¿Qué es la censura? Esa es la cuestión central, de la falsa discusión, que se ha dado estos días. El diccionario de la Real Academia se refiere a la acción de “aprobación que de ciertas obras hace un censor autorizado antes de hacerse públicas.”
El acto de censura implica una cancelación previa a que sea emitida la información. No hay posibilidad de dar a conocer el contenido antes un censor dictamina lo que puede y no conocerse.
La propuesta de lineamientos que ha emitido el gobierno de la Dra. Claudia Sheinbaum, no tiene esta característica. La idea central que se plantea es otorgarle a la audiencia la posibilidad de defenderse o corregir desaciertos emitidos en radio o televisión. Se tendrá que hacer, en primera instancia, el planteamiento a la televisora o radiodifusora, estos deberán de nombrar a un defensor de las audiencias que dará seguimiento a las quejas y emitirá recomendaciones. En caso de no ser atendida o se considere que los derechos no fueron restituidos se podrá acudir a la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) quien revisará el caso y podrá emitir sanciones. Pero, en todo momento se encuentra, en las manos de los medios de comunicación, actuar ante las quejas emitidas, no es la Comisión la primera instancia, este hecho les permite tener un diálogo con sus audiencias y resolver de primera mano la inconformidad. Si hubiera tintes autoritarios la CRT sería el único vehículo y se le cancelaría la posibilidad al medio de comunicación de dar su postura.
Los lineamientos que se están presentando cumplen con los que se establece en el artículo 6 constitucional: “toda persona tiene derecho al libre acceso a información pública y oportuna, así como a buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole por cualquier medio de expresión.”
Se reconoce que la audiencia tiene el derecho a manifestarse frente a lo que los medios le están mostrando. Ellos tienen, a su vez, la obligación de ser claros respecto a cuál es el sentido del contenido que están dando a conocer, es importante destacar la necesidad de tener comunicación oportuna y respetuosa que se conduzca bajo los supuestos de veracidad, pluralidad, respeto, diferenciación -entre noticias, opinión, publicidad-, protección y participación.
Quienes participan en los medios de comunicación tienen, forzosamente, la obligación de hacernos saber, a la audiencia, si lo que están transmitiendo es información u opinión, con esa simple diferenciación el público puede tener una postura clara de la que va a consumir.
Tener el derecho a la réplica es uno de los puntos que más fortalecen a la democracia. No hay verdades únicas ni los medios que son concesiones públicas, propiedad de todos, pueden ser utilizados para construir una cadena de mentiras que erosionan la vida pública del país.
Un ejemplo muy claro: un televidente prende las noticias y escucha a Javier Alatorre, no hay día que no hablé de que el gobierno de Estados Unidos viene por políticos a México, haga mención de los narcopoliticos, comente de la censura que se plantea imponer. Todos los días, quien lo escucha, se encontrará con la misma cantaleta, igual sucede con cualquier analista de los canales concesionados a Ricardo Salinas Pliego. Es válido hacer esto, así funciona la democracia. Lo importante, ahora, es que se le enmarque como opinión y de existir inconformidad la ciudadanía tenga el mecanismo para manifestarlo y exigir pluralidad en lo que se informa, con la finalidad de exigir mejor información.
No hay censura en algo que está en consulta. La respuesta de algunos medios tiene que ver con el riesgo que ven a la posibilidad de seguir desinformando y usando los medios para sembrar odio o temor entre la población. Los lineamientos abren la oportunidad de pluralizar los medios de comunicación con la finalidad de mejorar la calidad de la información y propiciar el debate público donde no solo una voz sea escuchada.
Hasta aquí Monstruos y Máscaras…
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