central del proceso productivo de una economía moderna y abierta. Está asociado a mayor capital por trabajador, acceso a capacitación, adopción tecnológica y mejores prácticas organizacionales. Diversos estudios estiman que la productividad en el empleo formal puede ser entre 30% y 50% superior a la del empleo informal; cabe señalar que, en 2025, este indicador se ubica por debajo de niveles previos a la pandemia.
De igual forma, el empleo formal es clave para la articulación de cadenas productivas. Las empresas formales participan activamente en redes de proveeduría, generan demanda intermedia y amplifican el impacto del crecimiento en otros sectores. En contraste, la informalidad tiende a concentrarse en actividades de limitado encadenamiento e integración, funcionando más como un medio de subsistencia que como un motor de expansión económica. Esta diferencia explica por qué un aumento en la ocupación informal no se traduce necesariamente en un mayor dinamismo del PIB.
Ante la pregunta de por qué no crecemos, hay que retomar el planteamiento básico: la baja inversión y productividad laboral están incidiendo en el desempeño macroeconómico. Por un lado, la productividad agregada muestra signos de estancamiento, en parte porque el crecimiento del empleo se ha apoyado más en el aumento de horas trabajadas que en mejoras en eficiencia; por otro, el consumo, que no ha caído, presenta limitaciones estructurales: los trabajadores informales tienen ingresos inestables, menor acceso a crédito y menor capacidad de enfrentar choques económicos. Esto se refleja en una expansión moderada de la masa salarial real, que creció alrededor de 4% a 5% anual en 2024-2025, pero con señales de desaceleración.
Más preocupante aún es el comportamiento de la inversión. La Formación Bruta de Capital Fijo ha mostrado debilidad, con caídas reales hacia finales de 2025, lo que sugiere que las empresas están postergando decisiones de expansión productiva. Este fenómeno no es independiente del mercado laboral: un entorno donde predomina el empleo informal reduce los incentivos para invertir en capital físico y humano, limitando así la capacidad de crecimiento de largo plazo.
En conjunto, estos elementos configuran una dinámica circular que puede describirse como una trampa de bajo crecimiento. La baja generación de empleo formal reduce la productividad y la inversión; esto, a su vez, limita el crecimiento económico, lo que restringe nuevamente la creación de empleo formal. El resultado de este círculo vicioso es una economía que crece, pero a un ritmo insuficiente.
Sin una expansión sostenida del empleo formal, será difícil elevar la productividad, fortalecer la base fiscal y consolidar un crecimiento robusto de largo plazo. La evidencia es clara, no basta con generar ocupación, es indispensable que esta sea formal, productiva y plenamente articulada a los impulsores del crecimiento; sin ello, el país corre el riesgo de permanecer atrapado en una trampa de crecimiento bajo y estructuralmente limitado.
Presidente de Consultores Internacionales, S.C.
Únete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

