El escenario político internacional de estas semanas se muestra tan turbulento que agita con gran fuerza la estabilidad de los gobiernos, dificulta la funcionalidad de las democracias y también exhibe los excesos y carencias de líderes e instituciones del Estado. Por otro lado, el impacto que estas dinámicas tienen en la economía global hace aparecer los signos de una recesión que ya atrapa a algunos países.

En la víspera de un nuevo decenio, 2020 se moldea con una mezcla de encuentros y desencuentros, acuerdos y desacuerdos mundiales. Estamos presenciando una nueva ruptura del sistema multilateral, particularmente por los intereses y distanciamiento que hay entre las grandes potencias, además de la guerra comercial entre China y EU, el nuevo aplazamiento del Brexit y desde luego los reacomodos y cambios en los regímenes políticos en diferentes naciones. A ello se suma una creciente inconformidad social que pone en entredicho la autoridad moral y política de varios jefes de estado entre otras calamidades que recorren juntas todos los rincones del planeta.

Así las cosas, se abre paso una expectativa incierta. El Fondo Monetario Internacional y otras instituciones multilaterales ya han efectuado sus previsiones para 2020 y resumen la tendencia que viene en el corto plazo. Esta es, un menor crecimiento mundial.

El próximo año estará determinado por cuatro variables de gran peso que definirán las dinámicas de la economía, el comercio y las finanzas internacionales. Estas son, la elección presidencial en los Estados Unidos, la estrategia que asuma China en sus vínculos comerciales con EU y el mundo, la eventual consolidación del Brexit y su impacto en la Eurozona, así como las diferentes disputas geopolíticas en las diferentes regiones del mundo.

Estas dinámicas marcarán significativamente el rumbo de los proyectos y políticas económicas, las decisiones corporativas que se tendrán que asumir en la libre empresa, la dirección que tomarán los flujos de capitales e inversiones, así como las tendencias del comercio internacional.

Con todo ello, las previsiones que ha establecido el Banco Mundial para 2020 apuntan en las condiciones más optimistas a un crecimiento de 3.5% de la economía global. Con ello, EU superaría 1.5%, la zona Euro estaría en 1.4%, América Latina y el Caribe lograría 2%, mientras que Asia oriental y el Pacífico rondarán 6%. Las economías emergentes y en desarrollo podrían alcanzar poco arriba de 4%.

Frente a estas circunstancias, los diversos gobiernos en el mundo deben asumir que persistirán las disputas geopolíticas pues las pretensiones de mantener rivalidad o negociaciones para ganar y mantener ventajas en conflictos o temas clave de sus intereses deben asegurar las condiciones mínimas de seguridad y alejar en la medida de lo posible los riesgos.

Para México, estas condiciones tendrán una fuerte presión sobre las expectativas de crecimiento del Producto Interno Bruto. Según el FMI éste podría quedar apenas en 0.4% para 2019 y en 1.3% para 2020. A esto se añaden otras circunstancias preocupantes. En el ranking de competitividad del Foro Económico Mundial la posición de nuestro país se movió del sitio 46 al 48 (entre 140 naciones), mientras que en otro indicador relevante que mide el ambiente de negocios en 190 países, el Reporte Doing Business del Banco Mundial, se cayó del lugar 54 al 60.

Con estos y otros indicadores no queda duda de que el entorno económico general debe fortalecerse, por lo que debe ponerse plena atención a las directrices que se implantarán en lo inmediato.

El mejor de los escenarios dependerá del momento y fuerza con la que detone la estrategia del actual gobierno federal, fundamentalmente con la apuesta que se tiene en la inversión en los grandes proyectos de infraestructura y por otro lado en el nuevo Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC).

Otros factores que serán pilares del mejor desempeño del país como las inversiones extranjeras, las remesas, el turismo, la recaudación fiscal, el uso apropiado de los recursos públicos y las exportaciones que aunados a la dinámica macroeconómica podrán apuntalar el entorno ideal y más deseado.

El reto en estas circunstancias de contracorriente, es consolidar un mayor esfuerzo entre los actores nacionales y fortalecer todas las capacidades de nuestro país.

Académico de la Universidad del Valle de México, Campus Querétaro

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