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Canadá va a las urnas

En Canadá la permanencia del gobierno depende del “pacto de la confianza”, que implica contar con el respaldo de una masa crítica para asegurar la eficiencia del Estado
18/10/2019
02:18
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A pocos días de la elección federal en Canadá, vale la pena compartir algunas reflexiones sobre el extraordinario sistema de uno de nuestros principales socios y la sexta democracia más sólida del mundo. El 21 de octubre se elegirá a los integrantes de la Cámara de los Comunes, parte medular de un modelo parlamentario cuyas peculiaridades pocos conocen: la elección se da por mayoría simple, no se contempla la representación proporcional y las coaliciones no forman parte del ADN político canadiense: el último gobierno federal de coalición ocurrió durante la Primera Guerra Mundial.

Según cifras oficiales, 27 de los 36 millones de canadienses están registrados para votar, lo que es un dato revelador de su composición demográfica, y su vasto territorio está dividido en 338 distritos que representan igual número de escaños en la Cámara, distribuidos por densidad poblacional, particularmente en tres de las diez provincias: Ontario, Quebec y Columbia Británica. Quienes acuden a las urnas únicamente votan por el candidato o candidata que representará a su distrito en Ottawa, y el agregado de esas decisiones locales definirá quién gobernará el país.

Bajo este modelo, el partido que logre la mitad más uno (170) de los escaños integrará el gobierno y su líder asumirá como Primer Ministro. De no alcanzarse esa cifra, el Primer Ministro en funciones debe reflexionar si goza de la confianza de la Cámara para formar un gobierno de minoría —que requiere generalmente construir acuerdos con otras fuerzas políticas— o de lo contrario, si renuncia, para permitir que gobierne la oposición.

Más allá de la conformación que resulte de la jornada electoral, la instauración y permanencia del gobierno dependen de lo que ellos llaman “pacto de la confianza” que implica, en términos simples, contar con el respaldo de una masa crítica para asegurar la estabilidad y eficiencia del estado. Es un convenio no escrito, ideado para garantizar un gobierno responsable, independientemente de plataformas o corrientes políticas.

La manifestación más tangible de ese pacto en esta elección es precisamente la confianza implícita de la sociedad en la institución del gobierno, una convicción colectiva que, contrario a lo que hemos observado en otros países, deja poco espacio para la polarización y equilibra la efervescencia, lo que sin duda es un rasgo extraordinario del sistema canadiense y que resulta sorprendente si consideramos la composición tan diversa y plural del país.

A esa lógica se suma otra característica muy particular, y es que el electorado canadiense se mueve dentro de un gran centro de consenso en el que en esta ocasión convergen —con ciertos matices regionales, urbanos y rurales— cuatro temas a partir de los que, según las encuestas, definirán sus preferencias: el medio ambiente, el costo de vida, la salud y los impuestos.

Este proceso ocurre en un momento privilegiado de la relación entre México y Canadá que nos ha colocado frente a un umbral de posibilidades, el cual debemos cruzar para transformar en realidades.

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