Un régimen en problemas. Una clara evidencia de un régimen autoritario en problemas se hace patente cuando empieza a inventar o fabricar enemigos. A identificarlos, a veces en ‘listas negras’, como fórmula de ganar cohesión en torno al poder. También lo hacen para eliminar frenos y contrapesos al ejercicio absolutista del poder con la invocación de un peligro a conjurar.
Es el turno de la prensa. Algo familiar a los mexicanos de la era de AMLO. Identificado ese enemigo como causante de los males de la nación, viene contra él la guerra reputacional, la restricción de sus actividades, las intimidaciones y acciones administrativas y judiciales y la eliminación de la vida pública —o de la vida a secas— de las personas. El mismo recurso se ha usado para anular o liquidar instituciones ‘estorbosas’, como el Poder Judicial y los órganos autónomos. No hay duda, el régimen mexicano está ciertamente en problemas y va por reafirmar el perfil de sus enemigos. Y el turno es de la prensa independiente y la libre expresión como últimas trincheras de la existencia democrática del país.
De ‘lineamientos’ y ‘ejercicios’. Dos temas siguen a debate en el campo de la comunicación: Por un lado, los ‘lineamientos’ a consulta a que deben ajustarse la radio y la tele, medios que en el lenguaje oficial aparecen como peligros para las audiencias del pueblo, mientras la autoridad se erige en protectora de sus derechos, frente al enemigo mediático. Por otro lado, un pretencioso ‘ejercicio’ supuestamente neutral que identifica otro enemigo: las redes sociodigitales. De hecho, aquí el discurso oficial las ubica envueltas en una conspiración contra el régimen, fondeada por quién sabe quién, a partir de una primera “capa” del complot compuesta precisamente por un grupo de medios y periodistas críticos del régimen.
Enemigos. En efecto, en los estándares de los censores de la información en los regímenes autoritarios, los enemigos a intimidar, neutralizar e incluso reprimir están en los espacios de mayor audiencia y participación, en efecto, radio, tele y redes. Mayor indulgencia reciben quienes se expresan en medios impresos: periódicos, revistas y libros. Por eso el enemigo elegido en sus lineamientos por la presidenta Sheinbaum está en la radio y la tele. Pero también en redes digitales conectadas con los contendidos de periodistas, lo mismo de medios impresos que de audiovisuales, todos envueltos en un esquema conspirativo contra el régimen.
Desgaste narrativo. Sí. el régimen está en problemas, Pero quizás el problema mayor para una dictadura de opinión, como la que empezó a construir aquí López Obrador, está en el deterioro de su capacidad de comunicar y de mantener la aprobación de una mayoría real, no la espuria prefabricada para el control del Congreso. Y no hay duda de que la mala gestión de gobierno ya ha repercutido en pérdida de consensos, en retrocesos (no admitidos) en aprobación y, particularmente, en un desgaste de la narrativa oficial al grado de ver convertirse sus mensajes clave (defensa de soberanía, injerencismo, éxitos en economía, combate al crimen) en memes y parodias tertulianas.
Contención. A estos fenómenos se une el rechazo extendido a la iniciativa de lineamiento
s y a la teoría conspirativa de las redes, como síntomas de un renacido poder de contención de la sociedad contra el avance autoritario. Mientras el rechazo social a la impunidad del hijo de López Obrador toma vuelo como señal de rechazo al peso del padre en el actual gobierno.
Académico de la UNAM. @JoseCarreno
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