El Mundial 2026 ha sido presentado como una gran oportunidad para México, no solo en términos deportivos, sino también como una palanca de dinamismo económico, proyección internacional y activación comercial en un momento en que el país necesita señales de confianza y crecimiento. Sin embargo, detrás de esa narrativa optimista persiste la duda de si el torneo realmente cumplirá con las expectativas que se le han asignado o, por el contrario, terminará revelando los límites de una apuesta apoyada más en la expectativa que en la capacidad estructural del país para convertir un evento de esta magnitud en un beneficio duradero.
La industria turística mexicana está relativamente madura y el evento será compartido con otros países, por lo que el gasto se dispersa y el efecto multiplicador se reduce. Además, buena parte del beneficio se concentrará en servicios de corto plazo (hotelería, transporte, comercio y entretenimiento) y en zonas muy concretas como Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. Eso significa que el Mundial sí moverá ciertos sectores y ciudades, pero difícilmente dejará una huella económica proporcional a las expectativas que lo rodean.
A ello se suma un entorno externo que complica el escenario. Las restricciones migratorias en Estados Unidos, que exigen una tarifa de entre 160 o 185 dólares para una visa de no inmigrante, de igual forma los tiempos de cita para visas pueden ser largos en ciertos consulados; lo que desincentivan el flujo de turistas latinoamericanos y de otras regiones emergentes. Si bien la administración Trump anunció un sistema de citas prioritarias para portadores de boletos al torneo, la medida no resuelve el problema estructural de acceso para cientos de miles de potenciales visitantes. Al mismo tiempo, la Secretaría de Turismo reportó en mayo de 2026 una ocupación hotelera de 60% en las ciudades sede (Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey), cifra que contrasta con 80% que el propio sector hotelero proyectaba meses atrás.
El vínculo con el comercio exterior agrega otra capa de complejidad. México enfrenta hoy una presión arancelaria significativa: los aranceles de 25% aplicados por Estados Unidos a productos mexicanos y los gravámenes de hasta 50% que el propio gobierno mexicano impuso a países sin tratado comercial encarecen insumos, alteran cadenas de suministro y debilitan la competitividad exportadora. En ese contexto, la derrama del Mundial no compensa ni de lejos el impacto en el sector exportador.
La recuperación del turismo posterior a la pandemia ha sido sólida, aunque todavía no se observa una expansión extraordinaria que permita anticipar un salto estructural en la actividad. En paralelo, el ritmo de crecimiento turístico más reciente sugiere que el evento sí puede detonar un repunte temporal, pero no uno suficientemente amplio como para transformar por sí solo la trayectoria del sector. Esto refuerza la idea de que el beneficio se concentrará en el corto plazo y en pocos destinos, con una derrama importante pero limitada.
El impacto del Mundial tampoco será homogéneo entre sectores ni entre regiones. La mayor parte de la derrama se concentrará en hospedaje, entretenimiento y alimentos en las tres ciudades sede, mientras que el resto del país recibirá beneficios marginales y difusos. Canaco CDMX estima para la capital una derrama de 26 mil 280 millones de pesos, generación de entre 70 y 90 mil empleos temporales y un gasto promedio de 22 mil 500 pesos por turista; cifras positivas pero acotadas, que no alcanzan para hablar de transformación económica. El sector hotelero, que invirtió en adecuaciones y ampliaciones ante las promesas del gobierno, enfrenta ahora una realidad de ocupación insatisfecha y precios que el mercado no está dispuesto a absorber en la magnitud esperada.
La presión inflacionaria ya se refleja en los servicios que más se moverán con el Mundial. Entre enero de 2024 y abril de 2026, los servicios turísticos en paquete aumentaron 17.9%, los hoteles también siguieron la trayectoria al alza con un aumento de 18.2% y el transporte aéreo aumentó 10.0% (cabe señalar que en lo que va del año han aumentado 21.7% afectados por el conflicto energético), encareciendo el costo del viaje y reduciendo el margen para que la derrama se traduzca en mayor consumo real. A ello se suma que México recibió 47.8 millones de turistas en 2025, mientras que para el Mundial se esperan alrededor de 5.5 millones de visitantes adicionales, una cifra importante pero todavía muy por debajo del flujo anual que ya sostiene al sector.
La lección de fondo es que los grandes eventos deportivos no son políticas económicas. El Mundial tendrá efectos positivos en turismo y servicios, pero su alcance será temporal y limitado y no compensará los desequilibrios que enfrenta México en materia fiscal, inversión, seguridad y competitividad. Su valor estará más en la proyección internacional, el turismo de nicho y el uso puntual de infraestructura que en una transformación profunda del crecimiento nacional. Por eso, el balance más prudente es reconocer el beneficio, pero no exagerarlo.
Presidente de Consultores Internacionales, S.C.

