En memoria de Luci, mi amada ahora ausente
Fuegos. Este mayo de 2026 marca la definición de una ruta inequívoca de perdición, en la que no hay forma de llegar a lugar seguro. Asistimos a un choque de pronóstico reservado entre las narrativas de los gobiernos de Estados Unidos y de México. Y quizás por primera vez en muchos años la narrativa estadounidense de fusión del poder político y el criminal en nuestro país conecta más con las percepciones del debate interno (y externo) que con la narrativa del régimen mexicano de defensa de los políticos indiciados por la justicia del país vecino como integrantes de un cártel del crimen. Un régimen a dos fuegos: el que viene de fuera y el originado dentro por los penosos rendimientos de la gestión y la vergonzosa defensa de la connivencia de políticos y criminales, a los que López Obrador abrazó por seis años.
Encuestas. La presidenta y su régimen continúan apostando por una concepción que a simple vista se desvanece, tanto del país como del que llaman ‘pueblo’. Sheinbaum insiste en invocar a ese ‘pueblo’ que supuestamente le asigna —permanentemente, sin mayores cambios a lo largo de un año— altos niveles de aprobación en algunas encuestas. Desconozco si ésas parten de metodologías rebasadas o de muestras de entrevistados que dan mayor peso a las zonas todavía adictas al régimen, como se les suele cuestionar. U obedecen a motivaciones extraestadísticas, como también se les cuestiona. Pero hoy me inclino más por encontrar el origen de inconsistencias y cifras desproporcionadas de aprobación, en que los cuestionarios ponen el acento en las mismas preguntas de hace décadas, lo cual se explica por la precisión requerida para sustentar las series históricas comparativas. Pero en cambio sacrifican —o no le dan el énfasis requerido— a respuestas a algunas preguntas más pertinentes a las realidades actuales.
El camino. En este sentido no me sorprende el dato con el que Lorena Becerra inició con Loret el reporte de su encuesta —levantada este mes definitorio— sobre la percepción del ‘pueblo’ acerca del camino o el rumbo por el que nos lleva el régimen de López obrador y Sheinbaum. Allí sí, un 47 por ciento de los mexicanos considera equivocado el rumbo y al 46 por ciento le parece el correcto. Ciertamente, un país partido en dos por la polarización inducida por AMLO. Pero ya no un país arrollado por la permanencia —a lo largo de un año— de aprobaciones estratosférica a un régimen de narrativas, decisiones y gestiones aberrantes acumuladas en el mismo año. Los entrevistados responden a esta pregunta a manera de conclusión, después de otras respuestas que arrojan una caída de 21 por ciento en la aprobación de la presidenta y del 14 por ciento de su partido. Por su puesto, la presidenta ya impugnó estos resultados, seguida del coro oficial y oficialista en medios y redes. Pero mejor haría en enderezar el camino a la perdición de su sexenio por el que la conduce la huella de su antecesor.
Antipedagogía. Casi dos terceras de los encuestados ubican en un cártel al gobernador de Sinaloa. Pero, una suerte de antipedagogía en la narrativa oficialista aviva el punto de mayor tensión con Estados Unidos. Ante el reclamo de extradición de la primera lista de políticos del régimen indiciados allá, la presidenta decide protegerlos, hasta hoy en la impunidad, engallada con enredados ‘argumentos’ de soberanía y garantías procesales de las que despojó a los mexicanos, como lo ilustró ayer el insuperable Paco Calderón, con la ‘reforma judicial’.
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