En promedio en México se leen 3.7 libros al año, cifra inferior si se toma en cuenta que naciones como Canadá y Francia leen 17 libros anualmente, Estados Unidos 12 o en América Latina Chile con 5.3. El problema se agudiza cuando se observan las cifras de la prueba PISA donde México obtuvo 408 puntos frente a 461 que fue el promedio de los países miembros de la OCDE.

Tendríamos que preguntarnos: ¿Por qué es tan importante la lectura en una sociedad? Por dos aspectos fundamentales: el desarrollo de la imaginación y la razón. Una sociedad que lee es capaz de ser crítica frente a las calamidades de los gobiernos y es más propicia a desarrollarse económica y políticamente.

Leer construye, forzosamente, a sociedades críticas que tienen la capacidad discernir. La lectura es una de las bases de la democracia porque produce a una sociedad participativa e involucrada en la cosa pública.

La lectura, entonces, es lo que nos aleja de la ignorancia. Leemos y nos forzamos a desarrollar nuestros sentidos y actitudes. En un tiempo donde leer compite con la inmediatez de las redes sociales y el peligroso avance de la Inteligencia Artificial es fundamental impulsar políticas públicas que fomenten al libro como el principal aliado de nuestra sociedad ante la ignorancia apabullante que gana terreno, aunque vivimos el tiempo con más información no somos la sociedad mejor informada. Todos los días se construye un falso conocimiento sustentado en las fake news.

Para lograr una sociedad lectora es necesario fortalecer toda la cadena del libro. En días recientes se anunció la tasa cero a librerías, no es menor lo que se plantea, se logrará darle un respiro a los espacios donde el lector acude a comprar libros, se propicia, así, la apertura de más espacios, a medida que haya más librerías de barrio al ciudadano le surgirá la curiosidad por obtener aquel objeto.

La Secretaría de Educación Pública tendría que impulsar la lectura en las escuelas a través de la creación de un programa exitoso como los “libros verdes” de José Vasconcelos. No solo se trata de promover la lectura sino de permitir que sean libros de calidad, tanto en contenido como en presentación, los que lleguen a los nuevos lectores, por ello el fracaso de las acciones implementadas por el Fondo de Cultura Económica con libros que como objeto dejan mucho que desear, esta institución vital para el proyecto de una República Lectora necesita una renovación urgente. La cultura no puede ser vista como un espacio idiologizante sino como el lugar donde se impulsa la pluralidad de pensamiento. Dudo mucho que la SEP y el Fondo cambien el sentido en que son dirigidas, por lo tanto, la Secretaría de Cultura tendría que tomar este papel como ya lo hizo con la Tasa Cero y la compra de libros que se realizará, que de nueva cuenta esperemos sean compras que nutran de pluralidad a las bibliotecas y no sean al gusto de un solo hombre.

Impulsar la lectura en nuestro país es fortalecer la democracia y seguir cerrando las brechas de desigualdad. No se trata de regalar o malbaratar el precio del libro. Es urgente tener un programa donde el libro llegue al estudiante con una finalidad: que sea leído.

El libro es un invento del pasado que por su originalidad sigue siendo innovador. Sobrevivirá a los avatares que nos traerá la IA. Lograr una República Lectura implica modernizar y despolitizar las ideas de instituciones como la SEP o el Fondo de Cultura, estoy seguro de que la presidenta Claudia Sheinbaum, a través de Claudia Curiel, lograrán impulsar un programa que fomente la lectura en México.

Hasta aquí Monstruos y Mascaras…

TEMAS RELACIONADOS