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Gobierno y empresarios: diferencias de fondo

Jesús Reyes Heroles G. G.

Cuando con frecuencia se escucha “tenemos los mismos objetivos, pero discrepancias acerca de cómo alcanzarlos” se corre el riesgo de pensar que las diferencias entre las visiones de la 4T y de otros mexicanos no son tan profundas y son zanjables. Pues no es así.

A esa conclusión se llega sólo a partir de agrupar los objetivos en un conjunto reducido, por considerarlos de una temática o jerarquía diferente. Se oye “coincidimos en más crecimiento económico, menor pobreza y menor desigualdad”, sin considerar “por lo pronto” el respeto a la ley, el valor de la verdad en la política, y la libertad de los ciudadanos para participar en múltiples actividades.

Coincidimos en buscar mejor educación, salud para todos, y mejor nutrición, sin considerar “por mientras” que los mexicanos puedan poner más escuelas y hospitales. Coincidimos en la necesidad de contar con energía suficiente y competitiva, pero “por lo pronto” no se aceptará la participación de particulares en su producción y distribución.

Coincidimos en preservar un ambiente limpio, pero “por lo pronto” generaremos electricidad con combustóleo y carbón, para proteger a la CFE, aún a costa de los pulmones de los niños.

Esa esquizofrenia sin fin ha ido acumulando de manera interrumpida tensiones en la sociedad, que ahora se desbordan. Un elemento común subyace este intercambio absurdo: la creencia de la 4T de que corresponde al gobierno definir qué se permite hacer a los particulares, y no al revés, pues es prerrogativa de los particulares determinar qué hace y qué no el gobierno.

La avalancha informativa sobre asuntos públicos que emana todas las mañanas, un tutti frutti de temas de muy diversa importancia y jerarquía, ha logrado confundir y desplazar (relegar) problemáticas de mayor relevancia, acerca de las cuales sí hay discrepancias de fondo entra la 4T y millones de ciudadanos, que se harían evidentes si se explican y debaten con claridad.

Las diferencias sobre los cómos tienen implicaciones muy profundas y trascendentes. Una esencial consiste en la actuación frente a la ley. Si para alcanzar un objetivo se plantea violar la ley, aflora entonces una discrepancia de primer orden. Aún si el “objetivo” fuera loable, sus méritos palidecen frente a la amenaza de ilegalidad.

En esta escaramuza sobre los qué y los cómo, la 4T se escuda tras el argumento de que toca al gobierno llevar a cabo programas sociales e inversiones, sin justificar por qué.

Otra barrera infranqueable es en referencia al empleo. Coincidimos en que se requiere más empleo, pero diferimos porque para la 4T, éste se da por decreto y no por la creación de las condiciones que lo hagan viable. El gobierno insiste en mantener e introducir más rigideces en el mundo laboral, como aumentar el costo real del trabajo haciendo que los patrones incrementen su cuota a la seguridad social, de 5.15% del salario a 13.87%.

Esa posición constituye una diferencia de fondo. El gobierno populista y autocrático de AMLO piensa que la “defensa del Estado” lo purifica de toda culpa por violar la ley y dañar a la ciudadanía. Esa discrepancia de primer orden está presente en todos los encuentros en Palacio Nacional.

Queda claro que se vale diferir, pero que los mecanismos para plantear discrepancias no están funcionando. No corresponde a los empresarios cargar con toda la responsabilidad de dialogar con la 4T, pues no es su oficio y muchos son vulnerables. Están ausentes partidos políticos y organizaciones de la sociedad civil. El esquema actual se agotó.

Presidente de GEA Grupo de Economistas y Asociados / StructurA

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